Entramos en Galicia por el norte, casi como quien se adentra en otro tiempo. La primera noche la pasamos en la provincia de Lugo, con esa sensación de frontera invisible que separa lo cotidiano de lo extraordinario. Madrugamos para llegar a la playa de las Catedrales en marea baja, y allí, frente a ese espectáculo de piedra y océano, uno entiende que hay paisajes que no se miran, se sienten.
Al amanecer partimos hacia Lugo. Pasear su muralla es recorrer siglos de historia con cada paso. Llama la atención ver desde lo alto los dos grafitis que han sido reconocidos internacionalmente como algunos de los mejores del mundo, el de una guerrera castrexa y el de Julio César. Es fabuloso ver cómo dialogan con la muralla milenaria.
En la librería Campus de Lugo comprobamos de nuevo cómo estos espacios están reinventándose, abriendo sus puertas a presentaciones y encuentros que convierten la literatura en algo vivo, cercano y necesario.
Desde Lugo dimos el salto hasta Bueu, en la ría de Pontevedra. Allí nos recibió Fernando Miranda, un librero que ha conseguido algo extraordinario: atraer a su localidad a algunos de los mejores escritores del momento. Bueu es ya un punto de encuentro imprescindible, un lugar donde la literatura sucede.
Francisco de Goya no tuvo una relación directa y prolongada con Galicia, pero sí una conexión indirecta a través de su mirada artística y de su tiempo, y sobre todo material. Los museos de Pontevedra, el de Bellas Artes de A Coruña y el del Grabado en Ribeira conservan colecciones de sus series más representativas.
En Pontevedra tenemos una fabulosa primera edición de Los Caprichos, perteneciente a la colección de Alfonso Rodríguez Castelao. No es solo de la primera edición, es de los primeros ejemplares de la misma, pues la estampa nº 45, “Mucho hay que chupar”, se encuentra todavía limpia del arañazo que a mitad de esta primera tirada sufrió la lámina de cobre. Además, el ejemplar que perteneció a Castelao es uno de los escasísimos de la primera edición con comentarios explicativos manuscritos de la época. En España solo hay otros dos.
Examinada la obra de este importante político y artista gallego, y sabiendo que poseyó un ejemplar de los Caprichos, es inevitable percibir la influencia que Goya tuvo en su obra.
En Pontevedra el viaje continuó hacia Vigo, donde Elena, desde su librería Vigo de Papel, ha construido un referente basado en el criterio, las recomendaciones y el amor por los libros. Vigo late con fuerza, y su vida cultural encuentra en espacios como el suyo una de sus mejores expresiones.
En nuestra gira siempre visitamos castillos, que son mi gran debilidad y que intentó inculcar a mi hija. El castillo de Pambre es de los pocos que resistieron a la Revuelta Irmandiña del siglo XV, un levantamiento contra la nobleza feudal que tuvo como objetivo la demolición de fortalezas consideradas símbolos de opresión.
Al día siguiente llegamos a Santiago de Compostela. Hay ciudades que no necesitan presentación, y esta es una de ellas. Entrar en la catedral, ver a los peregrinos abrazarse emocionados en la plaza del Obradoiro, compartir ese instante con mi familia —con Martina descubriendo todo por primera vez— es algo que trasciende cualquier relato. En la propia catedral de Santiago se custodian doce tapices realizados a partir de los diseños del genio de Fuendetodos.
En Santiago también nos encontramos con el escritor gallego Rodrigo Costoya, en la librería Couceiro. Pero Couceiro no es solo una librería: es un espacio donde conviven libros, historia y memoria, con volúmenes y documentos que bien podrían formar parte de un museo. Allí, entre estanterías cargadas de siglos, la literatura adquiere otra dimensión.
El viaje terminó en A Coruña. Su Museo de Bellas Artes conserva una de las colecciones más importantes de grabados de Goya en España, con 233 estampas de sus grandes series: Caprichos, Desastres de la guerra, Tauromaquia, Disparates y las Pinturas de Velázquez reinterpretadas por él. Es uno de los pocos museos que reúne una colección tan completa del Goya grabador, no del pintor cortesano, sino del artista más crítico, oscuro y moderno.
La librería Lume, dirigida por el también escritor Rober Cagiao, es un espacio cultural vibrante, muy cerca de la playa de Riazor, donde tuvimos club de lectura y la última presentación, cerrando una semana intensa, llena de encuentros y de historias compartidas.
Ha sido una experiencia increíble recorrer Galicia, hacerlo con mi mujer y mi hija, y sentir, aunque solo fuera por unos días, que también nosotros formábamos parte de esta tierra. Porque hay viajes que no terminan cuando uno regresa, sino que se quedan dentro, como una certeza: que algunos lugares no se visitan, se viven.



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