Esta novela explora la fragilidad humana a través de Diego Armando Maradona. Un joven futbolista, elegido por su parecido con el campeón argentino, acepta convertirse en su doble y habitar una vida que no le pertenece. Pero lo que parecía una oportunidad se transforma en una experiencia perturbadora.
En este making of Gianfranco Pecchinenda explica cómo escribió Un tal Maradona (Carola Mía).
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Cuando me preguntan por el origen de Un tal Maradona suelo responder que nace de un cruce entre biografía y literatura, entre una experiencia personal y una sugestión que, con el tiempo, terminó convirtiéndose en una verdadera necesidad narrativa. Porque Diego Armando Maradona fue —y sigue siendo— mucho más que un futbolista: es una figura inscrita en el imaginario colectivo global, un mito capaz de atravesar el deporte para instalarse también en nuestra historia cultural y social.
De ahí surge la pregunta que da origen a la novela: ¿qué ocurriría si ese deseo dejara de ser imaginario y se convirtiera en realidad? Pero el verdadero punto de inflexión en la construcción de esta historia llegó cuando, casi por azar, escuché una célebre entrevista a Maradona en la que él admitía su adicción a la cocaína, añadiendo que había llegado a ser el mejor futbolista del mundo no gracias a su vida disipada, sino a pesar de ella. Aquella afirmación encerraba una contradicción poderosa: el mito del héroe frente a la vulnerabilidad del ser humano. Y fue precisamente en ese territorio de tensión donde quise situar la novela.
A partir de esa sugestión imaginé la historia de un joven argentino común, contratado por su asombroso parecido físico para convertirse en el Doble de Maradona. No en el campo de juego —donde nadie podría sustituirlo—, sino en la vida cotidiana: en fiestas, hoteles, espacios privados, zonas invisibles donde el héroe deportivo no puede permitir exponerse y dejar a la vista sus humanas fragilidades: la droga, el alcohol, los trasnochos, las infidelidades.
Lo que comienza como un sueño — la riqueza, el éxito, el poder que otorga el reconocimiento y el acceso a una vida extraordinaria— se transforma progresivamente en una experiencia inquietante. Porque encarnar al Otro implica también renunciar a uno mismo. La máscara, poco a poco, deja de ser un disfraz para convertirse en una forma de desaparición.
El protagonista queda así atrapado en una tensión cada vez más profunda entre su identidad y aquella que debe representar. Y en esa tensión emergen los rasgos más complejos que hacen que el mismo Maradona pueda confundirse con cualquier otro individuo: el exceso, la fragilidad, la soledad, el conflicto con el cuerpo y el paso del tiempo.
Quise situar mi novela precisamente en ese territorio contradictorio que atraviesa la identidad de todo ser humano: aquel en el que el cuerpo no logra sostener la potencia de una imaginación que se hace realidad, conduciendo a la locura. A partir de esta pérdida del llamado “sentido de la realidad”, se desarrolla en la narración un intenso diálogo con un psiquiatra, que de algún modo representa el instrumento metafórico de normalización identitaria del que toda sociedad se dota para mantener bajo control el poder devastador y peligroso de la imaginación.
Un tal Maradona quiere ser, en última instancia, una reflexión sobre el doble y la identidad, pero también sobre el deseo, el tiempo y el sentido de nuestras existencias. En ese límite incierto entre lo real y lo posible, es un intento de explorar el impulso de querer ser otros, y el vértigo que comienza cuando ese deseo deja de ser una simple fantasía.
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Autor: Gianfranco Pecchinenda. Título: Un tal Maradona. Editorial: Carola Mía.


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