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Cuentos chinos… de ciencia ficción

Cuentos chinos… de ciencia ficción

¿De qué hablamos cuando hablamos de ciencia ficción? Pervive todavía una corriente de no pensamiento que se resiste a considerar el género como literatura “seria”. Desconsuela un poco que ese argumento lo esgrima gente a la que se le presupone una apertura de mente acorde con la curiosidad inherente a toda conducta inteligente. Me estoy refiriendo a profesores, críticos culturales e intelectuales de tertulia televisiva: es decir lo que viene siendo la intelligentsia de este país de un tiempo a esta parte. Hoy las cosas están cambiando, pero aún quedan tipos rancios con demasiada influencia que siguen dando la matraca con eso de que la ciencia ficción es una narrativa deshumanizada. Este preámbulo viene a propósito para introducir dos libros llenos de humanidad. Porque el prodigio, el artificio fantástico, la imaginación anticipatoria son cualidades tan humanas como el goce sensual de degustar una magdalena empapada en el café. Además Borges dejó sentenciado que toda literatura es fantástica, y, si lo dijo él, es que es verdad.

Otra característica marca la diferencia entre estos relatos y otros del mismo género, y es que están escritos por autores chinos. Aunque si necesitan unas pautas diferenciadoras, yo no voy a poder satisfacerlas, ya que a mí me parecen historias compuestas por personas con la misma sensibilidad y las mismas inquietudes de un narrador occidental. Existe, sí, una aportación cultural y una iconografía que a nosotros nos puede parecer exótica, pero si invertimos la mirada y ponemos a un lector chino ante una obra de Lovecraft, por ejemplo, la extrañeza ante las referencias culturales será similar.

"Los textos escogidos son todos ejemplares de dicha función. Que utilicen la maravilla en vez de…, yo qué sé, la incertidumbre unamuniana, por ejemplo, es lo de menos."

El primer libro del que hablaremos es Planetas invisibles, un volumen que reúne a los más destacados creadores chinos de ciencia ficción de la actualidad, avalados varios de ellos por haber ganado los premios más prestigiosos del ramo, tanto en su país como fuera de él. Siete nombres seleccionados por Ken Liu que demuestran que la ciencia ficción puede ser muy humana, además de humanística, pues una de las funciones de la literatura es la de comprender el mundo y buscar el lugar del hombre en ese mundo. Los textos escogidos son todos ejemplares de dicha función. Que utilicen la maravilla en vez de… yo qué sé, la incertidumbre unamuniana, por ejemplo, es lo de menos.

Siete nombres, pues, de los que cuatro son de mujer. Una de ellas, Xia Jia, firma tres de los cuentos más sugestivos de la antología. Tres cuentos, además, totalmente distintos en cuanto a su tipología. Así, “Cientos de fantasmas desfilan esta noche” y “El paseo nocturno del dragón equino”, configuran sendas fábulas al estilo de Neil Gaiman en las que los fantasmas del título no son tales y un dragón mecánico despierta en un mundo devastado y sin vida. La otra historia, “El verano de Tongtong”, alude al mundo de los ancianos dependientes en un futuro cyberpunk.

Hao Jingfang, otra de las mujeres, propone un relato sobre la superpoblación y una fantástica solución basada en la segregación económica. Cuando el Pekín opulento duerme pacíficamente, replegado como un mecano desarmado, se despliega el Pekín trabajador, el que procesa la basura y desarrolla la actividad fabril. Pero incluso en ese entorno tan rígidamente diferenciado, también hay lugar para los basureros altruistas capaces de arriesgar la vida en un viaje entre niveles para asegurar el porvenir de una niña.

Otros autores como Chen Qiufan nos aleccionan sobre un futuro de manipulación mental en relatos como “El año de la rata”, “El pez de Lijiáng” y “La flor de Shazui”, mientras que Ma Boyong espeluzna con su deambular por “La ciudad del silencio”, una distopía más oscura que la del Gran Hermano de Orwell, ya que el nivel de aberración social no es ya la censura sino la autocensura.

