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Exaltación del entusiasmo

Exaltación del entusiasmo

Antes de que el arte de la biografía fuera reivindicado en España por Anna Caballé y de que hubiera dado robustos frutos nacionales —la de Luis Cernuda por Rivero Taravillo, la de Martín-Santos por José Lázaro, y cito solo dos ejemplos brillantes—, nos dolió e incluso escandalizó que la vida de García Lorca no fuera estudiada a fondo por un compatriota, sino por el irlandés Ian Gibson. Tal vez ocurrió lo mismo en Francia, y por motivos obvios, con La Rive Gauche, la impecable e implacable investigación del estadounidense Herbert Lottman en torno a los posicionamientos políticos de los intelectuales galos durante la ocupación nazi y la inmediata posguerra. Pues bien, imagino la sorpresa de un académico norteamericano que tenga acceso al tríptico que un español ha dedicado a tres de los imprescindibles autores canónicos de su país, y que se haya ejecutado con un conocimiento exhaustivo de sus obras, su época, su entorno familiar y literario e incluso su geografía. Me refiero al escritor Toni Montesinos y los volúmenes El triunfo de los principios: Cómo vivir con Thoreau (2017), El dios más poderoso: Vida de Walt Whitman (2019) y el último y mejor, que condensa buena parte de los hallazgos y reflexiones de los anteriores, Ojos llenos de alegría: Estar vivo con R. W. Emerson, publicado por Ariel este mismo año. Pero hay algo que aún asombraría más a ese hipotético profesor, acostumbrado a la gravedad universitaria que debe camuflar los sentimientos del estudioso hacia el objeto de su interés: Montesinos no pretende en ningún momento revestirse de distancia. Al contrario, sin renunciar al necesario rigor y exactitud de sus referencias, su prosa transmite un fervor y un entusiasmo por estos creadores que nos evoca el fervor y entusiasmo existencial que ellos preconizaban.

"El libro posee una estructura peculiar, no diacrónica sino de círculos concéntricos no estancos entre sí, de forma que las ideas fluyen y se interseccionan"

Sin embargo, las palabras anteriores o los propios subtítulos de los tres voluminosos ensayos de Montesinos pueden llevar a engaño. No se trata de biografías al uso, mucho menos la que protagoniza Emerson —los datos básicos de nacimiento, ancestros, infancia, no se mencionan hasta la página 171—, sino de una exposición, con exactitud y simpatía, de ideas esenciales y del clima intelectual donde fermentan. Ciñéndonos a la última publicación, Montesinos parece un habitante más del pueblecito de Concord, en Massachusetts, a mediados del siglo XIX, que ha visto a Emerson escribiendo sus textos en la casa que se conserva todavía, o paseando con Whitman mientras le reprocha suavemente la sensualidad de algunos versos (ah, las raíces puritanas del pensamiento norteamericano), o visitando el estanque de Walden y la cabaña que Thoreau construyó a sus orillas, o charlando con el filósofo Amos Alcott, o su hija Louisa May, que redacta allí mismo la célebre Little Women, componente de la educación sentimental de varias generaciones de mujeres y precursora del feminismo moderno, o intercambiando juicios literarios con Hawthorne, vecino de los Emerson de recién casado y más tarde, a la vuelta de Europa, ya como novelista consagrado. Todos estos personajes cobran aliento en las páginas de Ojos llenos de alegría y son retratados con la familiaridad de antiguos amigos. El libro posee una estructura peculiar, no diacrónica sino de círculos concéntricos no estancos entre sí, de forma que las ideas fluyen y se interseccionan, lo que permite al autor digresiones sabrosas y un punto polémicas sobre Tolstói, Schopenhauer, Nietzsche o Spinoza, así como saltos adelante hacia el deporte del baloncesto, una de las influencias más originales de la dinámica emersoniana en versión de Montesinos, el cine, los logros actuales para la liberación de la mujer. Eso no implica que al lector no se le ofrezca información fidedigna sobre el unitarismo, del que partió Emerson y luego abandonó, los fundamentos del movimiento trascendentalista, el progresivo abolicionismo (en su juventud dudó de la igualdad racial con la población negra, pero más tarde compensó con creces el prejuicio primitivo), el rechazo, con los años, de las religiones institucionalizadas y la identificación de la divinidad con el universo material en armonía con el Deus sive natura espinociano, el desprecio por el éxito trivial, la aguda percepción sicológica del prójimo, la defensa de la búsqueda individual de la ruta a seguir (tal vez su frase más conocida es aquella en la que invita a no recorrer el camino trazado y crear uno personal dejando un rastro, lo que recuerda el “caminante no hay camino” de nuestro Machado), la belleza del mundo, la felicidad posible y la alegría necesaria. Fue mentor de Thoreau y de Whitman, a quienes contagió del vitalismo que muchos identificamos con lo mejor de la cultura norteamericana y del que tan apartados se encuentran la mayoría de sus políticos nefastos. Por supuesto, todo el grupo de escritores amigos de Emerson (y de Montesinos) apoyaron al ejército de la Unión —Whitman y la Alcott ejercieron de enfermeros durante la guerra— y políticamente estuvieron próximos a Lincoln (recordemos el famoso poema whitmaniano O Captain!, My Captain! que la prosa de Montesinos invoca en varias ocasiones).

"Uno de los impulsos motores, aunque no se especifique, es que las palabras de Emerson, aparte de su indudable valor literario y filosófico, son de utilidad para el mundo actual"

Montesinos se muestra siempre dispuesto a defender al objeto de su estudio. Conmueven los párrafos en los que contradice con pruebas a Edward Arnold, que acusaba a Emerson de ignorar la Divina comedia; si señala la incomodidad del americano ante las franquezas fisiológicas del admirado Montaigne, se apresura a recoger las ocasiones en que lo elogia por encima de cualquier otro. Thoreau se burló en algún momento del poco sentido práctico de su amigo y Melville censuró su excesivo intelectualismo, pero ambos se rindieron a la generosidad y grandeza de espíritu del colega. A los que crecimos en la atmósfera intelectual del existencialismo, nos cuesta sintonizar con tanta optimista afirmación metafísica, aunque quizás el talante mediterráneo que proclamó Camus no se diferencie esencialmente del placer íntimo de caminar en medio del campo y de los bosques que el poeta de Concord expresa a menudo. Uno de los impulsos motores de Ojos llenos de alegría, aunque no se especifique, es que las palabras de Emerson, aparte de su indudable valor literario y filosófico, son de utilidad para el mundo actual, tienen un mensaje nada despreciable para el hombre del convulso siglo XXI, y esa creencia agustiniana de que en nuestro interior se esconde la verdad, independientemente de circunstancias externas, sustenta la exaltación que recorre la obra de Emerson y de su apologista español.

"En tiempos de horizonte turbio, con los avances del neofascismo, la amenaza del regreso al poder de un idiota peligroso como Trump, y el preocupante aumento de depresiones y suicidios, Ojos llenos de alegría va contracorriente"

Por ejercer de abogado del diablo, mencionaré un rasgo que, pese a los indudables y numerosos atractivos de Emerson, me aparta un poco de su genio: la ausencia de sentido del humor; por eso no es de extrañar que, como no deja de lamentar Montesinos, nunca apreció el Quijote ni las novelas de Dickens. Sin esa capacidad de no tomarse en serio a sí mismo en todo momento, la bondad indiscutible del escritor empalaga un poco, y uno tiene que recordar su conocida torpeza para imaginarlo dándose un coscorrón o equivocando la sal con el azúcar, errores que lo humanizan al aproximarlo al común de los mortales. También quiero dejar constancia de que en algunos Gay Studies de las universidades estadounidenses se ha introducido la sugerencia de que Emerson fuera un homosexual dentro de un armario muy hondo, sospecha que nace de los testimonios de su Diario (algunos censurados y amputados años después por el propio autor) que manifiestan “sensations of vivid pleasure” y enorme atracción por un compañero de Harvard en su etapa de estudiantes, el joven Martin Gay, y el apellido hoy se nos antoja una broma del azar. La hipotética homosexualidad no suma ni resta méritos a su hermosa obra, aunque introduce una ambigüedad inesperada en su personalidad.

En tiempos de horizonte turbio, con los avances del neofascismo, la amenaza del regreso al poder de un idiota peligroso como Trump, y el preocupante aumento de depresiones y suicidios, Ojos llenos de alegría va contracorriente, proporciona un testimonio insólito de amor a la vida sin simplismos sentimentales y nos devuelve valores esenciales tan diminutos y tan decisivos como esa bellota donde Emerson veía el origen de mil bosques. No puedo cerrar este discurso sin afirmar que quien lea el ensayo de Toni Montesinos le guardará un permanente agradecimiento.

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Autor: Toni Montesinos. Título: Ojos llenos de alegría: Estar vivo con R.W. Emerson. Editorial: Ariel. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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