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Iñaki López: «Stephen King tiene novelas que son obras de arte»

Iñaki López: «Stephen King tiene novelas que son obras de arte»

En alguna ocasión habrá pensado el espectador de La Sexta Noche que Ángel Cristo era un domador de fieras aficionado si se le compara con el presentador de este espacio, Iñaki López (Portugalete, 1973). En esta arena audiovisual del siglo XXI, donde los gladiadores de la palabra no derraman sangre, sino saliva —por fortuna, claro—, mientras ponen sus gritos en el cielo, el comunicador vasco lidia con miuras antagónicos como Eduardo Inda y Elisa Beni, Francisco Marhuenda y Xavier Sardá, etcétera. Lo hace de pie, durante cinco horas, con sentido del humor y paciencia, «virtud vencedora» (Quevedo), en un espacio que es hijo inevitable de sus días. La nueva política que se hace y se deshace en España es una fuente apasionante e inagotable —aunque, a veces, agotadora— de tramas que supuran suspense, tremendismo, humor y tragedia. Por eso es la tertulia televisiva de referencia de la noche del sábado desde enero de 2013.

"No me tomo estas cosas muy en serio. Al final, esto es televisión. Todo lo que debatimos sólo sirve para que la gente reflexione un poco y se haga una idea, más o menos completa, de lo que ocurre en este país, pero no se toman decisiones"

Pese a que el debate político es la columna vertebral del programa, La Sexta Noche también es un espacio al que acuden cantantes, actores, cineastas y escritores. Zenda quería conversar con el comunicador de eso, de cultura, y, sobre todo, de dos de sus pasiones: el rock&roll y la literatura. López se declara fan del cómic, de Stephen King y de La conjura de los necios. Lee ensayos sobre música y se gasta el dinero sacando vinilos con un sello propio. De todo ello conversamos aquí:

—Me ha contado Cristina Pardo que usted es proclive a confundir al personal. ¿Qué le ocurrió con Gento?

—(Risas) Pues que lo confundí con el padre Ángel. El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, me puso delante de cinco o seis señores de avanzada edad, y me dijo: «Iñaki, este es Gento, una leyenda». Claro: Gento me sonaba, pero no es de mi época. De hecho, no soy un gran-gran aficionado al fútbol. Entonces, estreché la mano al que creía que era, y era el padre Ángel. A quien, por cierto, ya había entrevistado. Le pedí disculpas. Gento se lo tomó con muy buen humor.

—Cristina Pardo, a quien ha llamado, por cierto, Pedroche, Almeida…

—Sí, sí. Cristina es una periodista increíble y tiene un libro muy bueno sobre el PP.

—Hace poco hablé con ella y me dijo que no pensaba volver a escribir.

—Pues es una pena, porque es un libro que está muy bien. Es muy divertido y cuenta cosas muy interesantes.

—Señor López, ¿cuánto gasta usted en antiácidos?

"Pero también es cierto que, como al final lo diferente es lo que vende, empieza a aparecer en los tertulianos políticos una nueva tendencia: la de escuchar e, incluso, abrir la posibilidad de dejarse convencer"

—(Risas) Pues gasto poco. No me tomo estas cosas muy en serio. Al final, esto es televisión. Todo lo que debatimos sólo sirve para que la gente reflexione un poco y se haga una idea, más o menos completa, de lo que ocurre en este país, pero no se toman decisiones. No somos el cuerpo legislativo de este país y, por lo tanto, no hay que perder el sentido del humor. A veces parece que lo perdemos en el programa, pero no, sabemos dónde estamos.

—¿Cómo lidia con esta gente?

—Con mucha paciencia, procurando no perder el sentido del humor, porque soy el único que no se puede permitir ese lujo, y no olvidando que estamos haciendo un programa que, además de informativo, es de entretenimiento. Estamos en un electrodoméstico como es la televisión. Hay que quitarle hierro a este asunto.

—¿Qué le ha hecho a su extertuliano Alfonso Rojo para que le odie tanto?

