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La mujer del porvenir

La mujer del porvenir

El que no sabe nada y los que saben mucho, afirman; el que sabe un poco, duda.

Esta frase la escribió Concepción Arenal en su ensayo «La mujer de su casa», publicado en 1883, en el que repasaba su visión de la mujer en el mundo y procedía a matizar lo que ya había reflexionado en «La mujer del porvenir», publicado catorce años antes. Algunas de sus consideraciones, contextualizadas en su época, me parecen audaces. Otras, sorprendentes. Pero sus palabras siempre van matizadas por la prudencia y procura argumentar su defensa de los derechos femeninos con datos objetivos, ya tengan su origen en España o en estudios y estadísticas obtenidos en EEUU, en Francia o Reino Unido.

Así pues, y siguiendo su ejemplo, haré ahora una consideración que el otro día me discutían algunos compañeros del gremio literario. Si yo fuese hombre, ¿vendería más libros? Del tema creo saber bastante, así que con permiso de Concepción Arenal me permitiré afirmar que sí. Y no lo afirmo como pataleta de escritora a la que no le funciona el negocio, porque me va bien y no me quejo. Sin embargo, y dado el tipo de novela que escribo, ¿habría llegado a más lectores si fuese hombre? Estoy absolutamente convencida, sí. ¿Cómo puedo saberlo? Porque lo he vivido, y porque el estudio comparado lo he estado haciendo, sin querer, desde mi primera presentación literaria.

"No importa que en mis libros haya ciencia, historia ni sesudos razonamientos forenses: la sensación general es que las novelas más sólidas y serias salen de la pluma masculina"

No importa que en mis libros haya ciencia, historia ni sesudos razonamientos forenses: la sensación general es que las novelas más sólidas y serias salen de la pluma masculina. Lo sé porque he acudido a muchos encuentros literarios compartidos, tanto en España como en otros países. Contertulios, ferias, eventos variopintos en los que se llegaban a compartir salas de prensa… Si el compañero era hombre, los medios más serios y de mayor proyección lo entrevistaban a él, aunque acabase de sacar su primer libro y yo estuviese entre los más vendidos del país en ese momento. Si me encontraba en el extranjero junto a un compañero que escribiese un género similar al mío, daba igual que ambos fuésemos desconocidos: sus salas estaban más llenas, y de nuevo los medios de prensa más prestigiosos lo atendían a él, no a mí. No se trataba de menosprecios gruesos y rotundos, sino de condescendencia sutil. Y atención, porque nosotras mismas, las mujeres, somos las que llenamos esas salas de autores masculinos y dejamos cierto hueco en las femeninas.

Esto no pasa siempre, desde luego. Y no en todos los géneros, seamos realistas. En romántica las reinas son femeninas: Danielle Steel, Corín Tellado, Barbara Cartland… En juvenil J. K. Rowling es una de las autoras que más millones de libros ha vendido en la historia. En cuanto a infantil, Enid Blyton acumula tal cantidad de libros vendidos que ocupa de forma indiscutible la parte superior del pódium. Y, ya puestos, en novelas de misterio la gran jefa de ventas sigue siendo Agatha Christie, que supera con diferencia a su casi contemporáneo Arthur Conan Doyle.

Sin embargo, en este último punto, no olvidemos que la producción de Doyle fue de solo cuatro novelas y cinco libros de relatos cortos, mientras que Christie escribió sesenta y seis novelas, catorce colecciones de cuentos y media docena de novelas románticas, por no hablar de su producción teatral. ¿No les parece curiosa la diferencia, cuando pareciera que Sherlock Holmes es tanto o más famoso que Poirot?

"Estos autores masculinos, ¿merecen su éxito? Desde luego. Si fueran mujeres, ¿habrían vendido menos? Muy posiblemente"

Volvamos a la mal conocida como “literatura seria”, la que es atemporal y hace inmortales a sus creadores. El drama y la narrativa más ágil y certera, la más vendida, sigue siendo masculina: Shakespeare, Cervantes, Dumas. En cuanto al terror y las tinieblas, Stephen King es el más leído. Y, en la novela negra son James Patterson, Dan Brown o Stieg Larsson quienes se encuentran en la cumbre de la pirámide del triunfo. Estos autores masculinos, ¿merecen su éxito? Desde luego. Si fueran mujeres, ¿habrían vendido menos? Muy posiblemente. Al menos, no les habrían tomado tan en serio desde el principio, eso se lo aseguro.

Algunos me dirán que el caso de Carmen Mola desmonta mi teoría, porque bajo seudónimo de mujer fueron tres hombres los que vendieron muchos libros de novela negra y, además, ganaron un Premio Planeta. Permítanme que difiera: desde su primera novela no solo interesaba la historia en sí, sino el misterio de quién la había creado. Y ese misterio se desvaneció al revelar sus identidades: no tengo cifras, pero apuesto a que ahora venden un poco menos. No porque su calidad haya disminuido ni porque sean hombres, claro, sino porque se diluyó esa magia. Sucedió lo mismo con Elena Ferrante, que tras ver desvelada su identidad femenina parece haber perdido el tirón.

En resumen, y tal y como dijo Concepción Arenal en el breve prólogo de La mujer del porvenir, yo «no intento persuadirte ni convencerte; toda mi ambición se limita a que, al concluir estas páginas, dudes y digas, primero para ti y después para los otros: ¿tendrá razón esta mujer en algo de lo que dice?».

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John P. Herra
John P. Herra
1 mes hace

No estoy de acuerdo en nada, pero sigamos con la acusación de María Oruña, contra los medios y el público, porque soy lector, y por tanto, acusado. Pero sigamos por la vía de los hechos y datos objetivos, no por afirmaciones del tipo “lo he vivido” o “parece”.