"Pero Ken Liu, compilador de Planetas invisibles, tiene su propio libro de relatos titulado con la historia más bella y triste de ambas recopilaciones, El zoo de papel "

Liu Cixin, decano de la narrativa de anticipación china y autor de la ya famosa trilogía de Los Tres Cuerpos, que se está publicando con gran éxito en España, cierra la antología con dos broches de oro. En el primero asistimos a la creación de un ordenador con el hardware a base de seres humanos. El otro es un relato entre humorístico y crítico sobre la tercera edad. Cixin plantea en “Cuidando a Dios” la hipótesis de cómo actuaría la humanidad si un día llegasen a la Tierra millones de viejecitos indefensos de las estrellas demostrando que son nuestros creadores…

Pero Ken Liu, compilador de Planetas invisibles, tiene su propio libro de relatos titulado con la historia más bella y triste de ambas recopilaciones. El zoo de papel se desarrolla en solo 18 páginas y cuenta la difícil relación de una madre china con su hijo, fruto del matrimonio con un norteamericano. El elemento fantástico es casi intrascencente: la madre le fabricaba unos animalitos de origami a su pequeño, a los que insuflaba vida con su aliento. Animales de papel que cobran vida… Algunos dirán que eso no es nada intrascendente. Lean el cuento y luego hablamos porque lo verdaderamente importante es el efecto final. Si al lector no le cosquillea el lagrimal y no corre a dar un beso a su madre no habrá entendido nada.

"La paleta de colores de Ken Liu es muy variada y en la magnífica recopilación no falta la visión optimista sobre la evolución de la humanidad en el viaje interestelar."

Ken Liu, nacido en China pero radicado en EEUU desde los cinco años, nos propone otros 14 fogonazos de emoción, aventuras y reflexión, mucha reflexión. Siempre preocupado por las cuestiones sociales y políticas y por las consecuencias que generan, Liu no ceja en su empeño de denunciar monstruosidades como las cometidas por el Escuadrón 731, una sección del ejército imperial japonés que comenzó a operar durante la Segunda Guerra Chino-japonesa y continuó sus actividades a lo largo de la Segunda Guerra Mundial. Bajo la fachada de un complejo para purificar el agua se puso en marcha un programa de experimentación con seres humanos que incluía disecciones en vivo y toda una gama de abyectos ensayos tendentes a desarrollar armas biológicas. Las protervas labores del Escuadrón 731 fueron similares a las de los campos de exterminio nazis. Como muchos de los criminales de guerra alemanes, los nipones también esquivaron la acción de la justicia, porque McArthur concedió la inmunidad a los principales responsables a cambio de los resultados obtenidos en sus diabólicas investigaciones. Ken Liu imagina un descubrimiento en el campo de la física cuántica para viajar al pasado y observar los horrores del Escuadrón 731 y hacer justicia con las víctimas, más olvidadas que las del Holocausto judío. La conclusión es amarga. Liu vaticina demasiados intereses políticos para que la verdad no salga a la luz. Amargura y desconfianza en el hombre corrompido por el poder destila esta novela corta titulada El hombre que puso fin a la Historia: documental. El mismo regusto de desesperanza dejan “El literomante”, donde una niña pierde la inocencia a golpe de contraespionaje, y la leve ucronía “Breve historia del túnel transoceánico”.

La paleta de colores de Ken Liu es muy variada y en la magnífica recopilación no faltan ni la visión optimista sobre la evolución de la humanidad en el viaje interestelar de “Las olas”, ni la fugacidad de la condición del héroe de “Mono no aware ”, ni las hazañas del dios chino de la guerra en el Oeste americano narradas en “Todos los sabores” o la fantasía steampunk de “Buena caza”, entre otras piezas memorables.

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Autor: Varios Autores. Título: Planetas invisibles. Editorial: Alianza Editorial. Colección Runas. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

Autor: Ken Liu. Título: El zoo de papel. Editorial: Alianza Editorial. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro