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Inolvidables, de Juan Cruz

Inolvidables, de Juan Cruz

La primera vez que Juan Cruz entrevistó a alguien tenía trece años. Le fascinó. Y de esa pasión sale este libro que recoge una treintena de sus mejores charlas: Jorge Semprún, María Zambrano, Günter Grass, Mario Vargas Llosa, Javier Marías…

En Zenda ofrecemos el preámbulo de Inolvidables: La pasión de entrevistar (Galaxia Gutenberg), de Juan Cruz.

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PREÁMBULO

Verdaderamente inolvidables

La primera vez que hice una entrevista yo tenía trece años y mi madre me puso una escalera chica para que llegara al teléfono de baquelita que había en la casa. El teléfono era el 125 del Puerto de la Cruz, Tenerife.

Entonces mi pasión (que se mantiene) era el fútbol. Mi primer entrevistado fue un militar del ejército de Franco que entrenaba al equipo de mi pueblo. Le hice las preguntas como si fuera un profesional, y mi madre me miraba por si me caía de aquella escalera chica que ella me había proporcionado. Ella me hizo periodista, porque creyó que este era un oficio de buena gente, mientras que mi padre opinaba lo contrario.

Muy pronto el periódico que me acogió, el semanario Aire Libre, que combinaba deportes con pasatiempos más o menos literarios, me encargó otras aventuras, y a los quince años ya forma ba parte de una redacción que fue la primera de mi vida. Luego fui por muchos sitios del mundo, y jamás he sentido que preguntar fuera un oficio circunstancial: es, al contrario, la esencia de lo que sirve para saber. Si no preguntas no llegarás a ninguna parte. Periodista, decía Eugenio Scalfari, es gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente. Mirar es preguntar para saber.

Cuando tenía edad como para parecer mayor, el periódico que luego se fijó en mí, El Día de Tenerife, me encargó que entrevistara a Julio Caro Baroja, el sobrino de don Pío. Mi madre me compró una corbata y otras ropas de vestir para estrenarme en esa voluntad ya cotidiana de hacer preguntas a la gente. Cuando le pregunté al sobrino de Baroja yo sabía que tocaba un tesoro y seguí preguntando para toda la vida. Don Julio me puso una dedicatoria: «A Juan Cruz Ruiz, en un hotel superburgués de Tenerife». La guardo como oro, porque luego no pedí tantos autógrafos.

"Por aquel tiempo pasó por Tenerife Pablo Neruda, y yo lo fui a buscar al muelle. Eran aún los tiempos de Franco, mala época para el oficio y para la vida"

Mi madre fue mi primera directora, en realidad. Mi padre decía que los periodistas vivíamos con los pantalones rotos por el culo. Para demostrar que eso era cuestionable, mi madre se sentaba por las tardes a leer el periódico. Lo leía de cabo a rabo, como si se lo aprendiera. Allí estaba, leyendo, hasta que se hacía de noche, venía mi padre y ella seguía preguntándole al periódico lo que este le quisiera decir. De ese modo calló a mi padre y alimentó para siempre lo que ahora me sirve de oficio y de alegría: el periodismo de preguntas y respuestas, la manía saludable de tratar de saber.

Mi madre me aconsejaba que no hiciera muchas preguntas a la gente, porque podía aburrirlos, pero nunca le hice caso. Ella tampoco se hizo caso a sí misma, porque se hizo lectora de periódicos para animarme a no dejar esta pasión. De modo que muchas ve ces buscaba entre las ocurrencias de la vida ideas para que yo mismo preguntara.

Por aquel tiempo pasó por Tenerife Pablo Neruda, y yo lo fui a buscar al muelle. Eran aún los tiempos de Franco, mala época para el oficio y para la vida. Junté a algunos amigos de entonces, y del pasado, y le dije a Neruda que además de estos amigos jóvenes en el bar del muelle le esperaban señores que habían sido amigos suyos de la breve era republicana. Yo les dije que le esperaran; y ellos le estaban esperando por si él bajaba en esa escala del viaje que hacía desde Francia a Valparaíso.

Franco manda aquí, me dijo Neruda, «de modo que yo no puedo bajar donde hay una dictadura». Dictadura hay también en Barcelona, le dije, «y allí bajó usted a saludar a su amigo Gabriel García Márquez». La mujer de Neruda, Matilde Urrutia, lo miró con sorna y le explicó al poeta: «Tienes que bajar».