"Yo soy más comunicador que periodista. Para mí, periodistas son personas como Ignacio Escolar, Urreiztieta, Inda y otros profesionales que se dedican a la búsqueda de información. Yo soy más un comunicador"

—No considero que seamos enemigos, ni mucho menos. Alfonso Rojo tiene sus cositas con el grupo para el que trabajo y él las paga atacando a sus profesionales. Bueno… es un poco su estilo. No voy a entrar en debates. Tampoco leo lo que publica o lo que escribe. Al principio me divertía un poco, pero a medida que vas viendo que tampoco innova mucho en su paleta de insultos… Yo no le he hecho nada. Un día, él tuvo que salir del programa por insultar a quien ahora es alcaldesa de Barcelona, haciendo referencia a si está gorda o deja de estarlo. Se le invitó primero a disculparse, no lo quiso hacer, y se le invitó después a marcharse. Y no ha vuelto, porque tenemos tertulianos mejores, nada más. Pero yo no le considero enemigo ni mucho menos. De hecho, me parece un periodista curioso, un comunicador hábil y creo que tiene una pluma divertida. Es un tipo divertido.

—Hay una cosa que me irrita y/o me aburre de los tertulianos periodistas, y es la de que ya sé qué moto van a intentar vender. De un político me lo espero; de un periodista también, pero me gustaría no esperarlo.

—Es verdad que, muchas veces, los tertulianos tienen muy claro qué van a decir, pero tienen serios problemas para escuchar. Ahí muchos de ellos deberían mejorar. Pero también es cierto que, como al final lo diferente es lo que vende, empieza a aparecer en los tertulianos políticos una nueva tendencia: la de escuchar e, incluso, abrir la posibilidad de dejarse convencer. Un tertuliano se escoge por dos motivos: uno, porque sea vehemente, que tenga capacidad de comunicación, concisión, que sea creativo, que sepa hacer titulares, etcétera, y dos, por su agenda de contactos. Tenemos muchos tertulianos cuyo principal valor es la nutrida agenda de contactos que tienen. Sabemos que muchas veces estamos hablando de cuestiones políticas con políticos como protagonistas, y que ese tertuliano tiene en su agenda a muchos de los protagonistas del debate que le están mandando información por WhatsApp. Eso es oro para nosotros, lógicamente.

—¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

"A pesar de que quizá no le quede mucho tiempo de carrera, porque supera los setenta años, aunque está estupendo, yo, por hacer un par de bolos con John Fogerty lo abandonaría todo"

—Sobre todo, lo que he aprendido. Mi carrera profesional, en un primer momento, no la había dirigido a… (Piensa) Yo soy más comunicador que periodista. Para mí, periodistas son personas como Ignacio Escolar, Urreiztieta, Inda y otros profesionales que se dedican a la búsqueda de información. Yo soy más un comunicador. Al principio, cuando estaba en ETB, orienté más mi carrera hacia el entretenimiento. Es verdad que he acabado en las garras de un programa político, y lo bueno de eso es lo que aprendes. Lo interesante es salir de tu zona de confort como comunicador, probar formatos absolutamente distintos. La política lo era. Más, un programa donde se habla de economía. Yo no tengo ni idea de economía. Soy licenciado en Ciencias de la Información con unos conocimientos nimios de economía. Creo que dimos una asignatura de Historia de la Economía y otra de Estadística. No sé más. Y hemos aprendido, además, a bajar la alta economía al suelo, para que todo el mundo la entienda. No sólo para las abuelas, sino para que yo sea capaz de saber qué es la inflación, la deflación, la deuda o la prima de riesgo. Y es uno de los grandes logros de este programa. También es verdad que si los programas de política ahora mismo están triunfando es porque ni los guionistas de Netflix serían capaces de hacer un guión que mejore la realpolitik de este país. Son espectaculares los giros que pega la política en este país. Cada día te levantas con un nuevo escándalo, con un nuevo giro de argumento… La realidad está superando en todo momento a la ficción y, claro, con unos argumentos tan estupendos y unos guionistas tan fantásticos como son los políticos españoles, pues el éxito de este programa estaba asegurado.

—He leído que abandonaría la televisión para girar con John Fogerty.

—Sí. Claro, estas son cosas que se dicen porque como sabes que nunca van a ocurrir… Yo soy muy fan de la Creedence. Cumplí el año pasado un viejo anhelo. Me regaló la entrada par ir al Azkena Festival Andrea (Ropero). A pesar de que quizá no le quede mucho tiempo de carrera, porque supera los setenta años, aunque está estupendo, yo, por hacer un par de bolos con John Fogerty lo abandonaría todo.

