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La búsqueda del otro

Desde las primeras líneas de La parcela, Alejandro Simón Partal encuentra su voz narrativa en un personaje “raro, un inadaptado, un ser solitario de una fragilidad irresistible que no acepta lo que se le impone sino lo que viene”. Ese solitario, el protagonista de la novela, es un joven español que emigra a Francia para ser profesor de literatura en la localidad de Boulogne-sur-Mer, junto al paso de Calais, donde se divisan las costas de Inglaterra. Afirma la voz narrativa que a todos los inadaptados de su pueblo les unía la misma idea: “huir a Francia”.

Este es el planteamiento, en apariencia simple, de una novela compleja cuyo tema subyacente es la búsqueda del otro relatada como un viaje, como un descubrimiento, en la persona del joven sirio Nizar, que ha ido a parar a “la jungla”, campamento para inmigrantes ilegales en Calais, donde centenares de personas hacinadas aguardan a que se resuelva su situación, para poder residir en Francia o pasar al Reino Unido.

"En este sentido, las vidas de Nizar y del narrador discurren paralelas y confluyen: el rechazo de sus orígenes, la huida y, finalmente, el encuentro mediante una narración de lo cotidiano en una pequeña ciudad francesa"

No es solo belleza, compañía o sexo lo que el protagonista busca en Nizar; quizá lo más esencial y sutil de su encuentro sea la identificación con el amigo y el amante. Ambos son seres inadaptados, síntoma de ello es el hecho de que la palabra que da título a la novela designe dos lugares distintos con significados idénticos. Por un lado, el protagonista llama “la parcela” al campamento donde vive Nizar en Calais; por otro, es la palabra con que su familia en España designa la casa familiar: el gran solar donde su padre edificó un enorme chalé para alardear ante la sociedad local. La casa la protegen fieros perros guardianes y la vigilan cámaras de seguridad, que todo lo miran y registran, del mismo modo en que los migrantes ilegales se encuentran bajo la mirada implacable de la ley.

En este sentido, las vidas de Nizar y del narrador discurren paralelas y confluyen: el rechazo de sus orígenes, la huida y, finalmente, el encuentro mediante una narración de lo cotidiano en una pequeña ciudad francesa. Boulogne-sur-Mer provoca el desencanto de no ser la soñada París; sin embargo, permite a ambos personajes vivir en libertad y en soledad. Pese a la aparente ausencia de sucesos destacados en el argumento, la narración avanza sin desfallecer en ningún momento, con una prosa lírica, propia del poeta que es su autor, pero muy centrada en el relato y con un lenguaje novelesco, orientado a los hechos y a la percepción de la realidad más extrema.

"La incógnita es, una vez expresados los sentimientos: ¿quiénes somos?, ¿adónde nos dirigimos?"

Al lector le embarga un constante sentimiento de culpa ante la situación del padre del protagonista, aquejado de cáncer en España. La enfermedad se convierte en símbolo de un pasado familiar que se disuelve, y quizá también de toda una época que agoniza.

A pesar de lo anterior, el mensaje de la novela no es negativo ni pesimista, pues la fuga no es un modo de esquivar problemas, sino un intento de reafirmar lo que uno de verdad es y hasta ahora ha quedado silenciado por las apariencias, por la inexpresión de los sentimientos: ese silencio de cámaras que observan, perros guardianes y chalés con piscina. La incógnita es, una vez expresados los sentimientos: ¿quiénes somos?, ¿adónde nos dirigimos? El amor, la búsqueda del otro —aunque no lo encontremos— parece ser la única respuesta posible.

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Autor: Alejandro Simón Partal. Título: La parcela. Editorial: Caballo de Troya. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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