Hay algo espurio, como en el buen rollito a ultranza o en el dichoso realismo mágico, en esa tendencia secular a referirse a Jonathan Swift como a un escritor satírico antes que como a un misántropo que odiaba a sus semejantes. Basta de contemporizar: el autor de Viajes a varias naciones remotas del mundo, en cuatro partes, por Lemuel Gulliver, primero cirujano y luego capitán de varios barcos (1726), más conocido por su lema abreviado, Los viajes de Gulliver, era un eremita solapado. Como bien deducen los lectores de dichas páginas más atentos, en ellas el sarcasmo no es más que una forma de atenuar el profundo desprecio que inspiran a Lemuel Gulliver, y por extensión a Swift, su creador, los seres humanos en su conjunto. Recuérdese ese episodio en Lilliput de las disputas absurdas entre facciones enfrentadas por cuestiones minúsculas, como el lado por el que se debe romper un huevo. Toda una sátira de la mayor de las miserias de la humanidad: la política, origen a su vez, irrefutable e inexorable, de las peores rivalidades y conflictos, ciencia que el propio Swift conocía bien, puesto que dedicó a los whigs su primer libelo, A Discourse on the Contests and Dissentions in Athens and Rome (1701), y como no consiguió medrar entre éstos, navegó en sus lealtades, yendo a parar en 1704 a los tories, sus enemigos.
A este respecto vayamos a Brobdingnag, la tierra de los gigantes, y recordemos a Gulliver observado por éstos. Para esos seres, desmesurados a los ojos de Lemuel, nuestro viajero por las naciones remotas no es más que una rareza, y salvo la reina, con su conmiseración, todos lo observan con una mezcla de curiosidad y cierto desprecio. Esto permite a Swift dar la vuelta a la perspectiva humana y mostrar, con su ironía, cómo las debilidades de nuestra especie pueden verse aún más claras bajo el prisma de los seres ajenos a nuestro circo.
La erudición que estudia las obras sin tomar en consideración los problemas personales de sus autores, casi veinte años antes de Los viajes de Gulliver, ya detecta una primera muestra de la misantropía de Swift en su refundición (interpretación) de 1709 de la Leyenda de Filemón y Baucis, de Ovidio. El desafecto a sus semejantes por parte del autor irlandés, siempre según los eruditos, queda de manifiesto en la prodigiosa transformación que nos cuenta el relato, metamorfosis que no necesariamente mejora a las personas, sino que las convierte en unas parodias mecánicas de sí mismas. Según este análisis, esto refleja una visión bastante ambivalente y un cierto escepticismo hacia la naturaleza de nuestra especie.
El odio al mundo de Swift también pudo deberse a una enfermedad, de fabuloso nombre —laberintitis—, que le agobiaba de antiguo, llevándole a perder sus facultades mentales, diagnosticada en nuestros días como la enfermedad de Ménière —es éste un trastorno del oído interno que causaba al escritor graves vértigos, acúfenos y sordera—. Ya en la cuesta abajo, sufrió un derrame cerebral, después llegó la demencia senil —hoy probablemente sería el mal de Alzheimer—, que mermó por completo su capacidad de hablar y de recordar. Hasta Esther Johnson (Stella) y Esther Vanhomrigh (Vanessa), lo mejor que a su juicio dio la humanidad, las dos mujeres que había amado, cayeron en el olvido. “Como ese árbol, también yo empezaré a extinguirme por la copa”, escribió al ser consciente de que el fin había empezado.
Ya en 1742, recluido en el manicomio de San Patricio —institución que él mismo había ayudado a fundar, acaso en virtud de esa simpatía que todos los enemigos del mundo sienten por los lunáticos—, la situación era alarmante. El dolor en un ojo, inflamado hasta límites insospechados, requirió “contención física” para evitar que se lesionase. Probablemente le pusieron una camisa de fuerza. No articulaba palabra alguna. Los meses se sucedían con el escritor sumido en el silencio más absoluto; la mirada perdida en algún punto remoto, como los países visitados por Gulliver, pero indeterminado.
Habiendo perdido la volición, la propiedad de sus actos, el doce de mayo de 1742 los amigos de Jonathan Swift, si es que los tuvo, y sus guardianes en el manicomio, solicitaron que se abriese el procedimiento correspondiente. Y un día como hoy, el 19 de agosto de 1742, hace doscientos ochenta y cuatro años, un jurado nombrado por la Chancery Court de Irlanda constituyó formalmente la Commission of Lunacy (Comisión de Incapacidad/Locura). Aquel tribunal determinó de forma oficial que Swift, a sus 74 años, era “de mente no sana” y carecía de la capacidad legal para gestionar su persona y sus bienes, nombrando curadores para proteger su patrimonio de posibles abusos.