—Le gusta mucho el rock. Su casa está llena de carteles, de discos…

—¡Y aquí no tengo nada!

—Por tener, tiene hasta un sello: Hot45 records.

"Cuando entrevistas a un político en activo, corres el riesgo de que no se salga del guión establecido por su partido. Y eso es un riesgo porque, al final, la entrevista es plana"

—Somos tan absolutamente románticos que sólo editamos singles en vinilos de grupos de rock&roll o de grupos de blues. No hacemos CD. De hecho, ahora vamos a sacar un EP con Mike Sánchez, que es un pianista que ha tocado con Jeff Beck, con Bill Wyman, y que ahora vive en España, en Ávila. Él es inglés, pero sus padres eran de Ávila. Ha vuelto al pueblo de sus padres sin saber castellano, se ha instalado en Ávila y es enormemente feliz. Y hemos contratado para acompañarlo a Los Limbos, que es una banda fantástica de jazz, de rhythm & blues, unos chavales de treinta años de Madrid. Hay gente que se gasta el dinero en drogas; yo me lo gasto en sacar vinilos, cosa que no da rendimiento económico alguno. Es ruinoso. Pero somos románticos.

—Cuando ha entrevistado a Bunbury, a Fito o al Loco se le nota, perdone la cursilería, cierto brillo en la mirada que no tiene, por ejemplo, con Pablo Echenique.

—Sí, es diferente. Bueno, hay una diferencia importante, de todas formas, cuando entrevistas a un político que está en activo a cuando está retirado. Cuando está retirado, me acuerdo, por ejemplo, de la entrevista a Barrionuevo, es diferente. Porque ya no está sometido a la disciplina del partido, se expresa con mucha más libertad, opina y va más al fondo de las cosas. Cuando entrevistas a un político en activo, corres el riesgo de que no se salga del guión establecido por su partido. Y eso es un riesgo porque, al final, la entrevista es plana. No me va a contar nada nuevo ni me va a dar siquiera su opinión, sino la de su partido. Pero cuando un político lleva jubilado unos años, y cuantos más, mejor, te da unos titulares espectaculares. Y analiza la actualidad como no lo hubiera hecho cuando estaba en el cargo.

—¿De qué refugia el rock&roll?

"Hay libros sobre política que me son más densos que otros que son novelas y se leen más fácilmente. Me pasa con la literatura lo que con la música. No sólo la utilizo como refugio para llenar momentos vacíos de mi ocio"

—(Piensa) Siempre me ha refugiado de todo. Probablemente, de mí mismo: de mi ansiedad, de mis dudas, de mis temores, de mi hipocondría, de la soledad. Muchas veces no es refugio: me acompaña, es puro hedonismo… El rock&roll, el blues, mis discos me llevan a otros estados de ánimos muchas veces. Y a veces me pongo música cuando estoy animado y espirituoso. Es algo a lo que recurro por mil motivos. Para relajarme, para disfrutar, para animarme antes de salir, para buscar inspiración…

—¿Y de qué refugia la lectura?

—La lectura la ataco con muchos motivos. Últimamente, sobre todo, desde el punto de vista profesional: procuro leerme los libros de los autores que me visitan, lo cual no siempre es posible. A veces tengo dos autores en la misma semana, el libro, como es de estreno, me ha llegado hace pocos días, y es difícil.

—Y no todos tienen 200 páginas.

—Exactamente. Y, sobre todo, porque no todos son de temas que me llenen o me interesen. Hay libros sobre política que me son más densos que otros que son novelas y se leen más fácilmente. Me pasa con la literatura lo que con la música. No sólo la utilizo como refugio para llenar momentos vacíos de mi ocio. Hay veces, incluso, en que no me leo un libro entero. A veces, ese libro ha cumplido esa función cuando he leído cinco o seis páginas del mismo. Porque estoy buscando una anécdota sobre un tema que me interesa, porque estoy buscando información sobre una cuestión que me llama la atención… Luego, algunas veces, sobre todo con los que me tengo que leer por cuestiones profesionales, hago… ¿cómo se llama? ¿Lectura…?

