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La dama de Shalott

En el verano de 2015 pasé tres semanas estudiando el mito del rey Arturo en la Universidad de Exeter, en Reino Unido, y fue entonces cuando tuve el primer pensamiento serio acerca de escribir sobre la materia de Bretaña, porque aunque siempre me había resultado un tema atractivo, hasta entonces no fui capaz de orientarme en él con la lucidez suficiente como para darle forma a mi propia ficción artúrica.

"Sabía que quería contar la historia de Elaine, nuestra dama confinada en la isla de Shalott, y sabía que quería ahondar en su psicología"

Aun así tuvieron que pasar cinco años para que me atreviera a depositar mi atención, mi interés y mis pretensiones literarias en un aspecto específico del mito, ya que abarcarlo todo es prácticamente imposible. En el verano de 2020 empecé a pensar de forma recurrente en la dama de Shalott, un personaje secundario que Alfred Tennyson encumbró en su poema de 1842, gracias al cual dejó de ser tan desconocido. Yo llegué a él primero a través de las pinturas de John William Waterhouse y segundo a través del poema, con el que me familiaricé en la carrera. Si mi flechazo con la dama de Shalott llegó en 2020 y no antes quizá fuera porque, por primera vez y a raíz de lo vivido por todos durante la primavera de aquel año, hallé en ella una comprensión especial en relación a lo que es estar confinado, y no sólo a nivel físico; ahí entran en juego mi historia y circunstancias personales. En 2021 terminaron de encajar las piezas que me permitirían contar mi propia versión del mito de la dama de Shalott, pero no fue sólo una cuestión literaria la que me llevó a ello, sino, como ya he sugerido, también personal, aunque para mí lo literario y lo personal están separados por una línea muy difusa, a veces inexistente, como es el caso de esta novela. Reflejos de Shalott fue un proyecto catártico que llevé a cabo para purgar ciertas emociones y quedar en paz con ciertas vivencias. Es, ante todo, la expresión de un sentir. Aun así no dejé de lado el aspecto más profesional de la escritura y planteé la novela como algo disfrutable y útil para terceros. Sabía que quería contar la historia de Elaine, nuestra dama confinada en la isla de Shalott, y sabía que quería ahondar en su psicología y darle una dimensión más profunda pero sin salirme demasiado del camino marcado por Tennyson, así que en lo referente a la trama no tenía mucho margen de maniobra, lo que me dejaba con un proyecto de relato más que de novela. Para añadir más acción y argumento, decidí aprovechar la ventaja del espejo mágico que acompaña a Elaine en su encierro y contar a través de él y haciendo uso de sus propiedades otras historietas de corte artúrico que no estuvieran directamente relacionadas con nuestra protagonista. Así, en la novela se narran también episodios del propio Arturo y su proclama como rey, de Merlín, de la mística isla de Ávalon, de Ginebra y Lanzarote, de Morgana… Los capítulos de las visiones del espejo se alternan con las escenas de Elaine en su torre y cómo afronta los años en su complicada situación hasta desembocar en el mismo trágico final que Tennyson compartió con nosotros en el siglo XIX.

La prosa poética de la que está imbuida la novela pretende reflejar el lirismo del poema original, que se encuentra tanto en inglés como en castellano en el apartado final de la edición, encabezado por una de las pinturas de Waterhouse.

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Autora: Gema Bonnín. TítuloReflejos de Shalott. Editorial: Nocturna ediciones. Venta: Todostuslibros.

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