Los límites entre el cuento y la novela están, en la actualidad, más difuminados que nunca, a mi entender. Todos los grandes relatos de los que surgió la novela contemporánea, el idealismo, los grandes deseos de la humanidad, o los derechos laborales, como compromiso de clase que se defendían en novelas como Germinal hoy nos harían reír, a no ser que sean tratados en función a otra narrativa construida desde una nueva conciencia de clase, donde han irrumpido con fuerza las inteligencias artificiales, iba a decir nuevas tecnologías, pero ese pleonasmo se me hace ya insufrible y acaso, obsolescente.
En este caso, Personaje secundario, de Sofía Balbuena, ganadora del premio Ribera del Duero, transita de igual forma los lábiles límites entre novela corta y cuento, por decir algo. Nos propone otra pequeña narrativa, que no tienen que ver con su extensión sucesiva en lo literario, sino que ocupa un espacio muy definido en la literatura actual, como veremos. Son cinco narraciones que circulan desde la decadencia de una pareja y sus vaivenes particulares sobre la organización de las vidas de ambos, mucho más cuando tienen una hija, que hace que la vida de los dos cambie, pero, sobre todo, la de ella. Hasta las dudas que aparecen en una pareja ya consolidada en un día en que él, momentáneamente desaparece.
Todo parece perdido, el mundo se tambalea en el pequeño universo de cosas que hemos ido construyendo a lo largo de los años. No somos conscientes de esa interdependencia emocional, y ese es uno de los constructos de este libro. Las redes invisibles de los afectos. Los personajes son dirigidos por sus actos, las situaciones cotidianas se esparcen a lo largo del tiempo, ocupando un espacio que se agranda o contrae mientras miramos el reloj o las redes sociales. Somos el resultado de las miles de interacciones afectivas que nos rodean, y en eso incide la literatura, con acierto, de Balbuena, desde una perspectiva cercana. A todos nos acechan esos fantasmas, esos celos laborales, o nos pensamos la víctima de un boicot no ejecutado por nadie aún. Los peligros de la ciudad moderna, hostil y hosca a un tiempo, a pesar de las bondades que parecen vendernos las inteligencias (enajenadoras) actuales que también interactúan con nosotros desde el algoritmo, y, como consecuencia de esa pérdida de espacio personal, surge la dureza y la violencia de nuestras nuevas relaciones interpersonales, no con el prójimo, sino con los demás como una masa ajena, una rebelión de las masas que permitirán una revolución involutiva de las máquinas.
Balbuena es sutil y precisa, sin decoraciones o alardes. “Amar la trama más que el desenlace”, nos cantaba Drexler. En los relatos novelados de Balbuena no hay apenas desenlaces, hay mucho de eso que Mora no quiso poner en su discurso sobre el silencio, una frase final, pero que no es una frase final, sino que podría ser la del principio, o tal vez la frase del medio, esa parte mágica que engarza el relato para hacerlo perfecto.
“Compró por Amazon un strap-on aun cuando desde afuera podría haber parecido que ese rol le correspondía a Reina y empezó -Lorenza- a disfrutar de lo que no sabía que tenía: la capacidad de someter a su amante, de empujarla con fuerza sobre la almohada.”
No creo que Balbuena persiga la perfección, pero la encuentra en estas páginas con esos relatos circulares sobre la cotidianidad. Avanza Balbuena desgranando las relaciones humanas, especialmente, las que se dan en el mundo académico (dos de los cinco relatos se desarrollan en el competitivo mundo académico), las endogamias, las relaciones circulares que parecen ideales y que, sin embargo, están viciadas por dentro y basadas en miedos, celos laborales, idolatrías vagamente disfrazadas de reconocimiento.
Y es que, en efecto, da la sensación, muy bien conseguida de que los personajes habitan ese espacio secundario de una novela mayor, y no lo digo con descrédito: se necesita mucho talento para hacer eso, a la manera de aquella obra de Stoppard, Rosencrantz y Guildenstern han muerto, que se paseaban por los escenarios de Hamlet, entrando y saliendo, personajes secundarios de esa magnífica obra que protagonizan esta comedia del autor inglés.
Balbuena nos ofrece esa doble codificación que interesa al relato y por qué no, a una posible novela de la que han sido escindidos y a la que pertenecen de forma natural, y que la autora ha decidido desenganchar para darles otra autonomía. Todos ellos son ahora los que tienen que elegir, superar miedos, dejar a alguien, salir de un agujero oscuro del mundo, codificar el deseo.
Los miedos juveniles también están presentes en esa figura femenina de Clarita-Clara que se va convirtiendo en mayor en el relato, en una demostración magistral del uso del tiempo; la niña que no comprende su cuerpo y se da cuenta en las miradas de los demás cómo ha ido cambiando y eso transforma por completo la historia que nos cuenta, una historia de maduración y adaptación a un medio hostil, y cómo salir de él.
“[…] Clara se quedó seca en el medio de la cocina. La gente la trataba distinto. Sus amigos, los amigos de Nereo, el novio de su mamá y hasta su mamá la trataban distinto, como si fuera una tarea de ella prevenir del peso de las miradas que ahora la seguían cuando iba y venía[…]”
Y por último, en “Felicidades”, todo el relato se construye de manera orgánica desde el diálogo, las preocupaciones propias de un grupo de amigas que se encuentran en España viviendo y los problemas que conlleva la maternidad, en especial, cuando se trata de mujeres que aquí no tienen familia en la que apoyarse. Toda una lección de construcción del relato mediante la palabra y la acción, junto a la descripción de situaciones, que recuerda, en cierta manera al maestro Manuel Puig, que construyó su novela El beso de la mujer araña en torno al diálogo.
Una excelente muestra de talento narrativo.
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Autora: Sofía Balbuena. Título: Personaje secundario. Editorial: Páginas de espuma. Venta: Todos tus libros.


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