Tres años después, cuando el diecinueve de octubre de 1745 fue a reunirse con Lemuel en Lilliput, Brobdingnag y otros países remotos, alguien escribió en algún lado sobre la última ironía de Swift: “Dio la poca riqueza que tenía para construir una casa para tontos y locos, y demostró con un toque satírico que ninguna nación lo necesitaba tanto”. Allí en Dublín, en el Patrick’s Hospital, una placa indeleble, como la ira de los frustrados, aún recuerda a Jonathan Swift: tránsfuga político, clérigo arribista, misántropo bajo cualquier circunstancia, escritor y alienado. Así se escribe la historia. Los filántropos a la violeta deberían sentirse interpelados.


Estimado Javier Memba:
Jonathan Swift seguramente fue todo lo malo como usted expone y aún así fue un gran novelista y enriqueció al mundo con sus obras, y Los Viajes de Gulliver entusiasmaron a muchos niños y jóvenes por la lectura en muchos países y desde que se publicaron.
Me sorprende su incoherencia en relación a Swift porque en articulos anteriores usted mismo señaló que lo importante de un artista es su obra no sus defectos o fallas personales y cuestionó la validez de los criterios moralistas para juzgar a ciertos artista de polémica memoria. Hoy se contradijo al emitir juicios tan implacables contra el desafortunado Swift cuando trató con tanta benignidad a D’Annuncio o a Céline, si no recuerdo mal.
En todo caso, leo su columna cada vez que puedo y lo seguiré haciendo porque usted es un hombre que ha vivido mucho (en experiencias y también en años) y seguiré aprendiendo de usted en lo bueno y olvidare lo malo, en caso de no compartir su criterio.
Gracias por escribir su siempre interesante columna.
Casi olvido decirle que siempre pensé que las discusiones bizantinas entre los liliputienses eran una ácida sátira contra el fanatismo religioso, contra las disquisiciones teológicas de gente presa de la hipocresía y la falsedad escudadas en discusiones bizantinas y pensé que se trataba de una crítica contra las religiones precisamente por ser Swift un irlandés de padres ingleses, porque tanto los católicos como las sopotocientas iglesias protestantes (incluida la anglicana, casi católica) se definen como “Cristianas”, y Jesucristo es el Dios del Amor, del Perdón, de la Solidaridad, de la No Violencia, y sin embargo los “cristianos” católicos, protestantes y todo Cristo, se matan con furia, saña y crueldad por cualquier motivo, ya sea por la interpretación de una coma en un versículo bíblico o por el lugar de la Madre de Dios en la jerarquía teológica. Ni hablar de santos e iconos, eso ocasionó matanzas y aún hoy puede ocasionar trifulcas. Al leer de las Guerras de Religión en la civilizada y cristiana Europa siempre me alegré del Catolicismo de Ultratumba de Costromo: Nada de fanatismos religiosos y cada quien que crea y rece como quiera porque Jesucristo dijo “Mi Reino no es de este mundo” y por tanto todo debate religioso o teológico queda postergado para después de la muerte, cuando estemos en el Reino de Cristo, que es de otro mundo, cada quien verá que decide. Y así nos evitamos la tan irracionales Guerras de religión entre Cristianos, como en México, que sufrió en pleno siglo XX la Guerra Cristera, incluso después de su famosa Revolución Mexicana con nuestro admirado Héroe Moderno: Emiliano Zapata, quien le enseñó al pueblo que cada vez que un gobierno o un grupo de poderosos magnates pretenda esclavizar al pueblo, matarlo de hambre o quitarle todos sus derechos, es de hombres y mujeres de bien, tomar las armas y echar mucha bala. Esa hermosa lección se olvidó en Costromo y por tal desmemoria hoy sufrimos la sanguinaria y hambreadora Dictadura de los Macheteros, aunque no perdemos la esperanza de derrotarlos y fusilarlos
?Como Dios manda?
?Otra incoherencia o contradicción?
Estimado Javier Memba:
Ante la petición expresa de mis compañeros de café (no puedo llamarlos “compañeros de armas” porque nuestra Resistencia contra la Dictadura de Los Macheteros en Costromo no es armada, no por pureza idealista o ideológica, simplemente porque carecemos de armas, salvo unos cuantos revólveres y pistolas, armas cortas que poco pueden ante fusiles y ametralladoras, aunque nos sirvieron para evitar ser capturados por los esbirros y rescatar de sus garras a algunas cuántas víctimas) y para evitar ser calificados de bárbaros, salvajes y asesinos, como son los Macheteros, quiero explicarle nuestro proyecto para castigar a los ladrones, torturadores y asesinos de la Dictadura de los Macheteros en Costromo:
1) Se aprobará un Decreto de Justicia Extraordinaria (porque lo ordinario es no tener Justicia) que establecerá la pena de muerte por fusilamiento para todo funcionario de la Dictadura que haya asesinado u ordenado asesinar a cualquier persona durante la larga Dictadura, igual pena sufrirán los funcionarios públicos que hayan robado al Patrimonio Público la cantidad igual o mayor de un millón de dólares americanos, también sufrirán dicha pena capital quienes entregaron la soberanía nacional a gobiernos o agentes extranjeros. En todos los casos los cómplices sufrirán la misma pena de muerte por fusilamiento.
