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La casa de las palabras

Hay instituciones cuya influencia es tan profunda que terminamos olvidando su presencia. La Real Academia Española —en adelante RAE— pertenece a esa categoría de realidades silenciosas. La consultamos cuando surge una duda, citamos su nombre en una conversación y usamos las herramientas que pone a nuestra disposición, pero rara vez pensamos en quiénes la fundaron o qué significa realmente custodiar una lengua compartida por más de seiscientos millones de personas.

Precisamente ahí radica uno de los aciertos más visibles del ensayo escrito por la historiadora del arte, editora, periodista y escritora María José Solano (Sevilla, 1975), de título La RAE para lectores curiosos. Mediante una narrativa poco habitual en un ensayo divulgativo, el libro logra transformar una institución que podría parecer distante o intimidante en un relato accesible, elegante y de interés general.

"La autora parte de una convicción esencial: las instituciones no nacen de la abstracción, sino de las personas"

Porque este libro no es únicamente una historia de la RAE. Es también una historia de palabras, de quienes estudian y las utilizan cada día sin ser plenamente conscientes del inmenso legado que transmiten. El acierto de Solano no radica en simplificar la historia de la institución, sino en cambiar el foco: prioriza el detalle cotidiano de los académicos frente a la frialdad de las publicaciones oficiales. Su escritura tiene la cualidad de hacer que el conocimiento fluya con naturalidad, como si la autora estuviese mostrando al lector una casa antigua, que durante diez años fue su lugar de trabajo y cuyos entresijos conoce a la perfección.

Las primeras páginas me llevan a una reflexión: Si la Torre de Babel simboliza la dispersión y la incomunicación, la comunidad hispanohablante representa justamente el esfuerzo contrario: la construcción de un espacio común de entendimiento. Varios cientos de millones de personas participamos hoy de ese universo lingüístico compartido. Sin embargo, detrás de esa aparente naturalidad existe una historia compleja y extensa que Solano reconstruye con claridad.

La autora parte de una convicción esencial: las instituciones no nacen de la abstracción, sino de las personas. Por eso sitúa el origen de la Academia en aquellas tertulias literarias en los salones de Madrid donde hombres apasionados por los libros y las palabras comenzaron a preguntarse cómo preservar y ordenar su idioma. En concreto, la tertulia impulsada por el marqués de Villena acabaría convirtiéndose en el embrión de una institución destinada a desempeñar un papel relevante en la historia cultural de nuestro país.

"Uno"

La manera en que Solano narra aquellos primeros pasos revela una notable habilidad narrativa. Sin renunciar al rigor histórico, evita convertir los hechos en una sucesión de fechas y nombres. Los académicos fundadores aparecen como hombres de carne y hueso, reunidos alrededor de una mesa para discutir, discrepar y trabajar en una empresa que parecía desmesurada para la época: fijar las palabras de toda una lengua bajo el lema “Limpia, fija y da esplendor”.

Uno de los muchos logros del libro consiste en humanizar a la Academia. Durante décadas, la institución estuvo desprovista de la pompa con la que solemos imaginarla. Carece de sede propia, cambia de ubicación, se enfrenta a las dificultades materiales y depende del esfuerzo constante intelectual y económico de sus miembros. La autora matiza la imagen de una corporación inmóvil y distante para mostrar una realidad mucho más dinámica y compleja.

Las páginas dedicadas a los primeros académicos permiten dimensionar la magnitud de su trabajo: la elaboración del monumental Diccionario de Autoridades, la publicación de una Ortografía, los primeros esbozos de una Gramática y una cuidada edición ilustrada del Quijote. Resulta notable cómo aquella generación, con medios infinitamente más modestos que los actuales, fue capaz de levantar los cimientos de una obra intelectual de gran alcance.

El ensayo destaca por la agilidad narrativa, por poner un ejemplo, como cuando describe los tesoros materiales de la institución. Manuscritos, cuadros, sillones históricos, bibliotecas, un muro de ficheros repletos de papeletas y hasta una cámara acorazada —búnker de unas joyas en papel o pergamino—, aparecen ante el lector con la viveza de una novela. La Academia deja de ser una abstracción para convertirse en un lugar tangible, poblado de historias, anécdotas, objetos y personajes.

"Los capítulos más interesantes son aquellos en los que Solano explica con claridad cuestiones complejas, abordando de forma accesible la evolución de las palabras"

Los capítulos más interesantes son aquellos en los que Solano explica con claridad cuestiones complejas, abordando de forma accesible la evolución de las palabras, los criterios de incorporación al diccionario, los bancos de datos lingüísticos y la dimensión panhispánica del español, fruto de la colaboración entre la RAE y las academias americanas. Igualmente interesantes son las páginas dedicadas a las dificultades para incorporación de las mujeres a la Academia, integradas en una reflexión sobre la evolución cultural y social de España, así como las menciones a alguna de las polémicas suscitadas a lo largo de los años.

Dentro de esa vocación de servicio ocupa un lugar destacado la atención a los escolares. La autora muestra cómo la RAE ha adaptado parte de sus obras a las necesidades de estudiantes y docentes, lo que convierte a La RAE para lectores curiosos en una lectura muy recomendable para los alumnos de ESO y Bachillerato, puesto que es capaz de acercar a los jóvenes la historia del español y la institución que lo custodia desde hace más de tres siglos.

Solano recuerda que la Academia es mucho más que un diccionario. De ahí que este libro cumpla con éxito la función de divulgar. Con una prosa atractiva, la autora muestra la viveza y dinamismo de la veterana institución, consiguiendo que sea un poco menos desconocida que lo ha sido hasta ahora.

"La primera es que la fortaleza de la RAE emana directamente de los millones de hispanohablantes"

Al cerrar el volumen me queda la sensación de haber descubierto el interior de una casa que solo conocía por la fachada. Solano muestra una institución habitada por historias que se esconden detrás de las palabras que nos recuerdan que la RAE es una de las grandes custodias de nuestra memoria colectiva.

No quiero terminar sin señalar dos ideas que saco de la lectura. La primera es que la fortaleza de la RAE emana directamente de los millones de hispanohablantes, lo que relativiza el impacto de las polémicas y críticas coyunturales. La segunda es que el libro me deja con ganas de más. Ojalá, María José Solano se animase a escribir próximamente un ensayo más amplio que permita profundizar en los secretos de la “Casa de las Palabras” y en los debates filológicos internos que tuvieron lugar y ayudaron a dar forma al español.

Como lector, debo decir que, una vez desvelado el tesoro que se oculta junto al Triángulo de las Ciencias de Madrid, queda el interés por seguir descubriendo sus secretos y su historia. Porque las palabras constituyen uno de nuestros mayores patrimonios comunes y merece ser contada la crónica de quienes se han dedicado y dedican a su estudio y conservación.

Conclusión: La RAE para lectores curiosos es una excelente puerta de entrada a esa Casa.

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Autor: María José Solano. TítuloLa RAE para lectores curiososEditorial: Almuzara. VentaWeb de la editorial.

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