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Jaime Bayly y las costuras del poder

Jaime Bayly y las costuras del poder

Jaime Bayly ha demostrado un instinto singular para poner en diálogo la actualidad con sus novelas. En 2023 publicó Los genios, una reconstrucción literaria de la relación entre Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, cuya amistad terminó tras recibir Gabo un puñetazo en el ojo. Meses antes de la publicación de la novela, el escritor peruano sería portada por su ruptura sentimental con Isabel Presley. Con su última novela, Los golpistas, publicada también por Galaxia Gutenberg, Bayly reaparece con un proyecto de ficción que coincide con la renovada atención internacional sobre la política en Venezuela, y que plantea preguntas sobre los mecanismos del poder a partir de diferentes momentos determinantes en la historia política de ese país.

Los golpistas se articula a partir de una estructura de tiempos alternos. Una de las líneas narrativas reconstruye el golpe de Estado militar que en abril de 2002 obligó a Hugo Chávez a abandonar provisionalmente el poder. La otra se adentra en distintos momentos de su biografía: una infancia marcada por la ausencia materna y la crianza por parte de su abuela, sus relaciones sentimentales, su formación militar, su obsesión por convertirse en un personaje público y televisivo, su intento fallido de golpe de Estado de 1992, el periodo en la cárcel y su posterior ascenso político. Este itinerario vital me hizo pensar sobre la posible relación entre las carencias emocionales tempranas y la posterior búsqueda de reconocimiento masivo. El poder como sucedáneo del amor.

"Bayly retrata a personajes que aspiran a ocupar un lugar privilegiado en el relato colectivo, impulsados por una grandilocuencia mal domesticada que desemboca en un perverso narcisista"

El acierto de Bayly no se limita a la elección del tema. Su prosa combina la concisión de la crónica periodística con una clara vocación narrativa, apoyada en la ironía, la caricatura y un humor que recuerda, en ocasiones, a la tradición quijotesca. Los genios y Los golpistas, pese a tratar asuntos distintos, comparten un estilo ágil y depurado que desmitifica a sus protagonistas y los devuelve a la escala humana. Son novelas que informan y entretienen, se leen con ligereza sin renunciar a la complejidad, también invitan a pensar hasta qué punto la historia ganaría lectores si se narrara con una voz semejante.

Ambas obras están atravesadas por un mismo eje temático: la vanidad humana y su seducción por la promesa del heroísmo. Bayly retrata a personajes que aspiran a ocupar un lugar privilegiado en el relato colectivo, impulsados por una grandilocuencia mal domesticada que desemboca en un perverso narcisista. Frente al escritor, que modela ficciones privadas sobre el papel, el político interviene sobre el destino de los pueblos. Ambos toman como materia prima los anhelos, las frustraciones y las manías, quizá también el deseo de ser admirados por desconocidos, pero las consecuencias de sus actos son radicalmente distintas.

En Los golpistas, Bayly se detiene en los mecanismos de transformación del liderazgo político, cuando la figura individual se disuelve en un “nosotros” que pretende encarnar una voluntad colectiva. Ese plural es falsa cortesía, se presenta como inclusivo, pero funciona a menudo como recurso retórico y herramienta de legitimación. Conceptos como patria, razón de Estado o interés nacional aparecen asociados a redes de influencia —militares, religiosas o empresariales— y a motivaciones personales que se entrecruzan en el ejercicio del poder. La novela muestra cómo aspiraciones individuales pueden revestirse de causas comunes, una constante en los relatos políticos.

"Más allá del desfile de personalidades políticas, la lectura me planteó un dilema moral: ¿Es legítimo que un golpista reciba otro golpe de Estado?"

A lo largo del texto desfilan figuras reconocibles del escenario latinoamericano e internacional, tratadas siempre desde la recreación literaria. Fidel Castro aparece como un estratega que dirige las maniobras de su joven discípulo, Chávez; Nicolas Maduro se pone al servicio incondicional de un Chávez carismático, que no duda en disparar y asesinar a la población civil durante las manifestaciones pacíficas frente al Palacio de Miraflores en el 2002. En este repertorio político también aparece José María Aznar, que aconseja a Carlos Andrés Pérez que no acabe con Chávez. Más allá del desfile de personalidades políticas, la lectura me planteó un dilema moral: ¿Es legítimo que un golpista reciba otro golpe de Estado?

La frontera entre realidad y ficción en ocasiones se diluye deliberadamente en la novela. Mediante una deformación a veces cercana al esperpento, el autor ofrece una mirada que, paradójicamente, acerca al lector a la dimensión humana de la historia. Los golpistas recuerda que toda ideología se construye a partir de las costuras de personas de carne y hueso, con sus debilidades y contradicciones, y que ninguna bandera ideológica está exenta de remiendos. Como diría el famoso protagonista de V de Vendetta, “los artistas usan mentiras para decir la verdad, mientras los políticos las usan para encubrir la verdad”. Desconfío de la “verdad” política, prefiero la mentira literaria, y en este sentido, Bayly utiliza la humildad de la ficción para proponer una lectura de la Venezuela de las últimas décadas.

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Autor: Jaime Bayly. Título: Los golpistas. Editorial: Galaxia Gutenberg. Venta: Todos tus libros.

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