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El brindis de una lágrima

Entre 1999 y 2005, el brillante actor, autor y director de cine y teatro, el polifacético escritor Fernando Fernán Gómez, publicó un centenar de artículos periodísticos recogidos ahora en el libro Variedades. Le dejó encargada la edición, el prólogo y el título a su amigo, el gran poeta Manuel Ruiz Amezcua. Precisamente, en uno de sus artículos allí contenidos reseñó el poemario Contra vosotros, destacando con admiración la singular cosmovisión lírica y la condición de poeta verdadero de Ruiz Amezcua. Ahora bien, por causas referidas en el prefacio, esta obra nos llega mucho más tarde de lo previsto. Sirva el retraso, pues dichosa y oportuna es la llegada. A quien la aceptó, que los lectores le bendigan con su acogida y posteriores reediciones, para las que sugiero que la editorial incorpore, además de las procedentes correcciones, un índice de nombres, películas, obras de teatro, novelas y ensayos citados en este estupendo libro.

"A esta labor crítica se entregó en sus textos, sin nostalgia de pasado ni de futuro, y sin rendirse al presente. Son variedades ofrecidas por un tertuliano que hace sentir su voz inconfundible con un tono antifonal, presentando así los problemas tocantes a la savia (amarga y dulce) de lo humano"

Certero es el rótulo Variedades, por denotar el mundo del espectáculo y abordar temas muy diversos con el despliegue de un lúcido pensamiento narrativo. Afloran desde el sentido común forjado en el universo del cine y del teatro, que es como el “mundo de la vida” del autor: un telón de fondo donde los principios del oficio, vividos en amistosa libertad, son potentes turbinas generando reflexiones éticas sobre la vida en general. Fernán Gómez, desde sus coordenadas, va dando sentido (¡y sinsentido!) a otro tiempo, el nuestro que fue y es, al que el autor ya percibía como ajeno, pero que no evitó pensar críticamente con sus “juegos de palabras”. Pero siempre con mirada inteligente, que diría Cayetana Guillén Cuervo.

A esta labor crítica se entregó en sus textos, sin nostalgia de pasado ni de futuro, y sin rendirse al presente. Son variedades ofrecidas por un tertuliano que hace sentir su voz inconfundible con un tono antifonal, presentando así los problemas tocantes a la savia (amarga y dulce) de lo humano. Un actor escribiendo con excepcional naturalidad, consciente de que tan necesario es “moderar el vuelo de la imaginación” como atender al uso, abuso y desuso de las palabras; de ahí su reiterada “navegación por los diccionarios”. Fernán Gómez gusta de escribir como habla y como un hablar que piensa: “El trabajo de pensamiento más elevado —dice— solo es posible con la mediación de las palabras”, al igual que lo es el juego con apariencia de pura acción. De su pensamiento y hablar, hace unos años, escribió Carlos Boyero algo con lo que concuerda el magistral prólogo de Ruiz Amezcua: “Fernando habla y desmonta las grandes verdades, los tópicos sacralizados, lo institucionalizado, lo académico, lo intocable. Este iconoclasta habla de casi todo…, y lo hace con sentido del humor, originalidad, provocación, talento, mala leche, independencia, sentido crítico, ironía, complejidad, inconveniencia, irreverencia, lógica, desmitificación y conocimiento. Así se expresa este hombre extraordinario, genuino y libre”. Que valga así.

"Prudencia escéptica, sabiduría estoica y una honesta actitud epicúrea caracterizan su libertaria personalidad intelectual"

