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La historia a juicio

Hubo una bailarina, coreógrafa, canzonetista y bailaora de flamenco que cautivó a los españoles de la II República. Su nombre fue Encarnación López, pero todo el mundo la conoció como La Argentinita. En 2020, Paulina Fariza Guttmann publicó una biografía sobre esta mujer sin igual y, para su tristeza, la publicación del libro acabó en los tribunales.

En este making of Paulina Fariza Guttmann reconstruye los acontecimientos (legales) sucedidos en torno a la publicación de La vida encontrada de Encarnación López, La Argentinita (Bala Perdida, 2020).

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Un artículo hallado al azar preparando la edición de otro libro fue el origen de lo que hoy es La vida de Encarnación López, La Argentinita, la biografía que escribí a lo largo de 2019 y salió publicada en 2020 en Bala Perdida. El artículo en cuestión ponderaba el hacer de una gran bailarina española que triunfaba en Nueva York en los años cuarenta. Sus apariciones, junto a las de los ballets rusos, eran cita obligada en la agenda cultural, decía el periodista. La Argentinita era una bailarina de danza española de la cual yo no había oído hablar jamás.

Como editora había publicado muchas biografías, vidas que se hilaban a través de la grabación de un disco emblemático como Kind of Blue, en el caso de Miles Davis, o de las letras de las canciones, como en el caso de «Sobre Camarón», que escribió magníficamente Carlos Lencero. Aunque no había escrito ninguna biografía antes, el género me apasionaba.

"Por otra parte, sacar verdad de la prensa almibarada donde ella hacía sus primeras apariciones tenía lo suyo"

Los años pasaron y también mi etapa de editora, así es que cuando Lorena Carbajo, con su editorial Bala Perdida en la parrilla de salida, me habló de su colección En la Diana, donde acababa de publicar la biografía de Conchita Montes, le hice la propuesta. Enseguida pusimos fecha y nos entusiasmamos con esa vida a la que yo me lanzaba sin red. A cada nuevo descubrimiento sobre su figura, el proyecto crecía.

Lo que se había publicado en prensa sobre la Argentinita era muchísimo, porque triunfó a los doce años, como imitadora, cantante, bailarina y, más tarde, como coreógrafa, directora, compiladora de la danza popular, como activista cultural. Había sido además novia del torero Joselito y amante de su cuñado Ignacio Sánchez Mejías. De la primera relación solo había sospechas y la segunda era sabida, pero las menciones eran siempre entreveladas por las circunstancias matrimoniales de él. De manera que había que hacer un esfuerzo de imaginación para ponerse en contexto. Y por otra parte, sacar verdad de la prensa almibarada donde ella hacía sus primeras apariciones tenía lo suyo. Lo cierto es que había tanto por hacer, que pedí ayuda a Helena López para el trabajo de hemeroteca y, con ella, junto a Inés Boza y Rosario Pardo, estudiosas y muy interesadas en la investigación, soplando las velas, el material de estudio quedó listo para empezar la travesía literaria de la vida de Encarnación López.

"La responsabilidad de ser la primera biógrafa de una figura de tanto calado, me llevó a no tomar más que datos contrastados para su redacción"

Cuando me puse a la investigación (Idoia Murga y su trabajo mediante) y a las teclas, su figura era inabarcable. El latido de La Argentinita agitaba el mío y pronto me vi recabando aún más datos y hablando con especialistas de la danza, especialistas de la vida de Lorca y con autores de las tesis más peregrinas. Con una vida llena de pasión, de desengaño, de lucha, que requería inteligencia y astucia, la bailarina tuvo que jugar sus cartas en un momento histórico, atravesado por la Guerra Civil, de lo más complejo para seguir con su danza y su ideario artístico. Y triunfó en todo el mundo.

