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Jacinto Antón: “La lucha actual del periodismo es conseguir textos de calidad bajo las tremendas presiones que soporta”

Jacinto Antón: “La lucha actual del periodismo es conseguir textos de calidad bajo las tremendas presiones que soporta”

Jacinto Antón. Foto: Javier Ors.

La tercera y última entrega de la entrevista a Jacinto Antón gira en torno al periodismo y la cultura. La primera entrega versa sobre la formación de su imaginario y la segunda sobre el espíritu de aventura.

 

—Dejó el teatro y comenzó su carrera de periodista.

—Entré en el periodismo por casualidad. Había estudiado periodismo porque no sabía qué estudiar y parecía una buena salida, una carrera global en la que estudiabas filosofía, historia, derecho, comunicación… En esa época se enseñaba mucha historia. No aprendí nada de periodismo, sí en cambio escritura. Aterricé en El País para sustituir a una amiga durante un verano, pero pensando que no era mi camino. Me planté allí el primer día diciéndome: “En cuanto me aburra de esto me voy”. Y no me he aburrido nunca. También es verdad que estoy en periodismo cultural. De hecho, no me he movido de esta sección en los treinta y pico de años que llevo. Me hace gracia. Comencé como colaborador, becario que diríamos ahora, pero enseguida me hicieron un contrato y me convertí en subjefe de Cultura. En aquel momento me pareció increíble, pero es que ahora sigo siéndolo. Ahora, por diferentes razones, llevo Cultura, pero porque no hay jefe. Soy el verdadero cabo Rusty del periodismo cultural. La gente de mi generación ha pasado a ser redactor jefe, subdirector. Yo nunca he ascendido. Empecé como alférez y nunca he llegado a coronel. Es un fracaso en términos de ascenso. Pero me encanta esta situación, como de francotirador. El periodismo, para mí, ha sido como una beca durante tres décadas. Me ha permitido viajar, conocer personas interesantes. La ventaja, en Cultura, es que conoces escritores, pintores, filósofos.

—¿Cómo ha cambiado el oficio en estos años?

"Hoy el periodismo es un work in progress: tienes que estar actualizando todo el tiempo"

—La parte técnica condiciona la profesión. Hemos vivido un mundo en que el cierre se hacía por la noche y tenías todo el día para trabajar. Eso sí, estaba ese momento duro, lleno de prisas, del cierre. Pero si se moría alguien a las doce, por ejemplo, tenías varias horas para preparar un texto. La inmediatez de internet lo ha cambiado todo y, también, el hecho de que ya no existe el texto único. Antes redactabas uno y saltaba de una edición a otra edición, pero en este momento existe un baile de textos. Debes hacer uno para internet, otro para papel, luego puedes volver a tocar el de internet para actualizarlo… Hoy el periodismo es un work in progress: tienes que estar actualizando todo el tiempo.

—¿Las consecuencias?

—Te quita muchas fuerzas. No está claro el modelo que tiene que seguir el periodismo escrito. Tienes que competir con la radio y la televisión, que son unos medios calientes que siempre van a ser más rápidos que tú. Pero tratando de competir en velocidad se pierde calidad. Esto se nota en un periodismo como el cultural, donde la calidad resulta esencial. Todos los textos periodísticos tienen que ser buenos, pero los de cultura especialmente. Debes ponerte a la altura de lo que estás haciendo. No puedes hablar de un literato con mal estilo. Es muy importante la estética cuando te aproximas al arte y la literatura.

—Las noticias culturales también son muy especiales.

—Es que no está claro lo que son noticias en Cultura. Es otro concepto que es muy difícil de aclarar. En Sucesos o Internacional está bastante claro lo que es una noticia, pero en Cultura, si prescindimos de los muertos, los premios y la cultura constitucional, ¿qué es una noticia? ¿Un buen reportaje? ¿Un tema tocado en profundidad? ¿Que alguien ha publicado un libro? Pues el periodista tiene que leérselo entero y después debe transparentarse la lectura en lo que escribe. Y aquí entra en juego otro aspecto.

—¿Cuál?

