Inicio > Libros > Adelantos editoriales > Gótico americano, de Arianna Farinelli

Gótico americano, de Arianna Farinelli

Gótico americano, de Arianna Farinelli

¿Cómo un joven norteamericano puede terminar en el ejército del ISIS? ¿Cuánto miedo sentimos hacia los que son diferentes a nosotros? ¿Qué es más fuerte, el miedo o el amor? Una chica italiana se casa con un norteamericano de familia italiana y se va a vivir a Nueva York. Ese viaje es una liberación del pequeño futuro que le esperaba, pero al otro lado del Atlántico descubre una sociedad muy cerrada a lo distinto, dividida en grupos que levantan muros contra los otros. Se hace profesora de universidad y allí conoce a un alumno de raza negra y musulmán que será su amante. Con el tiempo, él acaba en el ISIS y el lector puede entender por qué

Zenda reproduce las primeras páginas de Gótico americano, deArianna Farinelli.

Los habitantes de la ciudad de Nínive eran idólatras y vivían de una forma disoluta. Entonces Alá decidió enviarles a su profeta Yunus para inducirlos a que se convirtieran, pero los habitantes de Nínive no quisieron escucharlo. Por mucho que Yunus tratara de convencerles de la futilidad de su idolatría y de la bondad de las leyes de Alá, ellos seguían haciendo caso omiso. Yunus les advirtió de que, si continuaban adorando a dioses falsos, Alá los castigaría. En lugar de temer el castigo de Alá, ellos le respondieron que no les amedrentaban sus amenazas. Por lo que el profeta, airado, decidió abandonarlos a su suerte y se fue de Nínive por temor a que el castigo de Alá no tardara en llegar. Dice el Corán: acuérdate de cuando Yunus se fue airado pensando que Alá no lo castigaría. ¡Cuántas desgracias le sucedieron!

Nada más salir Yunus de la ciudad, el cielo cambió de color y pareció arder. Al verlo, los habitantes de Nínive empezaron a asustarse. Conocían muy bien el destino que le había tocado en suerte al pueblo de Ād, Thamūd y Noé. Poco a poco, la fe tocó sus corazones. Entonces subieron a la montaña y empezaron a implorar la misericordia y el perdón de Alá. Sus lamentos resonaban por todo el lugar. Viendo que su arrepentimiento era sincero, Alá renunció a su castigo y les envió su bendición. La tormenta que los amenazaba se alejó y los habitantes de Nínive oraron por el regreso de Yunus.

Mientras tanto, Yunus había subido a una pequeña embarcación y navegado todo el día en aguas tranquilas junto a otros pasajeros. Al anochecer, de pronto, el mar cambió. Una terrible tempestad se abatió sobre la barca, amenazando con hacerla pedazos. Detrás de ella una gran ballena hendía el agua con la boca. Alá le había ordenado que emergiera del fondo del mar y la siguiera. Viendo que la tempestad no amainaba, el capitán ordenó a la tripulación que soltara lastre. Arrojaron al mar todo el equipaje, pero no bastó. Entonces decidieron aligerar el peso tirando por la borda a uno de los pasajeros. Pensaban que así aplacarían la ira de los dioses. «Echaremos a suertes quién será arrojado al mar», dijo el capitán.

Aunque Yunus no creía en las supersticiones, se vio obligado a participar en el sorteo y precisamente le tocó a él. El capitán y su tripulación no querían tirarlo al mar, pues sabían que era el más justo de todos ellos. Entonces decidieron echarlo a suertes una segunda vez y después una tercera, pero siempre le tocaba a él. Así pues, la decisión estaba tomada: Yunus debía ser arrojado al mar. El profeta subió al puente de la embarcación y vio la tempestad abatirse furiosa a su alrededor. Estaba oscuro. Una niebla negra ocultaba las estrellas. En ese momento comprendió que la mano de Alá estaba en todo aquello que estaba sucediendo. Yunus había abandonado sin su permiso la misión que le había encomendado. De modo que, aceptando la decisión de Alá e invocando su nombre, se arrojó al mar embravecido y desapareció en medio de las olas. En ese momento llegó la ballena y se lo tragó. Sus dientes se cerraron sobre él como los barrotes de una cárcel y después desapareció en los abismos. Tres capas de oscuridad superpuestas lo envolvieron: la oscuridad del estómago de la ballena, la oscuridad del mar y la oscuridad de la noche.