El personaje emborronado empezó a tomar cuerpo, al tiempo que la pregunta ¿por qué no ha habido una biografía sobre un personaje tan relevante hasta hoy? se tornó argumentario del libro. La responsabilidad de ser la primera biógrafa de una figura de tanto calado, me llevó a no tomar más que datos contrastados para su redacción. Y decidí dejar todo aquello que era fabulación muy bien explicitado en el texto, consciente de estar poniendo en blanco sobre negro una parte de la historia de la vanguardia, del flamenco y de un embrionario movimiento de mujeres para escritos posteriores (como de hecho ya ha sucedido). El equilibrio que me propuse, reportaje de mi propia investigación, recreación histórica y literaria pero de precisión académica, me obligó a reescribir el libro varias veces. Lo pasaba en grande. Y Lorena, mi editora, también.

"Y acaso la última razón de la ausencia bibliográfica de La Argentinita hasta hoy sea la que la esforzada Lorena Carbajo, editora del libro, y yo, su autora, hemos vivido en carnes: una denuncia con la petición de retirar el libro del mercado"

Las respuestas a la pregunta en torno a la cuál armé el libro, la causa de la ausencia del legado cultural de La Argentinita, concluí, son muchas, aunque a la postre son todas la misma: a nuestra cultura le quedan deberes por hacer. Y muchos. Pero por resumir, a mi entender, tiene que ver con la ausencia generalizada del legado de las mujeres del 27, especialmente de las artistas teatrales. Y puesto que las mujeres se vuelven ciudadanas sin derechos durante el franquismo, los libros de texto posteriores, en un descuido prolongado, no glosan sus aportaciones artísticas, en muchos casos, ni las políticas. Tampoco ayuda el hecho de que fuera una gran estrella del género llamado Variedades, un legado que interesa poco a la academia (aunque por suerte cada vez más). Por otra parte, su significación en el ideario republicano y su triunfo en el exilio, donde vivió hasta su muerte, sumado al giro que dio el baile tras la guerra civil, con sus Coros y Danzas de la Sección Femenina como ideario moral, el sesgo contrario del baile de Encarnación López. Otra de las razones podría ser su relación con Ignacio Sánchez Mejías, con quien llevó el flamenco más jondo a la vanguardia teatral de la mano de Lorca. Por tanto fue La Otra (con todo el borrado público que eso implicaba en los años treinta). Tal vez por eso el poeta le dedicara “a Encarnación López Júlvez”, a la mujer y no a la artista, su “Llanto por la muerte a Ignacio Sánchez Mejías” en un acto público que dignificaba el amor de la pareja.

Y acaso la última razón de la ausencia bibliográfica de La Argentinita hasta hoy sea la que la esforzada Lorena Carbajo, editora del libro, y yo, su autora, hemos vivido en carnes: una denuncia con la petición de retirar el libro del mercado.

"De La Argentinita no podía escribir cualquiera, máxime cuando él estaba preparando una biografía, una exposición y tenía varios proyectos importantes, dijo"

Si bien, en un primer momento, el proyecto del libro pareció ser del interés del dueño de los mantones, cuadros, escenografías y todo el legado que dejó Encarnación López (no solo ella sino también su hermana, la gran Pilar López), pronto reveló su cara contraria. Y si lo cuento es porque pocas veces se sabe de las bambalinas más oscuras de este oficio de precarios artesanos al que nos dedicamos. Y la sección Making of  le viene al pelo.

El actual heredero de La Argentinita ha comprado los nombres Encarnación López, La Argentinita y Pilar López como marca comercial, lo que, a su entender, le da potestad para bloquear cualquier publicación con dichos nombres en la portada.

De La Argentinita no podía escribir cualquiera, máxime cuando él estaba preparando una biografía, una exposición y tenía varios proyectos importantes, dijo. Con el libro a punto de ir a imprenta hice varias consultas y Lorena Carbajo, con buen talante, le ofreció diálogo y una parte de los beneficios. “Todo es hablarlo”, le dijo. Silencio. Acto seguido, una llamada intimidatoria de un abogado, con amenazas e insultos.

En la trastienda, la historiadora Antonina Rodrigo ofreciendo aliento con el entusiasmo de quien ha remado a contracorriente en tiempos más duros que estos. “Ni caso”, decía.

"Y llegó la denuncia. Y con ella el caminar de puntillas. Luego la citación. La anulación de algunos compromisos. Las consultas a abogados y la preparación del juicio"

El libro salió a la calle en diciembre de 2020.  La prensa reaccionó y se hizo eco de ese cacho de grandeza enterrada bajo las biografías de sus dos colegas artísticos. Al año siguiente, con motivo de su nacimiento, para alborozo de Lorena y mío, saltaron los trasnochados titulares de prensa (“amiga de Lorca, amante de Sánchez Mejías”) y La Argentinita tuvo renglón propio.

Como estábamos en plena pandemia, de presentar ni se hablaba. Autora y editora codo con codo, explicamos por redes a mascarilla puesta quién era y por qué había que celebrar su vida. Además de comprar el libro, claro. Como quien no quiere la cosa, nos metimos por todas las rendijas que encontramos, que a la postre fueron bastantes. No había bailaor, actor, periodista que no tuviera ganas de unirse a la fiesta. Los deudores de su legado, seguidores y curiosos se iban sumando a las ganas de saber de nuestra genealogía.

Y llegó la denuncia. Y con ella el caminar de puntillas. Luego la citación. La anulación de algunos compromisos. Las consultas a abogados y la preparación del juicio.

"Y llegó la denuncia. Y con ella el caminar de puntillas. Luego la citación. La anulación de algunos compromisos. Las consultas a abogados y la preparación del juicio"

Pero el motivo de la ilegalidad, haber puesto el nombre de La Argentinita en la portada de un libro dedicado a ella, no podía ser motivo de sanción, nos decíamos. Depende del juez, nos respondíamos. El nombre era una marca comercial registrada, por tanto no es legal lucrarse con ella, argumentaba la parte contraria.

Viajé a Alicante y declaré la modesta cantidad de anticipo que había cobrado, los dos años de trabajo que había invertido y el 10% de royalties que cobraría cuando se cubriera dicha cantidad si su señoría dejaba que el libro se comercializara. Mi editora, por su parte, declaró los costes de la impresión, la tirada y los ejemplares vendidos. A lo que el juez estudió números y levantó una ceja, posiblemente pensando en el par de idealistas que tenía delante. O acaso renovando su fe en cualquier asunto peregrino que le pasara por la cabeza. Qué sabe nadie.

“¿Qué vende la marca La Argentinita, productos o servicios?”, pregunta el gran Carlos Muñoz Viada, abogado del Gremio de editores. Silencio en la sala.

Y por no extenderme más, lanzo al aire la que acaso haya sido la última razón de la ausencia de La Argentinita en las bibliotecas: el bloqueo de su legatario.

"Hemos ganado el juicio y el libro cobra una segunda vida, saca pecho y se ufana de haber vencido. Así es que este artículo se erige en pequeña crónica de la redacción, de lo sucedido y, como no, de celebración"

Es solo una hipótesis, lo que sí es seguro es que es la razón de este artículo. Cuando redactaba el libro, ni en los momentos de mayor ofuscación podía imaginar un juicio como el que Bala Perdida ha tenido que enfrentar por hacer deberes y restituir el valor de su legado en la danza actual (el que difundió su hermana Pilar López a su muerte), en el flamenco y la vanguardia, en el movimiento de mujeres y en la cultura del exilio. Una razón que, junto a las que he apuntado antes, finalmente se ha sorteado.

Dos años de investigación. Uno de comercialización. Dos de incertidumbre y nervios, y finalmente la sentencia. Hemos ganado el juicio y el libro cobra una segunda vida, saca pecho y se ufana de haber vencido. Así es que este artículo se erige en pequeña crónica de la redacción, de lo sucedido y, cómo no, de celebración. No solo para nosotras, también para los autores y editores independientes que, aun a sabiendas de que la recompensa a nuestro trabajo casi siempre se limita al reconocimiento de colegas, periodistas, libreros y lectores, nos ilusionamos con trabajos hercúleos y nos empeñamos hasta las cejas. Aunque resulte caro, hilar letras casi siempre sabe a triunfo.

Y hoy más.

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Autora: Paulina Fariza Guttmann. Título: La vida encontrada de Encarnación López, La Argentinita. Editorial: Bala perdida. Venta: Todostuslibros, Amazon y Casa del Libro.

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