"El periodismo cultural se tiene que ver como una excepción, igual que el periodismo deportivo, que tampoco puede ser frío"

—Entramos en un asunto que es la opinión y la información. Si existe una sección donde no están claros los límites entre la información y la opinión es Cultura. Y no deben estarlo. Si vas a una exposición de arte y te ciñes a la información, te limitas a cuántos cuadros hay y quién los ha hecho. Lo otro que añades es opinión. Es importante tener más manga ancha en este periodismo, porque lo que busca el lector en este caso no es tanto la noticia estricta, que, como he dicho, son contadas, sino que persigue otra cosa, como historias muy bien escritas, ahondar sobre determinados temas o una clase de información de tipo cultural mucho más amplia. Esto no coincide con la pirámide informativa. El periodismo cultural se tiene que ver como una excepción, igual que el periodismo deportivo, que tampoco puede ser frío. Una carrera de Fórmula 1, si la cuentas en términos informativos, la estás matando. O los cien metros lisos. ¿Cómo narras esta prueba en una página sin poner emoción, pasión, opinión? Son nueve segundos. Tienes que explicar el esfuerzo, documentarte y, por encima de todo, está la mítica de esta prueba. Esto no sucede en el periodismo económico o de sucesos, que también generan textos muy buenos. Pero en Cultura la materia a explicar es tan poco cuantitativamente, en lo informativo, que tienes que tener otra aproximación. Es todo un debate.

—Antes se había referido a las prisas.

—Uno de los aspectos que ha cambiado este oficio es la inmediatez, que obligatoriamente resta calidad. Ahora corres el riesgo de equivocarte más. Te piden que publiques en internet con premuras y que si algo sale mal ya lo arreglas después. Pues hombre, no es así. En principio se debería intentar escribir un buen texto sin mirar tanto el reloj. El lector de prensa escrita exige una información en profundidad, que no te dan la tele y la radio. Pero ahora se quiere que el redactor sea una especie de hombre orquesta. Haz un vídeo, me traes tres preguntas, un audio… Pero oiga, que tengo también una entrevista y tengo que redactarla. Parece que el escribir no sea una dificultad. Y escribir es la mayor dificultad de nuestro oficio. Las dificultades son conseguir una noticia y escribirla.

—Pero no es el único problema.

"Antes había una cierta inconsciencia sobre la abundancia de materiales en el mundo. Hoy no puedes evitar conocerlos"

—También han variado mucho las fuentes de información. Antes, cuando fallecía alguien, tenías enciclopedias y las famosas carpetas de documentación. Es lo que había. Ahora la multiplicidad de fuentes en internet te obliga, para empezar, a discernir las buenas y las malas y, después, a plantearte cuándo paras. Si hay un descubrimiento arqueológico puedes hacer una búsqueda durante diez días. Sobre cualquier tema, en realidad. Y un tema siempre te lleva a otro. Según te enriqueces, pierdes tiempo. Hay una decisión que debes tomar y que es relevante: sé que existen más textos e informaciones, pero no llego, no puedo leerlos todos. Esta sensación es paralizante. Sabes que estás dando una visión más sesgada. Antes había una cierta inconsciencia sobre la abundancia de materiales en el mundo. Hoy no puedes evitar conocerlos. Si das una película que sabes que ha provocado una conmoción en Teherán o que ha sido criticada en Nueva York, ¿cuántas críticas debes leer sobre ella? ¿Cuántas entrevistas con el director tienes que consultar? ¿Dónde te detienes? Esto produce angustia. Si a eso sumas el tiempo y la información casi infinita que hay, puedes vivir en un estado de infinita histeria. Deberíamos resolver este problema y conseguir cierta holgura de tiempo, que es lo que te asegura hacer algo de calidad. La lucha actual del periodismo es conseguir textos de calidad bajo las tremendas presiones que soporta.

—¿Y cómo lo hace?

—Mi manera personal es ponerme un objetivo. “Voy a hablar de este tema”. A lo mejor quieres dar una información sobre descubrimientos arqueológicos en Alejandría, y salen otros 700 hallazgos de todo el mundo, y, la verdad, correrías detrás de ellos, pero debes centrarte en algo, quedarte con eso, tratar de detenerte y decirte que vas a por este asunto, aunque parezca imposible y todo el mundo que hay alrededor te pida dos párrafos de los demás, porque si haces eso puedes acabar deshaciéndote en algo que no sea redondo y que no tenga entidad. Tenemos que redactar bien y hacer una pieza de calidad, que ofrezca información y cierto placer estético y literario. Es el desafío.

—¿Cuál es la clave de sus artículos?

—Dentro de lo que haces existen diferentes géneros y tienes que saber adaptarte a cada uno de ellos. El uso de la primera persona en artículos de opinión tiene sentido, pero tienes que usarlo con más prudencia en otros más genéricos. Pero yo creo que siempre es importante la voluntad de estilo.

—¿Y el humor?