Al principio, Yunus pensó que estaba muerto, pero después se dio cuenta de que podía moverse. Entonces se acordó de Alá e invocó su nombre. «La ilah illa anta subhanaka inni kuntu mina’z-zalimin. No hay otro Dios fuera de Ti, gloria a Ti. He sido un inicuo». Yunus siguió repitiendo esta invocación a Alá. Al oír sus oraciones, la ballena comprendió que se había tragado al profeta. También Alá oyó las invocaciones de Yunus y vio su arrepentimiento sincero. Entonces ordenó a la ballena que volviera a emerger a la superficie.

El profeta salió despedido fuera del vientre de la ballena yarribó a una isla remota. Se había salvado, pero sufría. Su cuerpo estaba cubierto de los ácidos del estómago de la ballena y, cuando el sol se alzó en el horizonte, comenzó a arderle la piel. Yunus siguió repitiendo sus invocaciones. Alá hizo crecer entonces una planta de calabaza para resguardarlo del sol y aliviar su dolor. Dijo a Yunus que, de no haber sido por sus plegarias, habría permanecido en el vientre de la ballena hasta el día del juicio final. Yunus regresó a Nínive y fue recibido con alegría por su gente, y juntos dieron gracias a Dios por su misericordia. El profeta Mohamed ha dicho: «Nadie debería decir nunca que es mejor que Yunus».

—La historia se ha acabado.
Es hora de dormir.Bruna se inclina sobre su hijo. Como cada noche, lo besa en los párpados. Le pasa la mano sobre la frente. Le acaricia la cabeza rizada y le sopla un poco entre el pelo desordenado. Mario ha decidido no volver a cortárselo y, en los últimos meses, le ha crecido hasta los hombros. Le abrocha el pijama con unicornios rosas y lo tapa. Después hace ademán de levantarse, pero su hijo le retiene la mano.
—Quédate un poco más.

Está cansada y querría quedarse sola, pero vuelve a sentarse en el borde de la cama. Minerva duerme ya tumbada de lado, con el pelo negro revuelto sobre la almohada, como serpientes en la cesta de un encantador. El libro que estaba leyendo ha debido de escurrírsele de las manos y se ha quedado abierto en una página al azar, hacia la mitad.