En primer lugar, la pregunta “Si yo fuera hombre, vendería más libros?”, si es respondida positivamente, como lo es más adelante, lleva implícita una acusación a público y medios de que, por encima de su gusto literario, curiosidad, formación , preferencia de estilo o género, hay una razón, consciente o (esperemos) inconsciente, que le lleva a elegir a un autor masculino y, por ende, a rechazar al autor femenino. Si seguimos la premisa, habrá que preguntarse si esa elección de un libro por el sexo del autor se hace antes o después. Porque si se hace antes, significa que se descartan automáticamente las autoras y nunca se opta por ellas. Y digo nunca, porque si realmente el sexo del autor es un factor determinante, como afirma la acusación, siempre hay autores masculinos que elegir.

Es un hecho que hay géneros en los que las autoras venden más que los autores, lo cual es una contradicción suficiente como para archivar la causa. Pero sigamos con ella. Cómo aún no se ha inventado ninguna máquina para medir cosas como “la sensación general”, ni la acusación aporta entrevistas con datos con cada uno de los medios y compradores, no se puede aceptar la impresión subjetiva de la acusación como prueba.

No basta con afirmar “lo he vivido”, porque otras personas pueden “haber vivido” otra cosa. No es un dato, es una afirmación subjetiva sin justificar. La acusación tendría que aportar algo más que su percepción personal a la hora de determinar que los medios se interesaran por el autor en detrimento de ella, porque igual que pudieron hacerlo por cuestiones de sexo, también podrían haberlo hecho por otras cuestiones que pertenecen al oficio periodístico o a la subjetividad del profesional. Habría que escuchar a los acusados.

También habría que escuchar a los acusados a los que se acusa de no comprar un libro de María Oruña por ser mujer. Entonces, sólo entonces, habrá base para tomar en serio la acusación. No se puede acusar de algo tan serio al público o a los medios en general sin más.

En mi caso, declaro que tengo varios millares de libros por leer desde mucho antes de escuchar por primera vez el nombre de María Oruña. Al menos en mi caso, no es por usted, señora, es por su obra. Dicho esto, espero que se convierta su obra en un clásico y mis nietos la tengan unos puestos más adelantada en la cola.

Juan Ramos
Juan Ramos
1 mes hace
Responder a  John P. Herra

Sr. Herra ¿Usted publica libros? ¿Asiste a conferencias de prensa literarias, a ferias? ¿Tiene experiencia al respecto? Parece que no. Entonces es más prudente no opinar sin conocer el mundillo literario que me da la impresión que es complejo y sutil. En todo caso, me parecen mucho más acertadas las consideraciones de la Sra. Oruña.

John P. Herra
John P. Herra
1 mes hace
Responder a  Juan Ramos

Sin ninguna duda el mundillo literario es complejo y sutil. No creo haber dado mi opinión. Sí el artículo sólo es para iniciados, mis disculpas, no tenía intención de interrumpir los onanismos del sector. Me limitaré, como plebeyo, al papel que me asignan los señores. Supongo que aplaudir al escritor y votar a cualquiera que legisle que hay que comprar dos autores femeninos por cada masculino obligatoriamente, para deshacer este desaguisado. A sus pies.

Irena
Irena
1 mes hace

No se entiende cuál es la relación entre La mujer del porvenir, Concepción Arenal y el contenido del artículo.

Juan Ramos
Juan Ramos
1 mes hace
Responder a  Irena

Pues está bien traído, lo utiliza de base para contextualizar su artículo. Y que conste que no conozco de nada a la Sra. Oruña, salvo que haya leído sus libros.

Laura Iratze Huertas-Martín Parra
Laura Iratze Huertas-Martín Parra
1 mes hace

María, estoy muy de acuerdo contigo, se ha cosificado (reificado) el papel de la mujer en la literatura, o tienes un papa rico o un padrino, o hasta en el Café Gijón te despachan los eruditos sin recibir los originles, como le ocurrió a mi colega Charo de la Igleisia… Esto va cambiando poco a poco, y muy en parte grazias a las poetas, performers, fotógrafas y cineastas aunque eso menos, y menos prostitución por papeles impuesta a las actrices… Hay algunas autoras, que han estado pegando duro, muchas soutenues, sin demasiado talento algunos/as…. Y contra ello es contra lo que hay que rebelarse con nuestro buen colega Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez, QUE ES FEMINISTO, COMO SU SANTA MADRE IMAGINO. TIRANÍAS DEL MACHO A VECES, HIJA, YO ESTOY CON VOLIONS-TAIRE, creo que se diría así en francés, y yo me creo y me sirven todos tus estudios de campo, LO HAS VISTO TÚ Y PAREZES HONESTA, Y ESO ES LO MÁS VALIOSO. Ciaao, maja, maja maja.

Emma Smith
Emma Smith
1 mes hace

Con las ideas puedo o no estar de acuerdo, el problema es que es más una opinión personal la que relata el texto, no hay estadísticas, no hay por así decir, argumentos serios. Arenal fue mcuho más que lo que aquí aparece, que parece un texto que hablará de esta intelectual que nació y murió en un contexto que no es el nuestro. Aunque soy norteamericana y ya casi filóloga de hispánica, el planteamiento del artículo no llega a nada, salvo a la interpretación de la autora, quien afirma que no le va mal. Muchas veces son las mujeres quienes impiden que otras mujeres sobresalgan. Esto hay que tenerlo en cuenta, sino, estaríamos falseando la realidad. Es una temática cansina.

Carles García
Carles García
1 mes hace

Si ya de entrada va de víctima por ser mujer ¿Vale la pena leer el resto del artículo?