Algunos de los instrumentos de los que se ha valido Dios han sido tan elocuentes como una lluvia de fuego, y algunas de las coacciones tan determinantes como matar a tu hijo. Hay que destruir Sodoma con toda la furia y hay que demostrar amor con un sacrificio que supone derramar mucha sangre amada. Más tarde este Dios se corregiría y diría aquello de “bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la Tierra”. Estamos muy lejos de que los mansos hereden la Tierra, pero no cabe rendirse, no cabe dejar de ser buena persona. El problema surge cuando se confunde la bondad con el cilicio. Esa confusión requiere una dosis de locura, y de eso trata esta novela, Dulcenombre, con la que Marina Arrabal (1988) nos recuerda que hay causas ocultas y que para sanarlas conviene sacarlas a la luz.
Para ayudar a la muchacha, alguien le propone un psicoanálisis en diferido: grabará en unas cintas unas memorias, saltando de tiempo a tiempo, construyendo lo que para nosotros es lo más significativo de la memoria y lo que ella desearía que fuera una hagiografía, un tratado sobre la vida de un santo. A lo que asistimos es a un ejercicio, por parte de la autora, en el que se nos intenta explicar cómo se construye una mentalidad beata, pero con un tipo de beatitud de otra época. Estamos frente a una autora muy preocupada por la salud mental, que utiliza la literatura para añadir un contundente punto de vista que parte de una pregunta bastante pertinente: ¿qué es el misticismo, en qué consiste cuando es una meta, un logro, un horizonte buscado? A lo que lleva esta pretensión es a creer a pies juntillas en una farsa. Algo que, de una u otra manera, todos estamos ejerciendo. Lo que nos distingue es el grado, que en este caso es lo bastante preocupante como para que la protagonista tenga que ser internada.
Marina Arrabal nos habla de esta mujer con un lenguaje sencillo, pero nada burocrático, porque sí nos empuja a entrar al texto, a seguir la lectura con interés. Crea una estructura en dos etapas temporales, el presente y las narraciones que contienen las cintas. Esas dos voces no se superponen, porque saltamos de una a otra con facilidad, sin interrumpir la continuidad del relato. Dulcenombre es una novela que obedece a una causa, la de la soledad y la locura, a la que merece la pena prestar atención, tal vez mucha atención. Y es posible que sea el detonante de un proyecto literario que merecerá la pena seguir.
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Autora: Marina Arrabal. Título: Dulcenombre. Editorial: Blackie Books. Venta: Todos tus libros.


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