—En diagonal.

—¡Eso! Me hace mucha gracia esa expresión. En realidad, es leerte un libro mal.

—¿Recuerda cuál es el primer libro que leyó?

"Siempre me ha gustado la ironía, siempre me han gustado los autores mordaces, y La conjura de los necios, en ese sentido, es un libro muy divertido"

—Perfectamente, porque lo conservo. Tendría seis o siete años, y no me apetecía nada, daba mucha pereza tener que enfrentarte a un libro. Pero recuerdo perfectamente que era El pirata Garrapata, un libro de ediciones Barco de Vapor. Me acuerdo que los libros eran de colores: azul, naranja… marcaban una edad concreta para leerte el libro. Eran libros que te mandaban leer en clase y, de alguna manera, eran entretenidos. Luego, sin preparación, sin aviso previo, en el colegio pasaban a mandarte El sí de las niñas, de Moratín.

—A mí me tocó La regenta, ese bostezo de cemento.

—Por supuesto. O el Lazarillo… Me llamó la atención que no hubo ningún tránsito entre los libros de lectura infantiles y los clásicos españoles. Recuerdo El pirata Garrapata perfectamente. Todos los del Barco de Vapor eran de lectura obligatoria. Los leíamos todos los niños españoles aquellos años. Y conservo El pirata Garrapata lleno de dibujos y de anotaciones.

—¿Alguna obra que alimentara su vocación comunicadora?

—Que alimentara mi vocación no; que me diera pistas… Siempre me ha gustado la ironía, siempre me han gustado los autores mordaces, y La conjura de los necios, en ese sentido, es un libro muy divertido. Y siempre me ha fascinado la historia de ese libro.

—Pobre John Kennedy Toole.

"Me gusta mucho la novela, el ensayo… Mi padre tenía un gusto enorme por la poesía, pero siempre me ha costado más entrar"

—Que se suicida ante la imposibilidad de publicar una de las obras maestras de la literatura de humor de nuestro tiempo. Lo leí por recomendación de mi padre, que era un ávido lector. Muchas veces, cuando no encuentro nada en la librería, voy a casa de mi madre. Mi padre ya falleció, pero mi madre conserva sus libros. Y muchas veces pillo ahí. De hecho, hace un par de semanas, pillé Y al tercer año resucitó, de Vizcaíno Casas. No lo conocía. Me pareció, por un lado, tremendamente actual y, por otro, me pareció un ejercicio muy curioso porque, hace poco, me he leído Ha vuelto

—De Timur Vermes. Divertidísimo.

—Está muy bien, infinitamente mejor que la película. Y me doy cuenta de que ya se escribió en España algo parecido en el año 78 o 79. No conocía ese libro, me lo cogí y lo tengo pendiente de leer.

—Recuerdo que, en Ha vuelto, Hitler utiliza la televisión para difundir su mensaje.

—Trabaja en un canal de televisión, sí. Lo fichan como tertuliano, le dan su propio programa, se convierte en un telepredicador político y, claro, eso está muy relacionado con mi trabajo. Y me gustó.

—¿Prefiere novela, poesía, ensayo…?

—Me gusta mucho la novela, el ensayo… Mi padre tenía un gusto enorme por la poesía, pero siempre me ha costado más entrar. Lo he intentado un par de veces, pero me crearon una especie de trauma con la poesía.

—¿Cómo le crearon ese trauma?

"Stephen King es un tipo que ha ayudado a que a mucha gente le guste la literatura. No tengo ninguna duda"

—Pues no lo sé. Con el tiempo, he redescubierto a muchos autores que no me supieron vender en la etapa escolar. Te obligaban a leer libros que no llegabas a entender. Con nueve años, te obligaban a leer El Principito. La primera vez que lo leí no lo entendí. Luego me obligaron a volver a leerlo en la universidad, y entonces lo entendí mejor, vi las metáforas, etcétera. Pero me pareció un coñazo cuando lo leí con nueve o diez años. Quizá hay libros que nos recomiendan a una edad que no es la más adecuada. Es una pequeña crítica que yo hago. No sé si esto habrá cambiado en el sistema educativo, supongo que no.

—Para la selectividad, recuerdo que las lecturas a elegir eran El árbol de la ciencia, de Baroja, y Luces de bohemia, de Valle. Juzgue usted mismo.