"El humor es de las cosas más útiles, mientras puedas acudir a él"

—No siempre lo puedes emplear, pero cuando se pueda y esté justificado hay que utilizarlo: te da proximidad con el lector. Si existe algo importante en cultura es la complicidad. Una de las cosas que más puede fastidiar a un lector es que no lo consideres inteligente. Y por eso, en términos de cultura, tienes que ser respetuoso con el lector, porque no puedes dar por supuesto que sabe cosas que a lo mejor no conoce, pero tampoco lo puedes considerar como si no la supiera. Hay un punto justo donde la sutileza, la ironía, el humor es importante. Por ejemplo, hablar de un aspecto que tú sabes que él sabe. Es muy bonito, porque estableces un vínculo con las personas que te leen. Tú mismo reconoces cuando te están haciendo este guiño al leer algo. Te dices: “Este tío sabe que yo sé esto”. Esto funciona bien en la literatura. Introducir frases de escritores de referencia también ayuda. El humor es de las cosas más útiles, mientras puedas acudir a él, aunque, incluso en un obituario, puedes usar chispas de humor, porque en la vida de cualquier persona hay instantes trágicos y de humor. Es esencial que en cualquier información que se escriba logres que el lector se diga: “Esto me ha tocado, para mí tiene un sentido, me ha venido bien, me ha hecho pensar”. Para esto ayuda mucho la poesía, porque ella te enseña a hacer conexiones que no son habituales y consigues que el lector se diga: “Esto me ha gustado, qué frase”. La poesía establece vínculos metafóricos y eso en Cultura te lo puedes permitir.

—Ha descubierto un gran número de viajeros, exploradores…

—Bueno, pero es que antes también me los habían explicado a mí. Es fundamental la humildad. No soporto la gente pretenciosa. Siendo periodista te das cuenta de que es imposible abarcar el conocimiento humano. Y sabes que nunca sabes lo suficiente en muchas áreas. Tienes que ir descubriendo cosas con el lector a través del  asombro y la curiosidad, que son la clave de la profesión.

—La curiosidad, dice.

"La curiosidad es lo que me ha metido en más líos y lo que más satisfacción me ha dado"

—Sin ella, ¿qué haces en Egipto, por ejemplo? ¿Por qué bajas por las galerías de la pirámide de Micerinos? Pues porque quieres ver lo que hay ahí abajo. La curiosidad es lo que me ha metido en más líos y lo que más satisfacción me ha dado. La curiosidad la debe tener el lector, el periodista y cualquier persona, porque, de lo contrario, la vida es aburridísima. A veces la diferencia entre valor y cobardía es la curiosidad. Si hay algo que no te interesa a ti, tampoco vas a lograr que le interese al lector. Uno de las principales aspectos del periodismo es que te tienes que implicar en lo que haces. Si no ves la épica que existe en un partido de baloncesto, ¿a quién se lo vas a explicar? Es un rollo. ¿O un debate parlamentario?

—Pero aquí entra en juego otro factor.

—Sí. En el momento en que un debate parlamentario de cuatro horas lo reduces a dos páginas, ¿qué estás seleccionando? Pues lo que resulta más significativo y más apasionante dentro de tu conocimiento. ¿Eso no es opinión? O cuando estás en una guerra y escribes una pieza. Describes lo que tú has visto. Hay que intentar ser lo más objetivos posibles, pero también sabiendo que nadie ha sido objetivo explicando un conflicto. ¿Qué es la objetividad en una guerra si tienes un punto de vista pequeñísimo dentro de un movimiento general? ¿O en un terremoto? ¿O en un tsunami? En última instancia todo el mundo está de acuerdo: un acontecimiento de estas características no los puedes explicar objetivamente. Es una experiencia tan brutal que tienes que buscar metáforas, equivalentes, emociones que transmitan lo que tú sientes. Esto tampoco quiere decir que no cuentes el número de muertos, los servicios de emergencia que han participado en el salvamento, la corrupción en las fuerzas de seguridad que luchan ahí o que tengas que entrevistar a la gente. Pero hecho este ejercicio informativo lo que queda es el relato.

—Aquí llegamos al contexto de la noticia. Ahí habría que enmarcar la polémica entrevista que mantuvo con Angelina Jolie.

"Yo lo primero que digo cuando entrevisto a un actor que es atractivo es que es atractivo, y me parece absurdo negarlo"

—Es esencial en este caso, porque ella estaba encantada. Y creo que perdí la oportunidad antes de que llegara Brad Pitt. Pero la entrevista le encantó a ella, y fue Angelina Jolie la que forzó alguna de las partes más polémicas que hubo, como lo de decir a que a ella le gustaba hacer el amor con desconocidos, pues, pensaba, a mí no me conoces de casi nada. Pero no solo a ella le gustó, también a la persona que la trajo a España. Tuvo polémica porque fue llevada a portada, y quizá no merecía ser llevada a portada valorando la belleza de ella. Estábamos en un momento en que se comenzaron a cuestionar cosas como decir que una mujer que entrevistas es atractiva. Con el tiempo lo vamos a resolver. Yo lo primero que digo cuando entrevisto a un actor que es atractivo es que es atractivo, y me parece absurdo negarlo. Cualquier mujer que sea periodista y entreviste a Brad Pitt añadirá alguna frase sobre esto. Pero se cuestiona a los hombres cuando lo hacen. Es el problema de llegar a una igualdad en todo. Con el tiempo se podrá llegar a decir las cosas con más claridad. Me he encontrado con compañeras periodistas que han empleado un lenguaje mucho más erotizado y sexualizado del que yo he usado y no tienen ningún problema. Cuando entrevisté a Mijaíl Baryshnikov, aparte de ser un gran bailarín, desprendía un aura erótica clarísima. Le negarías algo a ese personaje si no lo contaras, porque es una persona muy atractiva. Pero claro, cuando hablas de la belleza de una persona, hablas de muchas cosas, como su capacidad de sugestión, atracción y cuando hablas de un actor o una actriz eso es consustancial a su profesión. Me parece incluso interesante mencionarlo cuando te refieres a un escritor o una escritora. Puedes hablar de sus rasgos físicos. ¿Cómo hablar de Jan Morris sin decir cómo es?

