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Ganador y finalista del concurso de Historias de animales

Ganador y finalista del concurso de Historias de animales

Rufo el pasmado, de Eduardo Hernández Rosa, @eldelquijote, y Cuervos, de Javier Madrid, son el relato ganador y el finalista de nuestro concurso de historias de animales, patrocinado por Iberdrola y dotado con 3.000 euros en premios.

En esta edición han participado más de cuatrocientos autores, que han podido publicar sus #Historiasdeanimales en Instagram, Twitter y Facebook, además de en sus blogs, y que las han presentado en nuestro foro. El ganador recibirá 2.000 euros, y el finalista, 1.000 euros.

El jurado de este concurso lo han formado los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

A continuación reproducimos sus relatos. El resto puede consultarse a través de nuestro foro. Gracias a todos por participar.

GANADOR

Rufo el pasmado

Eduardo Hernández Rosa

Rufo, un nombre estúpido para un bicho estúpido. Cuando aquel animal peludo, rechoncho y apestoso llegó a mi vida, me sentí el menos afortunado de mis conocidos. ¡Si hubierais visto al anterior que tuve a mi cargo! Ese sí que me hacía sentir orgulloso.

Además de noble e inteligente, era esbelto, de elegantes andares y lucía con orgullo un pelaje blanco y brillante que avivaba su porte distinguido. Lamentablemente, el tiempo siempre escribe el mismo final y Ciro, que así se llamaba, murió a una edad avanzada mientras dormía.

No recuerdo un día más triste. Ni siquiera el día en que me entregaron al inútil de Rufo. Las comparaciones son odiosas.

Rufo se cruzó en mi vida porque no lo quería nadie. Nunca justificaría su abandono, pero lo cierto es que su fealdad no es la peor de sus muchas tachas.

Tiene las patas cortas, el cuerpo flácido, una respiración molesta y pese a que aún es joven, hay zonas donde está perdiendo pelo. Al principio pensaba que se trataba de la muda, pero tiene una parte prácticamente despoblada.

Un amigo de la familia a punto de graduarse en la Complutense, afirma que padece algún tipo de tara genética. Y como ni le pica, ni le duele, ni dispongo de dinero para un especialista, así se queda.

Pese a su lamentable estado, he intentado que se aparee. Durante un tiempo albergué la esperanza de que sus crías salieran más agraciadas y pudiera quedarme con alguna que no me avergonzara. Pero lo cierto es que ni para eso sirve.

Cada vez que salíamos a pasear lo intentaba emparejar con las hembras del barrio, más acostumbradas a verle, pero siempre rehuían o le ignoraban y él acababa cabizbajo y con el rabo entre las piernas. Entre las de él. Que ese era el problema. Así que pronto me di por vencido.

Encima, el muy zote, anda siempre pasmado. Se pasa las tardes tumbado en su colchón rascándose las partes nobles. Si estuviera castrado, al menos me ahorraría esa visión. ¡Y lo que costó que se acostumbrara al baño semanal! Qué cruz.

No os voy a mentir. Pese a todos sus defectos y sus escasísimas virtudes, le tengo cariño. Mucho cariño. Cierto que ni juega, ni corre, ni protege la casa, ni hace trucos. Es más, solo come, caga y mea. Pero me quiere.

Siente auténtica devoción por mí y a mí me nace corresponderle. Es un buen chico y a estas alturas no sabría vivir sin él. Sé que mi deber es cuidarle, ayudarle a mejorar y darle todo el amor que el mundo le niega. No lo puedo evitar. Va en mi naturaleza.

Así somos los labradores. Y supongo que todos los perros. Puede que Rufo García Morales, de cuarenta y dos años, solterón y haragán profesional, no sea el mejor humano del mundo. Pero es mi humano.

 

FINALISTA

Cuervos

Javier Madrid

¡Rapaces! Prestadme atención que no lo voy a repetir. Como cabeza de familia los ojos se los saco yo. ¿Queda claro? Para evitar revuelos dividiremos en partes iguales riñones, corazón y cerebro; en ese orden. Ojo al desgarrar las vísceras que se pone todo perdido. Y por supuesto, nada de picotear. Entiendo que sois pequeños, que los tendones son duros y que tanto pellejo puede resultar correoso, pero como decía mi padre que en paz descanse: “a mal comer o bien comer, tres veces beber”. Y para terminar, con los doscientos seis huesos del esqueleto del abuelo, construiremos un nido en aquel algarrobo de allí.

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