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Forjar un personaje

Forjar un personaje

Tenía básicamente definidas las líneas de la trama de Tiempo de siega cuando me enfrenté a la necesidad de crear un protagonista acorde a las circunstancias. Pongámonos en el momento histórico: invierno de 1941, con una posguerra casi recién nacida y, por lo tanto, un país y una sociedad rotos en mil pedazos y sometidos a una dictadura fascista. Un escenario negro donde los haya. ¿Quién sería el encargado de investigar el asesinato de un sacerdote en semejantes circunstancias?

Para resolver el asunto era imprescindible ser fiel a la situación de los cuerpos de seguridad en ese momento. La Guardia de Asalto republicana estuvo con el gobierno legal hasta el final de la guerra, de modo que Franco la liquidó de un plumazo para sustituirla por la Policía Armada, que con el tiempo fue conocida con el popularísimo apodo de los grises. El grueso de la Guardia Civil también apoyó mayoritariamente al gobierno republicano, como lo apoyaron las tres cuartas partes de su generalato. Consciente de su papel decisivo en la represión rural, Franco desestimó la tentación inicial de disolver la Benemérita, para engordarla con miles de adeptos. Sobre lo sucedido con los cuerpos de investigación de la República, lo que podríamos llamar la secreta, hay muy poca información: podemos afirmar que, salvo contadas excepciones, sus plantillas se pasaron a las filas golpistas allí donde triunfó la sublevación y se mantuvieron leales al gobierno legal donde fracasó. El caso es que una vez concluida la guerra, entre fallecidos, encarcelados o exiliados, la plantilla de este Cuerpo era bastante precaria. Hasta 1942 no se reabrió la Escuela de Policía, así que en agosto del año anterior se convocó una oposición para crear quinientos puestos de inspectores de tercera que se cubrieron con oficiales provisionales del Ejército y militantes falangistas con méritos de guerra. Un nutrido grupo de probada lealtad al Movimiento Nacional, aunque sin la menor experiencia profesional.

"Una tercera opción se presentaba con más pujanza que las anteriores. ¿Por qué no un inspector republicano?"

A la hora de elegir entre estos últimos, se me presentaban dos opciones: un experimentado policía favorable al Régimen o uno de esos novatos recién llegados. Ninguna de ellas me convencía. Por incomodidad ideológica, básicamente, y porque ya me había puesto en la piel de un policía franquista diez años atrás con la novela Antes de decirte adiós. Una tercera opción se presentaba con más pujanza que las anteriores. ¿Por qué no un inspector republicano? Al fin y al cabo, el nuevo asesinato guardaba sospechosas similitudes con otros tres cometidos durante el asedio a Madrid, y solo un policía leal al gobierno que viviera en la capital podría haberlos investigado entonces. Desde el punto de vista narrativo, además, un represaliado ofrece mayor riqueza dialéctica y narrativa.

Así nació Carlos Lombardi, un inspector de cuarenta años de padre argentino y madre española que había servido tanto durante la monarquía como en la República. Como funcionario leal al gobierno hasta el último minuto y por su afiliación a Izquierda Republicana, Lombardi se encuentra preso en Cuelgamuros, en los trabajos iniciales de lo que será el Valle de los Caídos, cumpliendo una pena de doce años de cárcel. Los caprichos del destino le pondrán provisionalmente en la calle para recuperar una investigación frustrada años atrás por la situación bélica.

"Acaba de ver la luz La Virgen de los huesos, la segunda entrega de Lombardi, donde el inspector represaliado, aún en libertad más que provisional, se las ve con un incómodo caso en la Castilla profunda"

Lombardi es un hombre que, a pesar de los pesares, sigue viviendo en el reducido territorio de la esperanza; irónico, descreído y cabreado con el engendro que se levanta a su alrededor, intenta sobrevivir en un ambiente de ruina, luto, enfermedad y corrupción dominado por la triple entente de la época que forman el Ejército, la Iglesia y la Falange. Un personaje humano, en definitiva, del que me fui enamorando a medida que avanzaba la novela, sentimiento que, una vez concluida la obra, dio lugar a una saga. Es mi primera experiencia en este sentido, porque nunca, después de diez novelas publicadas, me había planteado semejante reto. Pero tanto el protagonista como la época son un filón para la narrativa negra, o histórica; porque el género en que se encuadre queda a gusto del consumidor. No faltan quienes la incluyen en el llamado totalitarismo noir, es decir, las novelas negras con escenarios dictatoriales.

Acaba de ver la luz La Virgen de los huesos, la segunda entrega de Lombardi, donde el inspector represaliado, aún en libertad más que provisional, se las ve con un incómodo caso en la Castilla profunda, en ese territorio que ya entonces podríamos llamar la España vaciada y que fue, como otros muchos paisajes, mudo testigo de los asesinatos planificados cometidos durante las primeras semanas del levantamiento militar. HarperCollins dispone ya de una tercera novela, que presumiblemente saldrá dentro de un año. El futuro, literalmente, no está escrito. Lo que vaya a ser de Carlos Lombardi depende de los lectores y de su acogida, aunque si estos responden a tenor de las críticas recibidas por la primera novela es de suponer que el personaje tenga aún largo recorrido.

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Autor: Guillermo Galván. Título: La Virgen de los huesos. Editorial: Harper Collins. Venta: Amazon

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