"La entrevista que le hice es para mí una reliquia, y seguramente era peor que todas las que en este libro reaparecen"

Bajó y aquella fue una noche extraordinaria, para todos, también para Matilde y para Neruda. Se rieron, se juraron amor republicano y bebieron whisky para celebrar un encuentro que ya no habría nunca más.

Los poetas y los escritores que habían sido sus amigos por correspondencia, y aquellos muchachos que hicimos que el nobel se apeara del barco al que se quiso aferrar, le preguntamos a Pablo Neruda como si él estuviera en un examen. Y Neruda respondió como si fuera un amigo entre los suyos. La entrevista que le hice es para mí una reliquia, y seguramente era peor que todas las que en este libro reaparecen.

A lo largo de los años hice muchas entrevistas; mañana mismo, cuando acabe este prefacio, por ejemplo, he de hacer una en Sevilla, y luego seguramente haré otra, y así iré entrevistando como si fuera todavía aquel muchacho que se subió a la silla a entrevistar a aquel militar que además era futbolero.

De ese modo, preguntando, conocí, y entrevisté, a María Zambrano, a Günter Grass, a Alan Sillitoe, a Susan Sontag, a Juan Car los Onetti, a Gabriel García Márquez, a Mario Vargas Llosa, a Carlos Fuentes, a Cristina Fernández Cubas… He entrevistado a tanta gente, son tan inolvidables todos aquellos que me dijeron que sí, muchos de los cuales están aquí y otros forman parte de mi memoria y de la memoria de la literatura… No sé cómo haré el día en que ya no pueda preguntar, porque me haya ido del mundo o porque no tenga ya capacidad para hacer de este oficio el mejor del mundo…, entre otros.

"Las preguntas, en todo caso, no son nunca las de un veterano, sino las de una persona curiosa"

Aquella entrevista que hice con corbata, y sin miedo, me llevó a creer que ya era un periodista. Y desde entonces no paré de creérmelo, hasta el día de hoy en que estoy haciendo un prefacio sobre un libro que le debe más a Galaxia Gutenberg (y a Zita Arenillas, que es la que lo ha puesto en pie) que a las preguntas que hice a más de treinta grandes exponentes de la literatura del siglo XX (y XXI).

La mayoría de estas entrevistas nacieron de encargos del tiempo en que yo ya era un periodista con cierta veteranía. Gran parte de ellas se publicaron en el diario El País, mi periódico desde su fundación hasta este tiempo en que ya voy diciendo adiós a lo que fui, y en los diarios de Prensa Ibérica. Las preguntas, en todo caso, no son nunca las de un veterano, sino las de una persona curiosa que, aunque sabe historias de cada uno de los personajes que aquí explican sus vidas, siempre intentó saber por primera vez qué había en el alma de aquellos que tuvo delante. Mi gratitud a quienes me concedieron la oportunidad de entrevistarlos a lo largo de los tiempos.

Aquí están, en este libro que tanto le debe a Joan Tarrida, muchos escritores que son inolvidables ahora y que serán inolvidables en el futuro que se está escribiendo. Algunos (como don Emi lio Lledó) fueron maestros míos, y lo siguen siendo, y otros (como Juan Marsé, por ejemplo) lo fueron por la literatura y, en cierto modo, por un azar que jamás olvido y que nos hizo amigos para siempre. Eso se cuenta aquí, en el libro. Por cierto, se cuenta aquí… y no se cree.

"Quien toca este libro toca personas inolvidables. E inolvidables son, también, quienes me encargaron, a lo largo del tiempo, que hiciera preguntas"

Pregunté tanto toda la vida (mi madre decía que me pasaba la vida preguntando) que no me acostumbré jamás a preguntar como un profesional, sino como el curioso que llevo dentro desde que descubrí que preguntar era mejor que callarse. Quien toca este libro toca personas inolvidables. E inolvidables son, también, quienes me encargaron, a lo largo del tiempo, que hiciera preguntas. En El Día, en La Provincia, en El País, en la Cadena SER, en mil sitios y en uno solo: el del que va preguntándose a sí mismo qué puede hacer con lo que debe hacer, que es preguntar.

Todos son inolvidables. Tan inolvidables como los que aceptaron mis preguntas. En esos importantes renglones está mi madre, y ahora están quienes, como Zita Arenillas o como Sorimar Carrero, pusieron en orden los papeles de los que proviene la esencia de este libro.

Inolvidables.

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Autor: Juan Cruz Ruiz. Título: Inolvidables: La pasión de entrevistar. Editorial: Galaxia Gutenberg. Venta: Todostuslibros.

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