En los bosques de la rabia, la nouvelle de Óscar Sotillos que acaba de publicar la editorial Carpe Noctem narrativa, es una invitación a entrar en un terremoto emocional. Al autor le basta con dejar a dos hombres en un territorio áspero para que las heridas de sus vidas no resueltas afloren.
En menos de cien páginas, la historia plantea cómo la masculinidad puede convertirse en un espacio hostil cuando no encuentra el lenguaje para expresar vulnerabilidad.
“No vuelvas a dirigirme la palabra”. Así arranca la historia. Pero hay palabras cruzadas y golpes, peleas y dolor. Y, sobre todo, un dolor que los personajes no saben nombrar. El conflicto, como en un western, nace de lo que se acumula en el silencio. Sin embargo, En los bosques de la rabia no va de buenos y malos, sino de hombres que se expresan con torpeza, que no se entienden a sí mismos y que no pueden empatizar con el otro. Óscar Sotillos maneja esta tensión desde el inicio de la obra con una economía narrativa propia del género: dos protagonistas, una hija, dos mujeres, un psicólogo, el pueblo, un bosque que observa el duelo y la presencia del oso asociada a lo que puede estallar cuando se siente amenazado.
La estructura de la novela parte de una cita de José García Obrero: “No te esfuerces: al bosque no le importas”. La historia, en conflicto constante hasta el final, intercala textos del reportaje sobre el oso pardo cantábrico que redacta uno de los protagonistas de la propia novela, Víctor Luna. Estos fragmentos producen un efecto de inmersión en la trama que llenan de contexto los diálogos entre los personajes y la voz del narrador, breve, incisiva. Digamos que la nouvelle es directa, afilada, contenida. Nada sobra. Este estilo narrativo particular se sitúa en la misma dirección que los comportamientos de los protagonistas, lo que otorga una visión armónica en la construcción de la obra.
El relato nos empuja al diálogo porque plantea interrogantes que resuenan más allá de la lectura: ¿de dónde nace la violencia?, ¿es el instinto lo que emerge cuando la razón se agrieta?, ¿cómo nos influyen los comportamientos aprendidos?, ¿no hay siempre un eco en el silencio?
“La fascinación y repulsión que mantenemos con los animales devoradores de hombres responde a que nos recuerdan un aspecto de nuestra condición humana que hemos olvidado o, mejor dicho, que hemos ocultado mediante el control de los depredadores: el hecho de que nosotros también somos carne”.
Me parece que hay una dimensión junguiana en esta historia. Lo que reprimimos no desaparece; más bien espera a ser liberado y, cuando regresa, lo hace con más fuerza. La verdadera amenaza no siempre viene de fuera, sino de ese territorio íntimo donde habitan nuestras propias fieras:
“El oso continúa en posición vertical unos segundos y por fin se deja caer sobre sus cuatro patas”.
“¿Y ahora qué?”
El eco sigue ahí.
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Autor: Óscar Sotillos. Título: En los bosques de la rabia. Editorial: Carpe Noctem. Venta: Todos tus libros.


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