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El hallazgo de un tesoro

El hallazgo de un tesoro

 El autor de este artículo, editor de Ediciones del Viento, reflexiona para Zenda sobre el descubrimiento del escritor Tom Buk-Swienty, un auténtico hallazgo literario cuyo libro ha tenido una gran acogida en nuestro país, tanto por libreros como por los lectores.

Llegué al escritor danés Tom Buk-Swienty a través de la traductora Blanca Ortiz Ostalé, que hace cuatro años, en una feria del Retiro, se acercó a mi caseta para hablarme del padre de Karen Blixen. Y yo, que soy un apasionado lector de Memorias de África, presté oído atento a su conversación. Había una biografía de un periodista e historiador danés sobre Wilhelm Dinesen, que en el siglo XIX había participado en dos guerras contra Prusia —una con los franceses y otra con su propio país—, había vivido en las praderas de Wisconsin con los indios chippawa, había tenido numerosas amantes y se había suicidado en un hotel de Copenhague.

Cuando me puse en contacto con el autor de aquella obra, acababa de publicar un nuevo libro, Tommy y Tanne, sobre dos de los hijos de este personaje: Thomas, héroe de la Gran Guerra, y mi admirada Karen. Rápidamente llegamos a un acuerdo y unos meses más tarde Ediciones del Viento lo publicaba en español en una flamante traducción de Rodrigo Crespo.

"Lo que Buk-Swienty recibió fueron casi cinco mil folios y centenares de acuarelas de lo que constituía una colosal narración de las memorias de Hans Horn"

Poco después, la agente literaria de Tom en Copenhague, Monica Gram, me contó una cosa extraordinaria. En 2013 nuestro autor había recibido un misterioso correo de un médico y profesor jubilado, que humildemente solicitaba autorización para enviarle un manuscrito de su padre, también médico, fallecido en 1989. Lo que Buk-Swienty recibió fueron casi cinco mil folios y centenares de acuarelas de lo que constituía una colosal narración de las memorias de Hans Horn, nacido en 1921 en Kiel (Alemania), un joven con talento musical que, junto a su violonchelo, se vio alistado como soldado músico en el ejército nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Entre aquellos papeles había una foto escolar de toda la clase, veintisiete niños con su profesor de gimnasia. Todos tienen quince o dieciséis años. Solo han sobrevivido seis a la Segunda Guerra Mundial.

Tom Buk-Swienty se metió a la faena y el resultado es un libro asombroso en que va contando, junto a la historia de la ascensión al poder del partido nazi y la posterior invasión de Europa, la peripecia personal de un chiquillo cuya pasión era la música y que, sin saber bien por qué, se ve envuelto junto al resto del pueblo alemán en una pesadilla.

"El libro ha sido tan bien acogido por los libreros que nos hemos quedado sin ejemplares"

El libro se publicó hace dos años en Dinamarca y alcanzó de inmediato un gran éxito de ventas. Es cierto que por aquellas latitudes la guerra se vivió de manera mucho más cercana y que el protagonista y su familia, desde 1961, se habían nacionalizado en aquel país, pero semejante obra sin duda iba a interesar también a los lectores españoles. Y así fue. Escribo esto apenas unas semanas después de su distribución en librerías, y han aparecido ya media docena de reseñas entusiastas en medios importantes. El libro ha sido tan bien acogido por los libreros que nos hemos quedado sin ejemplares.

Y bien, ¿qué se puede contar aquí de lo que el lector va a encontrar? Pues de inmediato, los libros de la Gran Guerra: Sin novedad en el frente, Viaje al fin de la noche, La calavera del Sultán Makawa incluso la obra citada del propio autor, Tommy y Tanne.

"Es un libro duro, pero que se hace más duro sobre todo por la rutina, la normalidad de la guerra, donde se mezclan el horror y las novatadas, donde se cosen tripas y se operan cabezas"

Corazón solitario no es un libro “buenista”, no es cursi ni simplón como algunos que todos tenemos en la cabeza. Es un libro duro, pero que se hace más duro sobre todo por la rutina, la normalidad de la guerra, donde se mezclan el horror y las novatadas, donde se cosen tripas y se operan cabezas, pero también se orina en las botas para ablandarlas o un convaleciente muestra su erección a la monja que lo atiende para escandalizarla. Donde se toca música y se tiene relaciones sexuales con las chicas del pueblo. Se ríe y se bebe. Donde hay risas en medio de la muerte. Nuestro protagonista no apoya el nazismo, pero sí muchos de los que le rodean. Es cierto que la nación alemana no quiere la guerra y no entiende la invasión de Rusia, por ejemplo; que cuando mueren se acuerdan de su madre y no del Führer. El joven Horn lucha como todos por sobrevivir a la guerra, se inscribe en la carrera de medicina que impulsan los nazis para reforzar la atención a los heridos, y entonces, junto a la carnicería, aparece la normalidad de la vida: una chica embarazada con la que se acaba casando y que será su mujer para siempre.

Y todo esto ilustrado con numerosas acuarelas que nos recuerdan a Otto Dix, a George Grosz, a Egon Schiele; imágenes plenas de desesperación, pero también de ironía y con frecuencia de un humor sorprendente que no pocas veces deja al lector un tanto desconcertado. Imágenes que nos han decidido a usar un extraordinario papel natural de 90 gramos.

Con la edición en español, la primera traducción de la obra original en danés, en Ediciones del Viento sentimos que participamos un poco en el hallazgo de un tesoro, como Howard Carter y Lord Carnarvon con Tutankamon.

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Autor: Tom Buk-Swienty. Título: Corazón solitario: Un soldado en la guerra de Hitler. Editorial: Ediciones del Viento. Venta: Amazon

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