—La atmósfera, el ambiente, los rasgos, aportan.

—Recuerdo una entrevista que Joan Barril hizo a Jorge Herralde. Era pregunta y respuesta, pero en la introducción describía cómo usaba el tenedor y el cuchillo para cortar un filete. Ahí había un verdadero ejercicio editorial. Justo en la forma en que partía la carne. Esto puede crear una atmósfera y contribuye a describir el personaje. También es justo el punto donde puedes equivocarte y pasarte por un lado o por el otro. Pero yo creo que el periodista tiene que intentar que el privilegio que tienes tú de hablar con esa persona llegue al lector. Tienes que transmitir lo que dice, pero también las circunstancias y cómo es, que es donde entra la parte literaria, pero sin inventarte cosas, claro, solo transmitiendo los colores que han condicionado una entrevista o un reportaje.

—¿El periodismo le ha obligado a ser valiente?

"El periodismo te obliga a llevar una vida “aventurera”"

—Durante una larga época de mi vida he tenido miedo a volar. Auténtico pánico. He llegado a coger la mano a una persona desconocida que había a mi lado durante una tormenta, en un viaje a Roma, lo recuerdo perfectamente, y casi llorando de miedo, porque pensaba que íbamos a estrellarnos. He vencido este miedo porque sabía que tenía que ir a Roma porque allí tenía que entrevistar a una persona, y me he metido en una tumba porque cómo puedo decir que he venido hasta aquí y que no he bajado a su interior. Como esto muchas cosas. El periodismo te obliga a llevar una vida “aventurera”. La aventura es un término relativo. Para una persona puede ser remar en un canal olímpico y para otro es remar en el Amazonas. Uno puede tener un sentido de la amenaza en la Costa Brava igual que otro en medio del océano Pacífico. Hay distintos grados. El periodismo tiene esa ventaja para personas pusilánimes: te obliga a tener más carácter.

—La cultura se ha ido relegando. En los portales de los propios diarios es una pestaña que cada vez está más atrás.

—Tenemos que hacer el ejercicio nosotros mismos de saber qué leemos. Es evidente que en el mundo actual hay temas fundamentales para todos nosotros. La economía nos afecta más que la cultura, porque no tenemos cultura si no tenemos economía. Delante de un suceso grave, que se quite cualquier exposición o la lectura de un libro. Pero es verdad que la cultura también te sirve para afrontar la vida. Una preparación cultural no solo te ayuda a ser más feliz, sino también a ser menos infeliz. Una ruptura sentimental si te has leído Madame Bovary o tienes la referencia de Anna Karenina no es igual. Incluso contribuye a reforzar tus propias emociones y sentimientos. La cultura es fundamental. Se la va relegando porque también hay mucha competencia, porque hoy se compite por las noticias más fulgurantes, y nosotros tampoco tenemos tantas noticias que puedan ser portada. Muchas veces en los consejos de redacción, cuando se nos pregunta qué llevamos, hay una especie de decepción general cuando dices que llevamos, no sé, una novela de Tom Wolfe o una comparativa entre literaturas. Claro, se quedan diciendo, ¿y tú para qué haces periodismo? Es esa idea de que el periodismo de sucesos, de actualidad o de política es el verdadero periodismo, pero todas las secciones de un diario son interesantes y se enriquecen unas con otras. Un lector necesita llegar al oasis de Cultura después de pasar por varias secciones. Y es que a lo mejor también sabe valorar mejor la información política si tú le estás hablando de la Política de Aristóteles. Pero, excepto en momentos concretos, los periodistas de cultura debemos saber que no somos la punta de lanza, las operaciones especiales de un periódico.

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Anteriores:

Primera entrega:“De las familias heredas las locuras y algunos de los tesoros culturales que más te marcan” 

Segunda entrega: “La gran aventura no sirve de nada si no sabes contarla”