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Entrevista exclusiva a Jose A. Pérez Ledo: “Yo no tengo negro”

Entrevista exclusiva a Jose A. Pérez Ledo: “Yo no tengo negro”

Jose A. Pérez Ledo (Bilbao, 1979) publica su segunda novela. La primera, Esto no es una historia de amor (Planeta, 2016), era un acercamiento irónico al mundo de la pareja. La nueva, titulada Un lugar al que volver (Planeta, 2019), se centra en las relaciones paternofiliales, en la memoria familiar y en las cicatrices del pasado.

Debido a nuestra muy apretada agenda, el autor ha tenido el detalle de entrevistarse a sí mismo en exclusiva para Zenda.

—Usted es, sobre todo, guionista. ¿Es la suya una de esas novelas de guionista?

—No tengo la menor idea de a qué se refiere.

—Sí que la tiene. 

—Que no.

—Que sí.

—Le digo que no. 

—Me refiero a esas novelas que se escriben pensando en la película. 

—No es ese tipo de novela, no. 

—¿La trama gira en la mitad?

—Bueno, digamos que por la mitad hay un… cambio en la situación establecida.

—Ya sabía yo. Sea sincero, tiene al protagonista en la cabeza, ¿verdad?

—Insisto en que no he pensado en eso.

—Lo tomaré como un sí. Dígame, ¿de qué trata su novela? No tema ser muy breve.

"Estos cuatro personajes emprenden una ruta por España que es, al mismo tiempo, un viaje por su pasado, por los errores y los aciertos de sus vidas"

—Un lugar al que volver cuenta la historia de Tess, una adinerada mujer de Miami, nieta de españoles, que decide viajar a España para conocer el pueblo del que sus abuelos huyeron poco antes de la Guerra Civil. Viaja con su hija Donna, una adolescente con quien mantiene una tensa relación. Para ejercer las labores de chofer y de guía, Tess contacta con Tomás, un parado madrileño que pone una sola condición: también él viajará con su hijo, un chico de 13 años a quien apenas trata desde su divorcio. Así es como estos cuatro personajes emprenden una ruta por España que es, al mismo tiempo, un viaje por su pasado, por los errores y los aciertos de sus vidas.

—¿Una novela iniciática articulada en torno a un viaje? Vaya, es posible que eso no se haya hecho NUNCA.

—Bueno, creo que la literatura de viajes es un género en sí mis-…

—Que sí, que sí. Dígame, ¿cuánto hay de autobiográfico en la novela? 

—Nada.

—Todos decís lo mismo, no sé ni para qué pregunto.

—Es que no hay nada de autobiográfico.

—No, claro. Surge todo del éter. Usted cierra los ojos y se le despliegan universos. Es el Stephen Hawking de las palabras.

"Es obvio que lo que cuento parte de experiencias que conozco"

—A ver, es obvio que lo que cuento parte de experiencias que conozco. 

—¡Ah, ojo, espera, que resulta que SÍ hay algo de autobiográfico! 

—¡Pero eso no quiere decir que la trama esté basada en mi vida! 

—Ya, claro. Ya me imagino que no es usted una adinerada mujer de Miami. Disculpe si, en mis preguntas, doy por hecho que es usted inteligente. Trataré de ir más despacio.

(Silencio incómodo) 

—Me pone aquí en el mail este de Planeta que, en su novela, le da cierto protagonismo al idioma. ¿Qué quiere decir esto, que ha prescindido de los emoticonos? 

—No, eso es porque el español tiene una carga simbólica dentro la historia. Tess lo aprendió siendo niña por boca de su abuela, en los fines de semana que pasaba junto a ella en su casa de Little Havana. Pero, con el paso del tiempo, fue olvidándolo. No es hasta que Tess cumple 48 años que decide recuperarlo. En plena crisis de madurez, el español se convierte en un nexo con su pasado. Un vaso comunicante con su infancia y sus orígenes. En ese sentido, el español es también un lugar al que volver.

—Fascinante. He hojeado su libro un poco por encima y he visto que se menciona el azar y el karma. Entiendo que no sabía usted si copiar a Paul Auster o a Paulo Coelho y ha decidido copiar a ambos. 

(Silencio incómodo) 

—¿Le repito la pregunta?

" Para Tomás la vida no es más que una concatenación de azares sobre los cuales no tenemos apenas control"

—No hace falta. Los protagonistas, Tess y Tomás, difieren en muchos aspectos. Uno de ellos, el más profundo, es su concepción de… bueno, de la vida misma. Ella es una persona mística, profundamente intuitiva. Supersticiosa, si quiere. Tomás, por el contrario, es sumamente racional. Para él la vida no es más que una concatenación de azares sobre los cuales no tenemos apenas control. 

—¿Y quién gana al final? 

—No es una batalla. No tiene por qué haber un ganador.

—Oh, entonces no creo que funcione como película. 

—Ya le he dicho que… 

—Que sí, vale. Por cierto, la portada está muy bien. Con el título grande, para que en El Corte Inglés se vea desde la sección de congelados. ¿También se la eligió el negro?

—¿Qué insinúa? Yo no tengo negro.

—Ah, no, claro, que es usted de izquierdas. ¿Cómo lo llaman ustedes? ¿Afroescritor? 

—La novela la he escrito yo, ¿vale?

—Vale, no se altere. Su primera novela era humorística, esta no lo parece. ¿A qué se debe? ¿Intenta que le saquen en Babelia? 

"Esta novela no es humorística, es verdad, pero sí que hay humor"

—Esta novela no es humorística, es verdad, pero sí que hay humor. No más que en la vida, pero tampoco menos.

—Buen intento, pero ni así le van a sacar en Babelia. Hablando del tema, supongo que sabe que en España se publican más de 87.000 libros al año. Eso da 238 libros al día. ¿Por qué cree que alguien debería gastar su tiempo y su dinero precisamente en el suyo? 

—No es fácil responder a eso. Un lugar al que volver aborda ciertas cuestiones que, confío, interesen a mucha gente. La memoria familiar, los orígenes, las deudas con el pasado, la relación con nuestros hijos y con nuestros padres…

—Todo eso en más de 400 páginas. ¿Su editor es drogadicto o solo estaba ocupado en otras cosas? 

—Creo que cada historia requiere su propia extensión.

—¿Eso es de Mr. Wonderful?

—Oiga…

—Perdone, tiene razón, he sido impertinente. Dígame, ¿está trabajando en una nueva novela o va a parar de una vez? 

—Me largo.

—¿Por qué? ¿He dicho algo ofensivo? 

—Que te den. 

—¡Oiga! ¡Ledo! ¿Para cuándo la película?