Te esperaré despierta, así me contarás cómo ha ido todo en la televisión.
Pero ha vuelto a casa demasiado tarde. Midtown estaba paralizado por el tráfico debido a las celebraciones electorales de los dos candidatos, ambos con el discurso de la victoria en la mano. Y Minerva se ha quedado dormida.
Tom, el marido de Bruna, está cenando fuera con algunos colegas del hospital. Los niños han cenado solos. Minerva calentó la sopa de pollo, recogió la cocina y obligó a su hermano a lavarse los dientes. Acabó sentada frente a la CNN para seguir los resultados de las elecciones mientras Mario hojeaba un libro de fotografías de Irving Penn y se quedaba dormido encima de la alfombra con la cara aplastada sobre el retrato de Pablo Picasso, que parecía mirarlo por debajo del sombrero.
Se estaba haciendo tarde. En la CNN el color de Pensilvania había pasado del blanco al rosa. Ohio estaba ya en rojo desde hacía una hora, lo mismo que Carolina del Norte. Había mucha expectación respecto a Florida. Pero tampoco ese gran pene en reposo acariciado por las cálidas aguas del Golfo de México, esa inmensa sala de espera del más allá para millones de norteamericanos jubilados, tardaría en ponerse rojo como casi todo el país. En la CNN, el rostro jovial de Van Jones se iba ensombreciendo cada vez más. Antes del final de la transmisión, el comentarista afroamericano lloraría ante las cámaras, preguntándose entre sollozos cómo explicaría todo eso a sus hijos.
Tal y como había prometido a su madre, Minerva había apagado el televisor a las once en punto para acostar a su hermano. A la mañana siguiente tenía un examen de Historia sobre la guerra civil estadounidense, aunque sabía a ciencia cierta que en la escuela sólo se hablaría del resultado de las elecciones.
—Qué historia tan rara… ¿Es auténtica? —pregunta Mario a su madre.
—Es una historia recogida en el Corán y también en la Biblia, en donde Yunus aparece como el profeta Jonás.
—Entonces, ¿Yunus existió de verdad?
—Es posible. O quizá sólo sea una metáfora de como en la vida todo puede cambiar de repente.Bruna baja los ojos y empieza a retorcer el borde de su falda de seda negra.
—Yo tenía un estudiante que se llamaba Yunus —dice tratando de que no le tiemble la voz—. Como el profeta del Corán, él también se dirigió a la ciudad de Nínive, que hoy se llama Mosul.
—Mosul… ¿Está en Estados Unidos?
—No, en Irak.
—¿Y él también acabó en el vientre de la ballena bajo tres capas de oscuridad?
—Sí, él también.
—¿Y también fue salvado por Dios, que ordenó a la ballena dejarlo ir porque era un hombre justo?
Intenta responder, pero se le hace un nudo en la garganta. Han empezado a temblarle las piernas. Sigue apretando el borde de seda negra dentro de su puño, como si tratara de aplastar esa oscuridad. Mario le coge entonces la cara entre las manos y le acaricia suavemente las mejillas, por donde las lágrimas han empezado a caer marcando regueros muy claros en el espeso maquillaje televisivo.
Bruna se muerde los labios, odiándose por haber flaqueado delante de su hijo. Les he mentido a todos, se repite desde hace días. ¿Qué pensarán de ella sus hijos? ¿Y Tom? Y Yunus, ¿cómo ha podido engañarla? Se fiaba de él. Después se seca las lágrimas y se vuelve hacia la cama de Minerva para asegurarse de que su hija no se ha despertado. Sabe que no le dejaría escapatoria. Pero el ritmo regular de su respiración no ha cambiado. Duerme.
Vuelve a besar a Mario en los párpados. Él entonces le rodea el cuello con los brazos para acercarla más hacia sí. La besa en los labios, que ella se ha mordido para reprimir el llanto, apareciendo una gota de sangre en la herida.
—Duerme —le dice arreglándole una vez más las sábanas—. Mañana llegará enseguida.
Se levanta y apaga la lámpara roja que Mario tiene junto a la cama. Parece un pequeño extraterrestre con un solo ojo que cada noche le promete velar el sueño de sus hijos.
La casa es oscuridad y silencio. También ella parece encontrarse bajo tres capas de oscuridad. La capa protectora de su propia casa, donde sólo la obstinación de las contraventanas de madera consigue mantener fuera la claridad insomne de la calle; la indiferente del edificio en el que vive, doscientas viviendas y más de quinientos inquilinos, de los que, después de tantos años, no conoce a casi ninguno; y finalmente la oscuridad de fuera, la que se libra de la luz deslumbrante de la ciudad, donde parece de día cuando es de noche.
El resplandor sideral de los rascacielos. El fulgor seductor de los locales. Las luces hipnóticas de las pantallas gigantes. Bajo la taza del Dunkin’ Donuts Coffee desfilan triunfantes las cotizaciones del NASDAQ. Fuerte, fortísimo, fortisísimo. El Dow batirá todos los récords. Dieciocho mil puntos antes de las elecciones, veinticuatro mil un año más tarde. Less taxation, less regulation. Lo que es bueno para Wall Street lo es también para Main Street.
Pero la oscuridad resiste, no se rinde. Se esconde en las callejuelas estrechas, entre los edificios de las casas populares. En las tiendas desalquiladas clausuradas con cierres oxidados. Bajo los pasos elevados de la autopista, entre los cartones de los sin techo. En el barranco de Belmont Park, entre los detritus de jeringuillas usadas.
La gente dice que no existe, porque nadie lo quiere admitir. Pero existe verdaderamente una ciudad subterránea.

—————————————

Autor: Arianna Farinelli. Título: Gótico americano. Editorial: DeConatus. Venta: Todostuslibros y Amazon

3.5/5 (2 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest
0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios