Sir Christopher Nolan ha hecho arte. La Odisea (2026) es una obra maestra no sólo por su espectacularidad y complejidad técnicas, todavía más valiosas en una época de inteligencia artificial, sino por la soberbia reinterpretación de la Odisea de Homero, manteniendo intacto su valor literario original. La adaptación es inteligente —condensando, por ejemplo, los episodios de los feacios, los lotófagos y el relato de Troya con la estancia en la isla de Calipso— y los guiños al propio Homero —con la rapsodia cantada, tal y como se transmitía el poema original, por el rapero estadounidense Travis Scott— son geniales. Incluso los anacronismos como la corpulenta armadura negra de Agamenón (el líder terrible que manda a la muerte sin mostrar nunca la cara) responden a un delicioso simbolismo.
El Odiseo de Nolan no se basa únicamente en la fuente homérica, sino que bebe, claramente, de otra épica maestra: la de Dante Alighieri. En la Comedia, Dante desciende al Infierno y allí encuentra a Odiseo penando no sólo por el engaño del caballo de Troya sino por su ansia desmedida de conocimiento: tras volver a Ítaca, e incapaz de acostumbrarse a la calma del regreso tras una vida de aventuras, puso rumbo al oeste, rebasó el fin del mundo (columnas de Hércules) y navegó hacia lo desconocido. Llegó a divisar, en el hemisferio sur del mundo, la montaña del Purgatorio, momento en el que las aguas se abrieron y pereció. Dante nos muestra así el fin del héroe astuto (que Homero no contó) por culpa de su hibris racionalista, de su espíritu insaciable de sabiduría. Nolan se basa en Dante no sólo para cerrar su Odisea, que acaba con Matt Damon alejándose hacia el oeste, sino para dotar a su personaje de una personalidad escéptica, acaso agnóstica, dogmática de la razón, esclava de su propia astucia. El de Nolan es, como el de Dante, un hombre fáustico que persigue mil quimeras de conocimiento, gloria, experiencia, sin saber que en esa búsqueda incesante está el germen de su infelicidad. Así lo refleja la magnífica escena de las sirenas (la mejor de toda la película, en mi opinión), en la que Odiseo es desgarrado por un canto hermoso que habla de la futilidad del hombre, asegurando que lo que más ansías tener es lo que nunca podrás conseguir, y lo peor de todo es que eso que más ansías ya lo tuviste y tú mismo lo dejaste ir.
La Odisea es, además, una de las películas más metafísicas de Nolan. Un fino hilo entreteje el tema de la relatividad del tiempo —central en su filmografía— de forma más discreta que en películas como Tenet (2020) pero con tanta profundidad y centralidad como en Interestelar (2014). Y es por este hilo, por este dominio del tiempo narrativo y filosófico, que la obra de Nolan alcanza un cénit de proporciones literarias. A continuación, sigue la mayor revelación de su Odisea.
La película comienza (al igual que la épica homérica) por el final: con Penélope y Telémaco resistiendo en una Ítaca sin rey, sitiada por pretendientes del trono que atestan el palacio abusando de la ley de Zeus —respetarás a tus huéspedes, por si son dioses disfrazados— que compele a sus anfitriones. Una sensación de cataclismo inminente acecha, encarnada en los llamados pueblos del mar. En una de las primeras escenas, Penélope y Telémaco hablan de una amenaza espectral de estas gentes desconocidas salidas del fin del mundo que saquean las ciudades de Grecia, imparables, invictas, y ponen en peligro la civilización (micénica). “¿Cómo se sabe de ellos?”, pregunta Telémaco. “Por los rumores, por las historias que traen los viajeros, los comerciantes, por los ecos que resuenan en los cantos de los bardos”, contesta su madre. Los pueblos del mar muy pronto vendrán a por Ítaca. Por ello es necesario, imperioso, que el rey Odiseo regrese cuanto antes para levantar un ejército con el que hacerles frente.
Nolan mezcla aquí mito e historia, porque los pueblos del mar en efecto existieron: arrasaron Micenas, Pilos, Creta, Egipto, el imperio hitita (del que era vasalla la Troya histórica) y fueron responsables del colapso de la civilización del Bronce a finales del segundo milenio antes de Cristo. Aún hoy, los arqueólogos e historiadores no saben exactamente quiénes fueron estas belicosas tribus ni por qué motivo se lanzaron al Egeo. ¿Venían del Mar Negro, de la costa del Líbano? ¿Huían de las sequías de Anatolia, supervivientes de terribles terremotos, del colapso económico de las rutas comerciales? Es uno de los grandes misterios de la historia antigua. Y Nolan da su hipótesis.
La gran revelación de la película es que estos pueblos del mar son en realidad los propios griegos que saquearon Troya, los mismos que empezaron rompiendo la ley de Zeus con el engaño del caballo de madera. En la narrativa histórica que propone la película, la guerra de Troya (del 1176 a.C.) marca el principio del fin de esa Edad del Bronce; tras ella se suceden las invasiones de los espectrales pueblos del mar (veteranos insaciables de Troya) que causan el cataclismo de las civilizaciones broncíneas del Egeo. La magia de la película reside en que es el propio Odiseo, atormentado por la culpa, quien se da cuenta. Comprende, para cuando llega a Ítaca, que su historia ha llegado antes que él y que no es la historia del épico regreso a casa (que encarna él, en su tiempo presente) sino la historia de su pasado, la historia de la destrucción de la civilización del Egeo a manos de los hombres que desafían a los dioses y rompen la ley sagrada de Zeus. Se da así una bellísima paradoja —es el mismo Odiseo quien trae el fin de la civilización por el que era tan imperioso, tan necesario, que Ítaca recuperara a su rey legítimo— que engarza con toda la tradición de Nolan.
Su Odisea constantemente nos interroga sobre la libertad del hombre y nos pregunta qué nos ha traído hasta aquí. La diosa Atenea (interpretada por Zendaya) se lo pregunta a Odiseo en la playa de la isla del Sol: “¿Quién te trajo aquí? ¿Qué fuerzas fueron las que lo pusieron todo en marcha?”. Y la respuesta, lejos de lo que parece, no son los dioses, no es el destino. Son ellos mismos. Como en Interestelar, Nolan nos invita a asomarnos desde el otro lado del cosmos y mirar entre los libros de la estantería, levantar el velo del tiempo, para darnos cuenta de que somos nosotros mismos quienes nos hemos traído hasta donde estamos. Así lo dice Cooper en el filme de 2014 cuando se preguntan quién abrió el agujero de gusano que los llevó a una galaxia lejana, quién los trajo hasta allí. “We brought ourselves”, contesta. “Nos trajimos nosotros mismos”. Los seres de la quinta dimensión eran ellos. Eso mismo sucede en la Odisea. Los seres de la quinta dimensión, que son los dioses invisibles y que en teoría rigen el destino, no son otros que el propio ser humano. Así lo manifiesta Odiseo, que dice “los dioses solo ayudan a quien se ayuda a sí mismo”, y a su hijo Telémaco, al que le dice “no busques dioses en los hombres, sólo te decepcionarás”, alegatos indudables de libre albedrío. Ni siquiera Atenea (única diosa que aparece en la película) es real, sino que, como descubrimos al final, es sólo el fantasma de un remordimiento, la imagen de una joven troyana decapitada en el templo por los hombres de Odiseo, delante de sus ojos. Esa “diosa”, que es su conciencia, es decir, él mismo, es quien lo guía de vuelta a casa, acaso como una expiación, acaso para dar la advertencia del final inminente de la civilización a manos de ellos mismos. El tiempo es, como en Interestelar, un eterno presente en el que todo está sucediendo a la vez.
¿Ya les da vueltas la cabeza? Eso es Nolan. Puro arte.


Es de las mejores y más elaboradas críticas que he leído. Aporta una visión inédita sobre las múltiples lecturas de la Odisea, tanto en clave literaria como en el lenguaje cinematográfico. Esta reseña denota la diferencia entre alguien que acude a una sala de cine con la atención despierta y bien alimentada, y alguien quizá ya desencantado del cine y la lectura por igual. Y tal vez explica por qué hacia tanto tiempo que no oía aplausos al final de una proyección. Cuando el río suena, agua lleva.
Una crítica totalmente ilógica: Afirma que la película de Nolan es una “reinterpretación de la Odisea manteniendo intacto el valor literario original” y el resto de la reseña se dedica a resaltar como Nolan se olvidó de la Odisea, de los dioses, de la fatalidad griega, de Homero y transformó a Ulises (Odiseo) en un personaje tan falso como “Rambo” y convirtió la película es una mezcla de adaptación al cine de “un superhéroe de historieta” con una larga sesión de psicoanálisis del siglo XXI. Quien vea la película y nunca haya leído la Odisea, ni visto un documental sobre ella ni otra adaptación más o menos fiel, quedará engañado sobre el contenido y los verdaderos significados de La Odisea de Homero. Y pretender usar unos ocho versos de los miles de la Divina Comedia de Dante Alighieri para intentar justificar las desmesurada de Nolan para borrar al Ulises (Odiseo) homérico con la supuesta condenación cristiana del personaje solo prueba ignorancia: La Iglesia Católica condenó al pagano Ulises precristiano en siglos por politeista, mentiroso, infiel, egoísta, violento, taimado, estafador y esclavista, por todos los pecados a los ojos cristianos que eran virtudes heroicas a los ojos de la Antigüedad Griega, Ulises (Odiseo) se jactaba de ser “Destructor de Troya y aislador de ciudades”, creía en los dioses griegos y era devoto de Atenea como tenía temor de la venganza de Poseidón. En términos literios la película de Nolan no es una buena adaptación de La Odisea, quien pretenda encontrar a Homero en la obra de Nolan no lo encontrará y se decepcionará, encontrará a un impostor traumado más parecido a una mezcla de “Rambo” y superheroe de cómics, que tanto gusta al público infantil y al público infantilizado de hoy ?Obra Maestra? Quisieramos todos, es una insulsa película de entretenimiento vacío, de diversión simole y pura evasión. Con tantos recursos y tanto tiempo Nolan pudo crear algo mucho mejor perdurable, pero se apartó de Homero, lo ocultó, nunca lo entendió si es que en verdad lo leyó, y en la tradicional chapuza de Hollywood ofreció un largo mamotreto que solo quien ignore La Odisea puede creer que es una buena adaptación, o peor aún, que es una “Obra Maestra”. Quizás Nolan quería hacer una película sobre la infame Guerra de Vietnam (donde las fuerzas militares de Estados Unidos cometieron atroces crímenes contra los civiles vietnamitas, crímenes de guerra y contra la Humanidad que quedaron impunes) o sobre el Genocidio en curso contra el pueblo árabe palestino de la Fianza de Gaza por orden del enloquecido genocida Benjamín Netanyahu y compañía, hasta ahora impunes, y como el gobierno de Estados Unidos es aliado y cómplice de Netanyahu, y no le permitirían una película que expusiera aún sutilmente tales crímenes, mezcló todo en su remedo de La Odisea de Homero y creo su Anti-Odisea según Nolan. La película dura 3 horas y pico y 3 horas usa para apartarse de la Odisea de Homero. ?Alguna vez se enteró Nolan que el verdadero Ulises era un héroe mítico del siglo XII antes de Cristo que contó con la protección de Atenea y Zeus para regresar a Ítaca, donde Atenea lo metamorfoseó en un viejo mendigo para espiar lo que sucedía en su palacio y poder preparar su venganza matando a todos los 108 pretendientes y a sus esclavos y sirvientes traidores? ?Que nunca sintió culpa y si orgullo por ser uno de los destructores de Troya? ?Que salvo a sus hombres del mal del loto aplicando una terapia de abstinencia forzosa y nunca probó el tal droga? ?Que los consejos del dios Hermes y un antídoto lo salvaron de terminar convertido en cerdo por Circe? Nolan o no sabe nada del Ulises (Odiseo) homérico o no le importó nada para cambiarlo en su película por un atormentado ex combatiente de Vietnam. Ciertamente “La Anti-Odisea según Nolan” es el mejor título para su película. Quizás lo único bueno de su falsificación cinematográfica de la obra de Homero es que despierte la curiosidad de muchos y los lleve a ver documentales sobre Homero y sus Obras Inmortales, La Ilíada y La Odisea, y hasta se atrevan al esfuerzo intelectual de abrir un libro y leerlas. Quienes nunca han leído a Homero y se queden con la infiel versión adaptada al cine de Nolan se perderán las obras fundacionales de la Literatura Occidental y permanecerán en las tinieblas de la ignorancia y la manipulación que tanto gusta a los intereses de taquilla de Hollywood.
Cuántas pavadas juntas, amigo
Ave, señor Caimacán. Quisiera expresarle mi más profunda gratitud y admiración por su exquisita «crítica» en fondo y forma. De lo mejorcito que he leído sobre «La Antiodisea» según Christopher Nolan «Yo, para mí, me». Que su película se tilde de «obra maestra», que figure en IMDB con un 8,5, en Rotten Tomatoes con un 95%, en FilmAffinity con un 7,6, etcétera, lo dice todo… y en el fondo no dice nada. Estamos ante uno de los directores más celebrados, sí, y en parte con razón, pero también más elitistas (dichoso IMAX 70MM solo al alcance de los pudientes privilegiados y convidados) y egotistas de la historia del séptimo arte. Me temía que su adaptación neoliberal conculcaría la poética del sempiterno Homero… y usted me lo ha confirmado con creces. Con su erudición literaria e histórica, y su supremo respeto por el autor original. Y sí, coincido plenamente: el hecho de que Emily Wilson, catedrática de Estudios Clásicos en la Universidad de Pensilvania y traductora en 2017 de una de las versiones que inspiraron a Nolan, declare: «Me avergonzaría haber escrito cualquier fragmento de este guion… por carecer de profundidad psicológica, emocional, política y ética», dicta para sentencia la obra de Nolan. Al endiosado autor le habría venido bien una cura de humildad en taquilla para atenuar su delirio de grandezas, pero sería una utopía. Una vez más, después de su universal campaña publicitaria, volverá a multiplicar por x su presupuesto de 250 millones de dólares. Pero quiero creer que no tanto por lo que se escucha, sino por lo que se contempla, por ser una historia digna de una pantalla ciclópea (aunque recortada para el humilde vulgo), por esa ausencia de la puñetera y despiadada IA que se está apoderando del mundo. Al igual que «Origen» (Inception), «Interestelar» (Interstellar), «Oppenheimer», «El caballero oscuro» (The Dark Knight), et al. Aun así, me parece exacerbado, incomprensible y sintomático de una sociedad cada día más desnortada y adocenada que el respetable se deshaga en aplausos y vítores tras 3 horas de epopeya no homérica. Yo prefiero guardármelos para diamantes realistas y/o animados como «Incontrolable» (I Swear), «Rebuilding» y «Robot salvaje» (The Wild Robot), por citar tres obras recientes que me han llevado al llanto y me han llegado al alma. A esa alma ausente en «La Antiodisea». Como sabiamente manifiesta usted: una cosa es leer al autor y otra muy distinta es comprenderlo y reflexionarlo para saber traducirlo a papel o a imagen. Y precisamente por eso Nolan, que de necio no tiene nada, ha errado en su propósito de lograr que «La Odisea» haga historia. Cuando menos, ha espoleado a la patulea para que saquee las bibliotecas virtuales y tangibles en pos de la obra del genial Homero. En fin, Sr. Caimacán, un honor haberle descubierto por Zenda. Continuaré leyéndole. Sus «clases magistrales» han despertado en mí unas ganas descabelladas de devorar clásicos incunables. Mis Mejores Deseos para todos. ¡Gratitud y SaLuz!
Propaganda progre,Helena negra ,y ese casco tipo batman,ridiculo.Me sumo al segundo comentario.
No coincido en casi nada, la escena de las sirenas es la peor resuelta del film y el final, si le sacas el vestuario es John Wick, además el lenguaje y los gestos son de gente en el Central park,aún así es cine por arriba de la media
De antemano diré que comparto la opinión favorable de la película, por lo que se me podría acusar de tener una predisposición positiva hacia una crítica que la elogie. Sin embargo, no me habría molestado en escribir un comentario sobre cualquier otra crítica positiva a la Odisea de Nolan. Lo que me ha movido a publicar un comentario en Zenda por primera vez, es sin duda la impresión que me ha causado la erudición y el conocimiento clásico de este escritor, y cómo el artículo, hilando datos y referencias homéricas, es una pieza deliciosa en sí misma. Mucho ánimo a un escritor tan joven y prometedor.
El artículo es ilógico y contradictorio y no demuestra erudición, al contrario demuestra una gran confusión cuando el articulista de inicio dice que la pelicula mantiene “intacto su valor literario original” después de afirmar que es una “soberbia reinterpretación de la Odisea de Homero” y en el resto del texto se explaya en exponer como Nolan desvirtúa, adultera, tergiversa, suplanta, falsea, sustituye y olvida la Odisea de Homero para crear “La Anti-Odisea de Nolan”.
Lo terrible de Agamenón no es la tan criticada “máscara de Batman” es que el verdadero Agamenón sacrificó a la Diosa Artemisa a su propia hija Ifigenia para poder llevar la flota naval griega a Troya. La ignorancia del articulista destaca al escribir “La culpa por la Guerra de Troya, el trauma que arrastra y que no puede olvidar de ser responsable de tantas muertes, es una maxima de esta Odisea. Pero no son solo las muertes, como dice el protagonista, sino el tiempo, los años perdidos en aquella contienda”, porque en las verdaderas Ilíada y Odisea de Homero, Odiseo nunca siente culpa ni sufre ningún trauma por la Guerra ni por las muertes ni considera estéril o inútil esa guerra, porque la ganaron. Cuando Agamenón quiere regresar el décimo año, Odiseo (Ulises) se opone y les recuerda a los guerreros griegos la profecía de Tiresias que ganarían la guerra el décimo año y para los griegos la guerra es culpa de los Troyanos por “raptar a Helena” y negarse a regresarla a Menelao con el resto de los tesoros de Esparta robados por el Príncipe Paris de Troya. Si el articulista leyó La Odisea de Homero debió recordar que Odiseo (Ulises) al partir de Troya, ya conquistada y destruida, no puso rumbo directo a Ítaca, decidió primero asaltar otra ciudad, Ismaro, en Samotracia, la ciudad de cicones, matando más gente en busca de más esclavos y riquezas, para aumentar el botin saqueado de Troya, que también era de esclavas y tesoros, porque el Odiseo (Ulises) homérico era y se jactaba de ser “Destructor de Troya y asolador de ciudades”, jamás fue el traumado “Rambo” de Nolan. El autor afirma que el Odiseo de Nolan “bebe, claramente, de otra época maestra: la de Dante Alighieri”, por tanto reconoce que la pelicula de Nola no es una adaptación de La Odisea de Homero porque la contaminó con los pocos versos condenatorios de Dante en la (Divina) Comedia, del Medioevo, cuando Homero y sus Obras Maestras eran mal conocidas en Europa, porque solo llegaron fragmentos mal traducidos hasta que en el Renacimiento pudo Europa leer las versiones fidedignas en griego. Imaginen la ignorancia medieval sobre Odiseo (Ulises) que Dante escribió que Odiseo (Ulises) aburrido en Ítaca, convenció a sus antiguos compañeros para realizar otro viaje, esta vez más allá del Mediterráneo, a la Mar Oceana (el actual Océano Atlántico) y por haberlos convencido con engaños, al morir, Odiseo fue condenado al Infierno por fraudulento. En tiempos medievales se ignoraba que Odiseo (Ulises) regreso solo a Ítaca, que perdió a todos sus compañeros, a su hueste guerrera, porque quienes sobrevivieron a la Guerra de Troya murieron en el viaje de regreso a Ítaca, por tanto, no pudo convencer a ningún antiguo compañero a realizar un nuevo viaje. Nolan títuló a su película La Odiseo y afirmó que está basada en La Odisea de Homero, por tanto su adaptación es mala al mezclarla con elementos extraños de la tradición cristiana que no entendió el cineasta porque Dante tampoco describió a Odiseo (Ulises) como “una personalidad escéptica, acaso agnóstica, dogmática de la razón, esclava de su propia astucia” estas son palabras de articulista que no tienen base dantesca y mucho menos homérica, al contrario Homero define en detalle a Odiseo (Ulises) como un politeísta pagano, creyente en los antiguos Dioses Griegos, devoto de Zeus y Atenea (su protectora), un Rey Guerrero de la Grecia Arcaica, una sociedad esclavista, guerrera, agraria y es un disparate llamar a Odiseo (Ulises) “escéptico, agnóstico y dogmático de la razón”, prueba de una total incomprensión del personaje mítico y de la Obra Homérica. Así pues, leer mucho y entender poco o nada no es erudición, es llenarse de datos y fallar en la comprensión, lo que se remedia con releer la obra homérica con concentración, con atención, con afán de entendimiento, con la finalidad de aprender, más allá de la intención ególatra de presumir ante los demás un conocimiento que no se tiene. Quizás Nolan leyó La Ilíada y La Odisea y nunca las entendió, quizás le pasó lo mismo al articulista y por eso cree que Nola creo una “obra maestra” una “obra de arte”, porque en verdad creo un adefesio, una malísima adaptación por falsificadora, que es un éxito de taquilla y una derrota para la verdadera Odisea, porque Nolan no buscó la verdadera complejidad de Odiseo (Ulises) que expone Homero al rechazar el héroe la inmortalidad, al despedirse dulcemente de Nausicaa y al matar a las sirvientas y esclavas de su propio palacio, mujeres indefensas, que lo traicionaron al colaborar gustosas con los enemigos, los Pretendientes. Porque Odiseo (Ulises) nunca se sintió culpable de ninguna muerte y La Odisea termina cuando Atenea y Zeus imponen la paz y cesa la guerra civil en Ítaca que recién inicio por la Matanza de los Pretendientes
?Odiseo arrepentido? Quizás que tanto avispado le cambie su épica homérica para conquistar la taquilla de un público infantilizado y craso ignorante de Homero. Hasta la autora británica de la traducción de la Odisea de Homero que el mal adaptador Nola dijo que utilizó para su película declaró que sentiría “vergüenza de haber escrito el guión de la película”.