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Karina Sainz Borgo: “Si tiene sentido un libro es aquel que te ofrece elementos para permanecer”

Karina Sainz Borgo: “Si tiene sentido un libro es aquel que te ofrece elementos para permanecer”

¿Existe el comienzo perfecto de un libro? Hay empezares que han pasado a la historia de la literatura, como el de Historia de dos ciudades —“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”— o el de Cien años de soledad —“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…”—. Siempre he dicho que los grandes libros contienen esas primeras líneas que no se borran de la memoria, como si quedaran inscritas en una zona más honda que el recuerdo. Cuando abrí la primera página de El tercer país, la novela de Karina Sainz Borgo, aún no conocía a su autora. Sin embargo, algo en esas frases iniciales —“Llegué a Mezquite buscando a Visitación Salazar, la mujer que sepultó a mis hijos y me enseñó a enterrar a los de otros. Caminé hasta el fin del mundo, o donde yo creí que el mío había acabado”— me hizo detenerme: tuve la intuición —casi una certeza— de estar ante un incipit destinado a perdurar, uno de esos comienzos que no solo inauguran una historia, sino que te acompañan como una sombra fiel.

En el segundo episodio de Books and People conversamos con la escritora Karina Sainz Borgo. Una conversación fascinante, porque ella no sólo responde preguntas: abre puertas a otros mundos. Cada reflexión parece tallada en materia antigua, como si viniera de un lugar fronterizo donde la palabra es guerra y paz, un baile que, lejos de desentonar, encuentra su propio ritmo.

"Periodista de mirada afilada. Escritora de mundos que laten al borde del abismo"

Periodista de mirada afilada. Escritora de mundos que laten al borde del abismo. Ha hecho de la frontera —geográfica, moral, estética— el corazón palpitante de su literatura. Karina incendia el silencio con las palabras sobre el papel. Su escritura es una forma de pulsión que marca las emociones del lector, como las espuelas de un jinete, provocando un latido que traspasa cada página. A medida que avanzas en sus historias, descubres a una autora irrefutable —e irreductible—: una valquiria armada de lenguaje. Ya sobrevuele las páginas de un periódico o las de una novela, su voz es siempre contundente, siempre alcanza lo más hondo, como un flechazo certero.

Ante la primera pregunta, ¿quién es la KSB?, Karina responde sin pensarlo: “Una persona que se pasa el día escribiendo…”. Y añade: “Lo que me define es estar poniendo algo sobre el papel”. Porque eso es, en el fondo: una vida vinculada a la palabra. Seguimos transitando preguntas habitadas por palabras, sobre literatura, por su lugar en la sociedad actual, y ella responde con el rigor de quien ha hecho de la escritura su forma de vida: “Estamos cantando la cólera de Aquiles desde los inicios de los tiempos. Toda expresión creativa que está pasada por el papel nos permite entender lo que nos está pasando, o por lo menos ponerlo en orden, ser conscientes de lo que nos está sucediendo”. La palabra muta en el viento, pero en el papel se vuelve imperecedera. Permanece, como si encerráramos los sonidos en una caja de música; intacta, suspendida, abierta únicamente a la interpretación del lector, que al leer hace suyo el libro.

"Karina pone sobre la mesa una inquietud cada vez más presente: la imposición de etiquetas. La necesidad de encasillar los textos"

Seguimos hablando. Karina pone sobre la mesa una inquietud cada vez más presente: la imposición de etiquetas. La necesidad de encasillar los textos, de someterlos a categorías dictadas por las tendencias. Una lógica que, como ella misma señala, termina por pervertir la conversación literaria. Resistirse a esa corriente —en un tiempo de sobreoferta y urgencia— es, en sí mismo, un acto de valentía. Y Karina lo es. Se percibe en su mirada: una mezcla de fuerza y ternura que, a simple vista, parece un oxímoron, pero que en su realidad revela una forma más compleja y verdadera de estar en el mundo.

En un momento, levanta la vista hacia las estanterías y confirma lo evidente: estamos en Librería La Mistral. El gesto funciona como un homenaje silencioso al papel de las librerías en la sociedad, a su capacidad de sostener la conversación cultural, de orientar, de recomendar, de crear comunidad en torno a los libros.

Quien conoce a Karina Sainz Borgo sabe que el exilio es una herida abierta. Ante la pregunta “¿cómo ha cambiado tu relación con los libros a partir del exilio?”, su respuesta se desplaza hacia la biblioteca que dejo atrás, en Venezuela. Porque para Karina el hogar es, ante todo, su biblioteca: la que tuvo, la que perdió y la que sigue construyendo. Una biblioteca en tránsito, como ella. Y quizá el día en que decida echar el ancla será aquel en que sus libros dejen de moverse, cuando encuentren un lugar definitivo. Porque en la brújula de Karina no existe el norte: existe su biblioteca.

"En sus páginas late una familia atravesada por silencios densos, culpas heredadas y visiones que se filtran como polvo bajo las puertas"

Conversamos sobre su última novela, Nazarena. Es una llaga que respira entre las paredes de una casa abierta. Es un libro de familia que conecta Italia con Venezuela, las raíces con la sangre. En sus páginas late una familia atravesada por silencios densos, culpas heredadas y visiones que se filtran como polvo bajo las puertas. No es solo una historia: es un murmullo constante de secretos que arden sin consumirse. Luces y sombras que se entrelazan entre dos mundos similares, pero en momentos distintos. Karina habla sobre Arsiero —un lugar que ella misma visitó—, y sobre el pasado que se encuentra con el presente. Una novela que comenzó a escribir en 2021 y que ha supuesto un verdadero reto narrativo, como ella misma reconoce y como se puede percibir en el texto, por su solidez y brillantez. Como ella misma señala, tuvo que resolver cuestiones de orden muy técnico, entre ellas la construcción de una narradora poco fiable. Nazarena es una obra poderosa, con personajes sorprendentes, y que atrapan, y que te mantienen pegado a sus páginas hasta que todo, finalmente, cobra sentido.

Este episodio desborda la palabra. Porque hay voces que cuentan historias, pero la de Karina Sainz Borgo atraviesa umbrales invisibles y alza mundos hechos de símbolo y herida. Su voz no rompe el silencio: lo enciende, lo vuelve llama, y en su fulgor deja temblando la verdad que ya no puede callarse.

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