Resultará, pues, que aparentes “divagaciones” o “digresiones” propias de “cómico” conforman reflexiones culturales, sociales o políticas sobre múltiples materias: tradición literaria española y europeización; renovación cinematográfica; influencias exteriores y globalización; evolución lingüística; humor; crítica cultural, éxitos y fracasos; competitividad; edades de la vida; suerte moral y tiempo; roles sociales; personalidad; tertulias y buena educación; opresión, pobreza y trabajo; urbanismo adaptativo; amistad; cosa pública (ley, violencia, corrupción); principios políticos (libertad, igualdad, pluralismo) y sistemas de organización (liberalismo, anarquismo, comunismo y socialdemocracia). Empero, no conviene equivocarse con Fernán Gómez: no es un militante y con él no cabe la impostura, advierten Fernando Trueba y José Sacristán. Por eso, aun gozando de reconocimiento público y del público, institucional y personal, hay a quienes sus palabras molestan demasiado. Les irrita que hable de lo fundamental y que despierte mentes contra el interés de sacar tajada por adormecerlas. Sus ideas y su sentir acerca de la amistad, sus expresiones de admiración y gratitud, el verdadero compañerismo, sin adulaciones ni malas envidias, son percibidos de forma hostil por quienes carecen de otro fin que la ganancia propia.

Don Fernando reconstruye su “mundo de la vida”, con estilo del mejor casticismo ilustrado, como lo haría un artista artesano de la amistad de vida. Prudencia escéptica, sabiduría estoica y una honesta actitud epicúrea caracterizan su libertaria personalidad intelectual. Ese estilo suyo, de narrador que piensa, comunica y enseña, evoca aquel ademán con el que Unamuno daba la cara —¡y la espalda!— a asuntos de sociedad y cultura en las misivas periodísticas donde escribía también de teatro, cine, bellas artes, política y las letras. Análogo trasfondo humano, semejante comprensión de la rectitud e igual voluntad de veracidad y bonhomía. Un ejercicio valiente al juzgar sobre un tiempo en el que se está, pero en el que se va dejando de vivir, apoyado en la incertidumbre opuesta al dogmatismo de quien oprime y de quien satisfecho obedece sin ideas. Ejercicio del pensamiento con juegos de lenguaje crítico frente al antiguo absolutismo del Todo, pero también contra el dogma del relativismo actual que transforma cada parte en absoluta totalidad.

" Tal vez no somos tan originales, sino que chapoteamos en el vacío de las novedades; como si la idiocia saliese a bailar disfrazada de genialidad"

Según Fernán Gómez, si bien “todo se puede poner en cuarentena”, no se debe eludir la responsabilidad de elegir. El deber de la libertad libertina —del ideal libertario— exige  “librarse del imperio de alguien”, de cualquier mandarín que ejerza de controlador o inductor del gusto cultural, incluso más, de la facultad del juicio. Y es que Fernán Gómez escribe con lengua abierta a lo universal; su línea de escritura no es una línea cerrada, sino un complejo trazo de pliegues en las entrañas humanas. Por eso, lo escrito en Variedades representa una “intrahistoria” a través del cine y del teatro: la vida de la persona, del personaje, del ciudadano Fernán Gómez y del paisanaje de sus obras reflejan lo social en evolución, como cambio y comedia. Al “gran modificador” y “supremo dictador” que es el tiempo, pretende encauzarlo con un género cultural y vital que “hace presente el pasado”, sin tradicionalismos, con palabras y pensamientos antónimos del manicomio de la Historia. Ese género unificador tiene sus propias máximas: “sin ética no se puede vivir en libertad”, como tampoco se pueden acabar los días —de la vida de uno— ignorando el sentido de que “yo no soy mi cuerpo”.

Bienvenido sea este oportuno libro de Fernando Fernán Gómez, publicado gracias a la determinación de Manuel Ruiz Amezcua. Un libro para pensar la nueva lógica del dominio, que se extiende con las fungibles modas de nuestro tiempo sobre una laberíntica red de pasajes: allí donde lo nuevo (¿“imprevisto”?) es moneda de cambio en el tejemaneje de las efímeras efemérides. Tal vez no somos tan originales, sino que chapoteamos en el vacío de las novedades; como si la idiocia saliese a bailar disfrazada de genialidad. Tal vez por esto Fernán Gómez tuvo nuestro tiempo por “petulante”, el de los “inventos a medio inventar”, el tiempo de lo “diluido”, incluso del tiempo diluido en sí mismo. ¿Acaso, a día de hoy, no sufrimos variedades que lo confirman?

Como para “brindar con una lágrima”.

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Autor: Fernando Fernán Gómez. Edición y prólogo: Manuel Ruiz Amezcua. Título: Variedades. Editorial: Huerga & Fierro. Venta: Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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