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El puzle de cristal

Me he divertido mucho escribiendo El puzle de cristal. Ya me pasó con La chica invisible, y con esta segunda parte he vuelto a tener las mismas sensaciones. Y eso que este libro es el más complejo con el que me he enfrentado de los doce que llevo publicados. Sin duda. No ha sido nada fácil resolverlo y unir las diferentes tramas que se desarrollan en la novela. Estaba seguro de cómo quería que terminara la historia, pero no sabía cómo llegar a ese punto. Finalmente lo conseguí, con muchas horas invertidas de esfuerzo y de dedicación. El resultado de ese trabajo duro, y casi obsesivo, a lo largo de más de nueve meses, de lunes a domingo, ha merecido la pena. Ahora ya está en manos de los lectores y del gusto personal de cada uno de ellos. Y respetaré cualquier opinión, como siempre hago.

Con esta trilogía he cambiado algunas pautas en mi forma de trabajar. Un thriller te exige que debes tener las cosas muy claras al principio y al final. No se puede quedar nada en el tintero en el camino, ni cogido con alfileres. Por esa razón lo he planificado todo más. En los diez libros anteriores, me sentaba delante del portátil y me dejaba llevar por lo que sentía. Tiraba mucho de corazón y elegía el desenlace a cuatro o cinco días de cerrar la historia. Esa parte de improvisación ha continuado estando presente en el proceso, porque ni quiero ni puedo eliminarla, pero sí que la he limitado y he reducido su porcentaje. Al empezar La chica invisible me compré una pizarra, que llené de anotaciones. En ella relacioné mediante flechas a los personajes y a la víctima, hice diagramas de enlaces, realicé líneas temporales (prácticamente minuto a minuto) de la hora en la que se produce el asesinato e incluso valoré el grado de sospechoso de cada protagonista con imanes de colores (rojo es muy sospechoso, verde es medianamente sospechoso y azul no debería de ser sospechoso para el lector). El mismo trabajo he llevado a cabo en El puzle de cristal.

"El epílogo abierto de La chica invisible me permitía jugar con un ramillete de soluciones muy variado"

Una de las grandes cuestiones que tenía que abordar en esta novela era dar respuestas a los lectores acerca de lo que había quedado pendiente en la primera parte. El epílogo abierto de La chica invisible me permitía jugar con un ramillete de soluciones muy variado. Cuando acabo un libro no sé cómo va a comenzar el siguiente. Es un reto que me planteo siempre y al que le doy muchas vueltas. En esta ocasión, en cuanto empecé a escribir, encontré lo que buscaba. En el prólogo los chicos iban a averiguar lo que tanto tiempo llevaban aguardando: ¿qué le había sucedido a Julia y a sus amigos en la estación de metro del aeropuerto?

Aunque en mis novelas hay un personaje que destaca por encima de todos —hasta ahora siempre ha sido una chica y tiene el papel principal—, son historias bastante corales. Trato de que sean varios los protagonistas y que los lectores cuenten con unos cuantos referentes a la hora de sentirse identificados. También intento que los personajes sean lo más reales posible. Para ello procuro estar actualizado en cuestión de música, series, lenguaje… y todo lo que esté relacionado con los jóvenes de esta década del siglo XXI. Incluir actualidad en las novelas hace que el lector se la crea y se meta más en ella. Por eso mi fuente de documentación son las redes sociales, la calle y lo que observo en el día a día. Cuando no sé algo o tengo dudas, les pregunto directamente a ellos en Twitter.

"Ya tengo en mi cabeza la tercera parte, todavía lejana y con muchas cuestiones por decidir"

En El puzle de cristal quería que el lector viera a otra Julia. Después de todo lo que le ocurre en el primer libro, su carácter y su forma de ser tenía que cambiar obligatoriamente. Era una evolución lógica. Ahora encontramos a una chica apática, a la que no le apetece salir de su habitación y le contesta de malas maneras a sus padres. No hay rastro de esa joven locuaz, alegre y extrovertida de la novela anterior. También ha perdido agilidad mental y se siente bloqueada. Creo que esto le da un punto de vista más interesante al personaje, que debe encontrarse a sí misma de nuevo con el paso de las páginas. Su abuela Pilar, una septuagenaria moderna, inspirada en la Miss Marple de Agatha Christie, será quien intente ayudarla. Emilio, por su parte, tiene una mejor relación con sus padres y ha madurado tras su estancia en Suecia. Además, he incluido nuevos personajes que forman parte del nuevo misterio y que serán los principales sospechosos del crimen de la historia.

En definitiva, esta ha sido una novela que me ha hecho crecer. He dado un pasito más hacia adelante y me siento cada vez mejor escribiendo esta clase de tramas. Ya tengo en mi cabeza la tercera parte, todavía lejana y con muchas cuestiones por decidir. Serán unos meses de intenso trabajo, en los que también recogeré los frutos de los dos libros anteriores (se han traducido al italiano y al chino, por ejemplo). Espero que el lector siga a mi lado y descubriendo a este nuevo Blue Jeans. Ganas no me faltan.

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Autor: Blue Jeans. Título: El puzle de Cristal. Editorial: Planeta. Venta: Amazon y Fnac 

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