2) Los funcionarios públicos culpables de apresar arbitrariamente a cualquier persona, torturar o apropiarse bienes del Patrimonio Público por valor menor a un millón de dólares americanos, serán condenados a prisión de 20 a 40 años, sin libertad condicional y bajo régimen de trabajo comunitario (porque la República no seguirá manteniendo a parásitos, vagos y maleantes), de conformidad con la gravedad del caso. Igual pena se impondrá a los cómplices. En los casos de violación sexual o tortura que produzca la invalidez o discapacidad física o mental de la persona torturada se impondrá la pena de muerte por fusilamiento al culpable y sus cómplices.
3) En todos los casos de apropiación indebida, robo, fraude o daño contra el Patrimonio Público, los culpables sufrirán la pena de confiscación de todos sus bienes.
4) Para hacer efectivo el presente Decreto los sospechosos serán enjuiciados mediante juicio oral y público y ante jurados (como los creados en la Antigua Atenas, como el que condenó a muerte a Sócrates, aunque los gringos y británicos dicen la mentira que ellos “inventaron” el juicio público con jurados), plena libertad probatoria y derecho a la defensa, y el jurado deberá condenarlos como culpables o absolver los como inocentes, después de escuchas la parte acusatoria y la parte defensora en un debate dirigido por tres jueces.
Claro que será un proceso lleno de obstáculos (la mayoría de los ladrones, torturadores y asesinos ya están viviendo felices en Estados Unidos y Europa con el botín multimillonario robado a Costromo) y se requiere el nombramiento de nuevos jueces, fiscales y defensores públicos, así de verdaderos policías de investigación criminal, porque deben destruirse y enjuiciaron a los delincuentes mercenarios disfrazados de militares, policías, jueces, fiscales y defensores públicos obedientes lacayos de la Dictadura. Y será más complicado aún encontrar abogados honestos, porque la mayoría huyó en el gran éxodo de Costromeros por el mundo, y los jóvenes costromeros prefieren estudiar cualquier cosa antes que Derecho, que llaman con sarcasmo y sabiduría “Mitología Antigua”.
Así ve usted, admirado Memba, que no todos los costromeros somos viles torturadores y asesinos como nuestros actuales mal gobernantes Dictadores, Los Macheteros, a quienes queremos derrocar, enjuiciar y fusilar por todos los imperdonables crimenes que cometieron y continúan perpetrando contra un pueblo inocente, indefenso y desarmado, porque aún el terror lo domina y es incapaz de lanzarse a una huelga general indefinida o a la insurrección armada, porque el Tiranicidio es una opción que hasta muchos Doctores de la Iglesia aprueban. Jesucristo no se meta en estos dilemas porque su Reino no es de este mundo.
CORRECCION:
NO ES “…porque deben destruirse y enjuiciaron a los delincuentes mercenarios disfrazados de militares, policías, jueces, fiscales y defensores públicos obedientes lacayos de la Dictadura…”
LO CORRECTO ES:
“…porque deben destituirse y enjuiciarse a los delincuentes mercenarios disfrazados de militares, policías, jueces, fiscales y defensores públicos, obedientes lacayos de la Dictadura…”
Estimado Javier Memba:
Quiero decirle que, como usted, aborrecía la política y no quería saber nada de ese mundo lleno de miserables y miserias, que me dediqué a mi vida y a viajar por los siete mares, que vive más en la mar que en tierra, y ahora, muchos años después, no lleve a mis hijos a conocer el hielo, conocí con ellos que mi patria, Costromo, malvive bajo una sanguinaria y hambreadora Dictadura que provocó la ruina del país y su mayor éxodo en la historia. Y por esto, ya viejo y de regreso en mi lar nativo, me uni a la Oposición y Resistencia, porque es un deber que tengo con Costromo y con mis hijos, no quiero que crezcan y vivan en un país de esclavos. Y aunque sé que es una lucha desigual y cuesta arriba, no me desilusiono ni me rindo, porque recuerdo que Costromo es un pueblo mestizo y no olvidó la valentía de nuestros antepasados, de nuestros antepasados Indios Caribes que nunca se rindieron ante los conquistadores españoles, de nuestros antepasados españoles que cruzaron la Mar Océana llena de peligros y lucharon a muerte para hacerse con un pedazo de tierra que fuera suya, la valentía de nuestros antepasados Negros Mandingas que nunca se resignarnos a la esclavitud y siempre recuperaron la Libertad y se lanzaron a incendiar toda propiedad de sus antiguos amos y matar a todo hombre o demonio que se interpusiera en el camino, por esto quedó en la memoria que “Mandinga es el Diablo”. Allí en nuestras sangres mezcladas encuentro ánimo para no rendirme, porque toca quedarse aquí en Costromo y dar la batalla, por esto no me uní ni uniré al exodo al extranjero, continuaré en mis trece aunque sea más probable la derrota. Y como morir nos toca a todo, aquí me encontrará la muerte, resistiendo siempre a Los Macheteros, que bien merecen ser fusilados, y aún así es poco castigo por todos sus atroces delitos.