—Fíjate. Por ejemplo: entre las novelas del Barco de Vapor y los clásicos españoles, pues hay ahí un hueco muy difícil de cubrir si no te aficionas luego bien a la lectura. Me aficioné por libros de Jack London, que tenía mi padre. Por novelitas por Sven Hassel, que escribía sobre la II Guerra Mundial. Y con Stephen King, por supuesto.

—¡Hombre! ¡Ahí comulgamos!

"¿Sabes lo que pasa? Que yo a la Santísima Trinidad la cambio muy a menudo. Ahora mismo, me he enamorado de un ensayo sobre blues que se llama Blues: La música del Delta del Mississippi"

Stephen King construye unas historias maravillosas. Tiene novelas que son obras de arte. Carrie es estupenda. Yo era muy fan de Christine. It es una novela fantástica. Luego, es verdad que en otras se repite, pero muchas veces se le ha tildado de literatura basura, y me parece una barbaridad. Stephen King es un tipo que ha ayudado a que a mucha gente le guste la literatura. No tengo ninguna duda. Aquí no tengo ninguno, pero en mi casa de Bilbao habrá como veinte. Recuerdo perfectamente al profesor de literatura introduciéndonos en la literatura de terror a través de Edgar Allan Poe.

—Mucho más denso que King.

—Es más áspero. Es decir, tienes 14 años, espérate unos cuantos más… Stephen King me parece fundamental. Luego, mucha gente le juzga por las películas que se han hecho sobre sus novelas, que, salvo El resplandor, no han tenido mucha fortuna.

—Me estoy acordando de Cujo.

—¡Hombre, era de las clásicas!

—Un libro muy diferente a la película, sobre todo, en lo que respecta al niño.

—No tenía nada que ver la película con la novela. Es verdad que lo mismo desde hace quince años no leo nada de Stephen King, y no sé por dónde va…

—Pues léase 22/11/63, sobre un tipo que quiere evitar el asesinato de Kennedy. Es maravilloso.

—Me lo leeré. ¿Qué será, de mil páginas, como nos acostumbra el maestro?

—Es de las tochas, sí. Un tipo descubre un túnel del tiempo y busca a Lee Harvey Oswald para cargárselo.

—¡Joder! Pues me la apunto.

—¿Qué obras conformarían la Santísima Trinidad de su biblioteca?

"Yo tenía a autores endiosados hace diez años de los que ya ni me acuerdo. Y luego es que soy muy anárquico con las lecturas"

—¡Uy! ¿Sabes lo que pasa? Que yo a la «Santísima Trinidad» la cambio muy a menudo. Ahora mismo, me he enamorado de un ensayo sobre blues que se llama Blues: La música del Delta del Mississippi. Es un tocho maravilloso, de Ted Gioia. Es la historia del blues novelada. Cómo John Lee Hooker, Robert Johnson, etcétera, llegaron a convivir en la misma plantación, llegaron a pasar por la misma prisión del estado de Tennessee, donde incluso la música estaba prohibida… Es una historia apasionante de una música que estuvo prohibida, perseguida, interpretada por lo más paria de la sociedad, por los que no tenían no sólo derechos, no tenían dinero…

—No tenían ni instrumentos: hay grabaciones en las que el instrumento son las palmas de las manos.

