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«El Pájaro Carpintero», o cómo Ethan Hawke se adueña del Oeste

«El Pájaro Carpintero», o cómo Ethan Hawke se adueña del Oeste

El Pájaro Carpintero, basada en la novela de James McBride, comienza con una cartela que advierte que casi todo lo que estamos a punto de ver es verdad. Casi todo, pero no todo. No es el único gesto que emparenta esta serie del canal Showtime y estrenada por Movistar con el proceder habitual de los hermanos Coen. La misma plataforma, por cierto, acaba de estrenar la cuarta temporada de Fargo, ficción pionera por incorporar esa juguetona advertencia concebida como guiño al espectador y en la que ellos ejercen de productores.

La de Ethan Hawke es un western con todas las de la ley, aunque se ambiente en uno de los periodos más anárquicos de Estados Unidos. El abolicionista y forajido John Brown aboga por acabar con la esclavitud, y para ello no duda en pasar por encima de quien él crea conveniente. En medio de todo está Cebollita, un joven huérfano al que tanto Brown como su banda creen una chica y por eso enfundan en un vestido que llevará durante gran parte de la historia y que confiere un aire de relato iniciático a la historia.

"La de Ethan Hawke es un western con todas las de la ley, aunque se ambiente en uno de los periodos más anárquicos de Estados Unidos"

El primer capítulo de El Pájaro Carpintero, dirigido por Albert Hughes, es formidable. Demuestra que el director de Desde el infierno y El libro de Eli es un talento visual, firmando uno de esos comienzos que diluyen aún más esa antigua distinción entre la televisión y el cine. Es elegante, duro, sucio, amoral… y tremendamente divertido. Si algo caracteriza El Pájaro Carpintero del resto de las ficciones que, de manera más o menos oportunista, tratan de trazar un evidente paralelismo con el tempestuoso ambiente social de la América de Trump es que la aquí presente no encuentra obstáculo en incluir un humor que en ocasiones raya el surrealismo y que, de nuevo, aproxima la serie al trabajo de los hermanos Coen.

Ethan Hawke es una presencia fundamental delante y detrás de las cámaras. El actor produce, escribe y protagoniza, y podríamos considerar esta adaptación una serie “de” Ethan Hawke para Ethan Hawke. Su John Brown es un personaje peripatético, cómico, entrañable y salvaje, más desquiciado y extremo que heroico. Un enigma de ordinaria incorrección, un falso reverendo que infunde miedo y risa y que escupe mucho al hablar (recurso que sirve a Hawke para burlarse ligeramente de la intensidad de otros compadres de profesión). Su enganchón con Dutch Henry, interpretado por el excelso David Morse, parece una riña de colegiales de mortales consecuencias que un alegato contra el racismo. Pero volviendo a Hawke, su presencia aquí literalmente incendia la pantalla, está absolutamente formidable más allá de toda media y consideración, descubriendo una vis cómica desconocida hasta ahora. Por cierto, ya que citamos a Morse, atención también a la presencia de Keith David y Wyatt Russell, hijo de Kurt (¿un homenaje casual a La Cosa, de John Carpenter?).

"Dibuja una versión del Oeste trágica y tremendista, entendible en términos contemporáneos pero también de puro género"

El Pájaro Carpintero triunfa porque jamás considera que el sentido del humor estorbe al drama. Es de un hiperrealismo visualmente atractivo, alejado de muchos modismos estilísticos que van camino de ser una plaga en televisión (Hughes, por ejemplo, no abusa de esa cámara en mano utilizada para, ya saben, dar impresión de inmediatez en todas las series, pero que en realidad solo las abarata). Dibuja una versión del Oeste trágica y tremendista, entendible en términos contemporáneos, pero también de puro género. Y su manejo de la voz en off es ejemplar, sin moderneces o subrayados, genuinamente dinámico e irónico. Teniendo en cuenta el sólido basamento de la novela y el formato de miniserie, que no estirará el chicle hasta más allá de lo necesario, El Pájaro Carpintero va a ser un gran, gran producto. Se nota desde el primer episodio.

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