Inicio > Actualidad > Noticias > «El gran Gatsby», más grande que nunca

«El gran Gatsby», más grande que nunca

«El gran Gatsby», más grande que nunca

En 1925 se publicaba en Nueva York El gran Gatsby, obra entonces incomprendida y que ahora se considera una de las grandes novelas del siglo XX, un clásico que ha sido reinterpretado por el cine, el teatro, el cómic y hasta el ballet y la ópera, como si Gatsby fuera más grande que nunca, como sugiere su primera edición crítica en español, publicada por Cátedra.

Con traducción de María Luisa Venegas, esta edición ha corrido a cargo del profesor de la Universidad de Sevilla Juan Ignacio Guijarro, quien ha dicho a Efe que se trata de «una obra maestra por diversos motivos, entre ellos por su prosa lírica y elegante, por sus símbolos e imágenes de enorme capacidad evocadora y por los temas que aborda: los anhelos personales, los sueños no cumplidos, el retrato social…». «No ha perdido vigencia alguna casi un siglo después de que se publicara; seguramente el mayor acierto de Fitzgerald en su mejor obra fue crear un personaje sumamente ambiguo y complejo, rodeado de un aura de misterio», ha señalado Guijarro, para añadir sobre el personaje: «Ejemplifica muchos de los valores y las contradicciones sobre los que se sustenta una nación tan singular como Estados Unidos. Pese a ser un criminal, Gatsby es a la vez un soñador solitario de clara estirpe romántica, una corriente literaria que Fitzgerald admiraba enormemente. Keats era su autor predilecto, y mientras escribía esta novela leyó con fruición a los románticos ingleses, lo que dejó una profunda huella en la novela». Sin embargo, en 1925 la recepción crítica que tuvo la obra «fue tibia», y Fitzgerald «siempre afirmó que nadie había entendido la que consideraba su mejor novela», lo que Guijarro ha atribuido a que con Gatsby el novelista «se adentró en la senda renovadora del Modernismo, muy influido por maestros como Henry James, Joyce, Eliot y Conrad, y ese cambio de rumbo no fue bien entendido en su momento ni por la crítica ni por los lectores».

Guijarro ha destacado lo que la novela le debe a Europa: «Probablemente sería una muy distinta si Fitzgerald no la hubiera escrito durante su prolongada estancia en Europa, sobre todo en Francia; la distancia le permitió reflexionar con mayor perspectiva sobre la sociedad estadounidense de los años veinte, cuyos valores llegó a encarnar junto a su esposa, Zelda». Esa distancia también favoreció «su visión sobre conceptos esenciales de la historia de su país, como el mito del «sueño americano», que él cuestiona tanto en esta novela como en algunos relatos de esos años».

A la pregunta de por qué Fitzgerald no brilló como Hemingway y Faulkner, Guijarro ha señalado que eso ha ocurrido «sobre todo en España, donde sus dos coetáneos han gozado de mucha mayor fortuna, pero ya no es el caso; hay que tener en cuenta que la carrera de Fitzgerald se vio truncada de forma prematura con su muerte en Hollywood con tan sólo 44 años, mientras que Hemingway y Faulkner disfrutaron de una trayectoria mucho más longeva, que en ambos casos se vio además refrendada con el premio Nobel, lo que explica su enorme prestigio e influencia». «En cualquier caso, en sólo veinte años de carrera literaria Fitzgerald publicó novelas, relatos y ensayos que son de lo mejor de las letras estadounidenses del siglo XX», ha concluido.

Sobre el consejo con el que arranca la novela —»cuando te apetezca criticar a alguien, recuerda que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades que tú»—, Guijarro ha dicho que «resulta relevante hoy día y en cualquier otro contexto histórico, lo que de nuevo incide en el carácter atemporal que, según Italo Calvino, distingue a las grandes obras clásicas».

4.3/5 (9 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)