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El tiempo por la prisa

El tiempo por la prisa

Merecedora del XXXI Premio de Novela Universidad de Sevilla, esta novela articula tres relatos en los que convergen los principales desafíos, debates, dilemas y tesituras de una generación: la vivienda, la identidad, la precariedad laboral, la actual crisis de la universidad…

En este making of Marta Ros explica cómo escribió Prisa (El Paseo).

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La primera vez que entré en un supermercado en Madrid, recién llegada a la ciudad, me quedé estupefacta al descubrir que todo el mundo corría de un lado para otro, cogiendo aguacates sin fijarse en cuál era el más maduro, comprando lo justo para una cena en solitario, pagando en las cajas automáticas para no tener que regalar una sola palabra o gesto. De camino a casa, yo bien cargada de bolsas para comer toda la semana, me di cuenta de que el frenetismo también bañaba las calles. Los transeúntes me adelantaban por ambos lados. La gente pedía el café para llevar. “¿Para llevar a dónde?”, me preguntaba, si parecía que nadie nunca iba a llegar a ningún sitio. Pronto me di cuenta de que la prisa es contagiosa, pero no como la risa —por muy cerca que se encuentren estas dos palabras, a tan solo una letra de distancia—, sino como un virus. Algo casi apocalíptico convertido en el sello de la sociedad moderna, de la vida en la ciudad. Como soy un culo inquieto e inconformista, tenía alto riesgo de contagio, así que el ritmo de Madrid se asentó muy rápido en mí. Y en el ejercicio de entenderlo, de desgranar toda esa prisa, me encontré con cuatro personajes: Samara, una chica que se siente atrapada por el círculo vicioso de la academia; Ariadna, una muchacha que, de siempre llegar tarde a todas partes, lo acaba adoptando como costumbre; y Mire y Tami, una pareja de jóvenes que luchan por salir a flote contra la sofocante presión de su ciudad. Ellas son las protagonistas de los tres relatos de esta antología que navega entre el costumbrismo y el terror.

"Antes de sentarme a escribir, me inspiró la conexión de dos anécdotas aisladas: un mail erróneo en mi bandeja de entrada y una vieja con la que me crucé por el barrio"

Pero mentiría si dijera que, partiendo de esta tesis, llegó directamente el desarrollo. Antes de sentarme a escribir, me inspiró la conexión de dos anécdotas aisladas: un mail erróneo en mi bandeja de entrada y una vieja con la que me crucé por el barrio. Así nació Los cinco pisos del edificio estrecho, la historia en la que Samara encuentra su nombre repetido en los buzones de dos pisos del edificio en el que vive. Yo soy fiel a la idea de que los cuentos hay que leerlos de una sentada, así que intento hacer el ejercicio de escribirlos así también. Pero 10.000 palabras son muchas para una jornada, así que, cuando esbocé el primer relato de este libro, había algunas frases buenas, sí, pero sobre todo lo que había en el texto era, literalmente, blablablabla y DESPUÉS PASA ESTO Y ENTONCES HACE NO SÉ QUÉ, en mayúsculas entre medias de las primeras y caóticas parrafadas, además de una libreta llena de notas desordenadas. Cuando escribo, a veces me pongo notas a mí misma. Y eso me resulta útil y divertido. Es un diálogo con el que las páginas se sienten menos frías y que me quita el miedo darle a la tecla de borrar. De ese primer boceto al último pasan semanas de escritura, reposo y reescritura, hasta llegar a la versión que estoy lista para mostrar.

"¿Vecinos saliendo a la ayuda del que vive puerta con puerta? ¿En Madrid? Vaya sueño"

Un pensamiento macabro y las fotografías de un proyecto de mi pareja, Aida Gren, fueron las dos piezas inconexas que dieron lugar a El Golpe, que empieza con Ariadna escuchando un ruido raro en su corrala. Lo suficientemente raro como para salir de casa a ver qué es. Y esto, que cualquiera tacharía de género realista, para mí ya era toda una fantasía. ¿Vecinos saliendo a la ayuda del que vive puerta con puerta? ¿En Madrid? Vaya sueño. A la vez que yo denunciaba esa manera de “ir a tu bola” en la capital escribiendo este relato, los vecinos de mi edificio empezaron a saludar, después de casi 3 años, como si yo misma los hubiera invocado. El proceso de El Golpe fue distinto porque, hacia el final, seguía sintiendo que algo no iba del todo bien. Y tenía ese runrún en la cabeza el día que bajaba a dar una de mis clases de escritura creativa para adolescentes en la librería Los Pequeños Seres. Les enseñé a los niños y niñas los diferentes tipos de narradores, hablando de carrerilla, sin hacerme caso a mí misma, de tan aprendida que me tengo la lección. Pero, menos mal, ese día mi voz rebotó en las paredes de la clase y me escuché. El narrador. Esa era la clave. Ariadna no podía contar este relato. Destaco esta anécdota porque creo que es especial: que revisando las bases de contar historias encontrara la solución a uno de los problemas a los que me enfrentaba en mi escritura me demuestra lo importante que es no dar por hecho que tienes el control, sino aprender siempre a ganártelo. Seguir estudiando, volver a buscar el significado de conflicto. Las historias buenas funcionan porque se gestan mediante una ciencia inexacta y, después, echan a volar hacia el caos. Pero los pilares nunca se destruyen. El oficio de escribir es teclear hasta que encuentres en tu cerebro un “modo automático”. Pero nunca hay que activarlo. Solo saber que está ahí, para cuando necesitas estirar los músculos agarrotados.

"Nos han cambiado el tiempo por la prisa. Y creo que ya va siendo hora de ralentizarse y reconquistar la calma"

Yo escribo todos los días, desde que me levanto hasta que me acuesto. Nada de ser un búho de la sociedad, como tanto nos gusta a los creativos. Ser escritora no puede reñir con vivir como una persona normal. Así que madrugo, escribo, como, escribo y luego ceno y a dormir. A las horas que toca, acompañada por el sol. No como las pobres Mire y Tami, a quienes su historia no les permite hacerle caso a su reloj biológico. Este tercer relato fue más complicado de idear, y también de escribir. Ya desde hacía unos meses, quería ponerme a mí misma el reto de jugar con el tiempo. Y después de contar las historias de Samara y Ariadna, que, de diferentes maneras, son personajes solitarios, tenía que hacerle una oda al amor, porque tengo la suerte de tenerlo, con mi Aida. Sobre estos dos conceptos construí El tiempo por la prisa, el relato que expone de forma más directa la idea sobre la que reflexiono en todo el libro: nos han cambiado el tiempo por la prisa. Y creo que ya va siendo hora de ralentizarse y reconquistar la calma.

Cuando terminé de escribir, me olvidé de PRISA algunos meses, por culpa de la prisa que me llevaba en volandas de un lado para otro, siempre a mil historias. En noviembre del año pasado me llamaron de Sevilla para contarme que había ganado el Premio Letras Hispánicas con mi obra. Sacamos la novela en junio, en la Feria del Libro de Madrid. El día que firmé en la caseta, por supuesto Aida estuvo todo el tiempo a mi lado, regalándome esa sonrisa suya que me recuerda que todo lo que escribo será siempre para ella. También vinieron mis vecinos a saludar y algunos exalumnos de los talleres de escritura. Pero no se paró mucha gente a verme. Todo el mundo parecía tener demasiada prisa.

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Autora: Marta Ros. Título: Prisa. Editorial: El Paseo. Venta: Todostuslibros.

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