—Efectivamente. Incluso cogían una cuerda de nailon sujeta entre dos clavos en un palo y tenían la capacidad de sacar música de aquello. El libro llega a la conclusión, que me parece muy poética, de que si el estado de Mississippi no hubiera sido lo más pobre y atrasado de EEUU, no se hubiera desarrollado esta música. Es duro decirlo, pero el libro llega a esa conclusión: si esa gente no hubiera sido tan pobre de solemnidad, tan analfabeta, tan perseguida por la ley, tan carente de derechos como de dientes, igual no hubiéramos tenido uno de los grandes géneros del que después viene todo. De Robert Johnson viene todo. El libro te hace una lectura de todo el entramado social y económico de la época y es absolutamente espectacular. Este libro acaba en los años sesenta-setenta, cuando se produce un nuevo interés del blues y cómo músicos que, en realidad, nunca habían triunfado, que igual habían sacado tres o cuatro discos pero que trabajaban en un tractor o estaban en la cárcel, o eran fontaneros o torneros fresadores, resulta que estalla el interés por el blues a través de los Beatles o los Stones en Gran Bretaña y, un día, van a su casa para llevárselos de gira mundial. Y es gente iletrada que, de repente, se encuentra en un estadio, por cierto, tocando sólo para blancos: el revival del blues sólo interesa a los blancos; los negros identifican al blues con la música de la esclavitud. Y, luego, siempre suelo leer muchos cómics. Hay una novela gráfica, que es como se llama ahora, que es El sheriff de Babilonia, que es una historia policíaca en el Bagdad de la postinvasión. Te cuenta todo el entramado de intereses entre grupos yihadistas, entre el ejército, entre los contratistas… Todo ello, en torno al asesinato de un recluta iraquí de una nueva policía que están entrenando para que lleven la seguridad del país cuando los americanos se retiren. (Piensa) Todo depende. Yo tenía a autores endiosados hace diez años de los que ya ni me acuerdo. Y luego es que soy muy anárquico con las lecturas. Por ejemplo, me lo pasé muy bien leyendo a Javier Reverte, su historia del general Modesto, un general republicano de la Guerra Civil. Nunca he sido muy mitómano con ningún autor en concreto. Siempre me han gustado los temas más que los autores en sí. Sí que tengo más autores de referencia en el mundo del cómic. Por ejemplo, Will Eisner, que es un tío que escribe serie negra y dibuja serie negra. Y en ciencia ficción, Richard Corben es sorprendente, maravilloso. O el Bukowski del cómic, Robert Crumb.

—¿Algún autor u obra que no soporte?

—(Piensa) Tiene que haber… Le tengo mucho cariño, porque me leí además El último trayecto de Horacio Dos, a Eduardo Mendoza, pero, aparte de ese libro, me ha costado mucho… Y luego, exceptuando La colmena, nunca he podido con Cela. Me ha costado mucho. No me ha enganchado. Quizá tuvo que ver que una de las novelas que me mandaron en la universidad era Cristo versus Arizona, ese tocho sin puntos ni comas.

—Y sin párrafos.

—Efectivamente. Y La colmena me gustó… Luego, muchas veces me cuesta leerme los premios Planeta (risas).

—Como titule por ahí, prepárese en su grupo…

—(Risas) El del año pasado, Javier Sierra, está bien. No me he leído el de este año. Pero ha habido veces que me ha costado mucho.

—¿Algún personaje del que se haya enamorado?

"Las verdades fundamentales están todas recogidas en los libros, pero tú sigue leyendo y verás cómo alguien te plantea otra verdad que niega la verdad que tú creías como fundamental"

—Joé, pues de Ignatius Reilly, de La conjura de los necios. Me parece absolutamente maravilloso, tan humano… Mola mucho. Luego están los personajes míticos y heroicos, pero a mí, más que los Alatristes, me hacen más gracia los Ignatius. Los personajes perdedores me gustan más, me parecen más entrañables. La conjura de los necios es el libro que más me he leído. Y el personaje de Ignatius Reilly… Es que hay muchas facetas en que te reconoces. Y que reconoces a personas muy cercanas.

—¿Alguno al que haya querido enviar a una cena con Inda y Elisa Beni?

—Por ejemplo, a Falcó, de Pérez-Reverte. Es verdad que hay veces que lo mandaba de cabeza. No sé si para castigar a Falcó o a los tertulianos.

—¿Qué está leyendo ahora?

—Me lo regalaron por mi cumpleaños. Es la biografía de Johnny Halliday de Felipe Cabrerizo. Acabo de empezarlo, llevo muy pocas páginas.

—Para terminar, ¿ha encontrado en los libros alguna verdad fundamental?

—Tantas que, ahora mismo, no te las podría citar. Encuentras de todo: desde verdades hasta desmentidos de verdades que creías fundamentales, puntos de vista diferentes, inspiración… Las verdades fundamentales están todas recogidas en los libros, pero tú sigue leyendo y verás cómo alguien te plantea otra verdad que niega la verdad que tú creías como fundamental. Yo, cuanto más leo, más dudo de todo. Y menos certezas tengo. Y eso está bien.

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