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Hechizos balcánicos

Gueorgui Ráichev nació en una pequeña aldea búlgara en 1882 y falleció en Sofía en 1947. Esta antología compuesta por siete relatos es la primera muestra de su quehacer literario vertida a lengua castellana, aunque ciertamente algún relato suyo fuera publicado en Cuba hace años en el contexto de una compilación consagrada a escritores búlgaros.

Siete narraciones escritas en los primeros años 20, tres de ellos con relatos de cierta extensión, uno de ellos, “Pecado”, casi una novela corta. La edición, desde el punto de vista de la materialidad del libro, es impecable, como seguramente lo sea la traducción. Se incluye información sobre el autor, en la contraportada y la solapa, pero los editores deberían haber sido más generosos en la exposición de elementos biográficos y bibliográficos. El articulo correspondiente de Wikipedia está en búlgaro y no es nada del otro mundo. Las referencias críticas fragmentarias, obra de académicos o de estudiantes que presentan trabajos, con los que provee ChatGPT, son de una pobreza conceptual “convulsa”, sirviéndonos sin pudor y de manera invertida de la expresión de Breton. El semibestialismo de las masas en nuestra sociedad, hoy la Metrópolis de 1927, tan alemana y tan nazi, se encuentra en todas partes, despliega un desarrollo paralelo en los burócratas especializados en el triturado conceptual de las Humanidades, una “tradición” que prolonga los criterios materialistas marxistas que durante décadas ahogaron gran parte de la literatura europea con sus proletarias consignas y una censura omnímoda.

"La problematización de las elecciones morales, el asunto del crimen y el castigo, está presente en la mayor parte de estas fantasías"

Problemas económicos familiares impidieron su graduación. No obstante, vivió como funcionario de la Administración de su país gran parte de su vida. En 1922-23 fue enviado a Múnich en el curso de sus actividades como bibliotecario del Ministerio de Finanzas y de la Asamblea Nacional. Allí entró en contacto con las vanguardias europeas, principalmente con el expresionismo, asunto que marcaría una parte de su obra, en concreto los relatos contenidos en esta antología.

Con anterioridad desarrolló tareas de periodismo bélico durante las guerras balcánicas (1912-13) y la Gran Guerra. Se ha calificado este viaje a Alemania como “transformador” pero, como percibirá el lector de estos relatos, la etapa bélica seguramente fue tanto o más significativa que las lecturas de Poe y Hoffmann, que obviamente se hacen notar. Y es que aquellos que esperen encontrar en este volumen una antología de relatos fantásticos quedarán algo desorientados. “El desconocido”, una de las piezas más logradas, con la que se cierra la antología, donde uno de los personajes lee un libro de Maupassant, entraría perfectamente en las convenciones del género. Como lo haría también el relato que le precede, “Carnaval”, organizado en torno a muy potentes imágenes oníricas poseedoras de una contextura netamente cinematográfica. Sin embargo en “Pecado”, el relato de mayor extensión, pleno de imágenes desbordantes de sordidez y de violencia insertas en un melodrama rural, lo mortífero, lo diabolista, que no lo diabólico, se diluye en la irracionalidad y turbiedad de las pasiones humanas que tan magistralmente supo modular Dostoievski, gracias precisamente a creencias espirituales ausentes en Ráichev.

"El eterno femenino está sometido a las más crueles determinaciones papirofléxicas en un mundo en crisis"

La problematización de las elecciones morales, el asunto del “crimen y el castigo”, está presente en la mayor parte de estas fantasías, algunas de ellas deudoras de la influencia de Sigmund Freud sobre el autor. Ejemplo muy claro de estos se da en los relatos “Miedo y locura” o en el muy expresionista y fragmentario, caligaresco, “Imágenes de sueños”, por lo demás uno de los más logrados e inquietantes, por la desorientación que la mecánica narrativa del autor imprime a los acontecimientos. La transición del autor desde el modernismo simbolista, con su mitificación positiva de la infancia, como ocurriera en Lovecraft, a un realismo “diabolista”, repelente concepto académico este, es la preocupación básica de los críticos a los que podemos perfectamente obviar.

Este desplazamiento es producto de concentrar una mirada desesperanzada e intensa en el mundo interior, sin la salvaguarda de creencia o simbología espiritual alguna. Algo siniestro hay, en cualquier caso, en la foto que encontramos de Ráichev en Internet. La conversión del ser humano a la irracionalidad mediante el miedo, el pecado, los celos o la guerra son motor de casi todas estas historias. A destacar en ellas la presencia polifacética pero muy inteligentemente lograda de los personajes femeninos. El eterno femenino está sometido a las más crueles determinaciones papirofléxicas en un mundo en crisis, donde no solo se desvanece el marco protector comunitario de la sociedad campesina sino que salen a la luz todos esos demonios que Dostoievski certificó como pertenecientes a un nihilismo demoníaco, provocado este último por un fuerte trastorno de las conciencias. El momento histórico en esta zona del mundo no daba para menos. Ejemplo significativo de esto es Lina, una historia de amor donde se transita entre la pasión, la búsqueda de la armonía y la desviación, desembocando inevitablemente, por la ceguera y superficialidad de sus personajes, uno de ellos “el artista”, en el crimen.

"Elka Constantinova considera que Locura no es un relato fantástico sino que inaugura un nuevo modo narrativo: el psicologismo analítico del trauma"

“Locura”, sin embargo, el relato que da título a la compilación, recoge en la deriva alucinatoria de sus personajes la autentica influencia determinante en el autor: la guerra, a la que asistió en calidad de corresponsal y que tuvo sin duda una gran influencia no sólo en las imágenes, sino también en el estilo. La Academia búlgara, en boca de una de sus especialistas, Elka Constantinova, que desempeñaría el cargo de ministro de Cultura entre 1991-1992, considera que “Locura” no es un relato fantástico sino que inaugura un nuevo modo narrativo: el “psicologismo analítico del trauma”.

Es necesario destacar que Bulgaria es una nación muy especial. Liberada a finales del XIX del yugo otomano, vivió durante estos tiempos momentos muy amargos y significativas vicisitudes. Y además por adelantado. La Gran Guerra vino precedida por las dos guerras balcánicas, y en ambas jugó un papel decisivo Bulgaria. Después, tras la Segunda Guerra Mundial, se sumió en la gris pesadilla distópica estaliniana de la que Ráichev disfrutó poco, por morir en 1947. Su obra comenzaba a tener problemas por no cumplimentar los limites propuestos por el “realismo socialista”.

Una antología interesante que nos pone en contacto con una literatura europea para nosotros exótica. La exploración de los aspectos oscuros de la psique es plenamente compatible, en la narrativa de Ráichev, con la presencia de personajes convincentes dotados de una rara intensidad. Escribió también cuentos infantiles que alcanzaron gran difusión.

El diablo es el Inconsciente desbocado…

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Autor: Gueorgui Ráichev. Título: Locura. Traducción: Marco Vidal González. Editorial: Caleidoscopio. Venta: Todostuslibros.

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