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A propósito de Eva

A propósito de Eva

Conocí a Eva Orúe en persona este año. Ni siquiera recuerdo quién nos presentó, pues el encuentro fue casual y apenas duró unos segundos: yo iba corriendo en la Feria del Libro de Madrid a alguna parte y ella, supongo, hacía algo parecido. Fue amable y correcta, pero poco más puedo decir a propósito de Eva, pues solo hemos vuelto a coincidir de forma virtual, como jurado literario de un certamen sencillo que se realiza en un pueblo cántabro.

El hecho de que haya sido cesada de la dirección de la Feria del Libro de Madrid ha ocasionado una pequeña eclosión de opiniones dispares: para empezar, la propia afectada parece haberse mostrado disconforme por las ambiguas razones por las que se le ha dado el portazo. Algunos libreros han salido a defenderla y otros, tras bambalinas, han dicho que sí, que hacía falta una nueva etapa y dirección.

Dado que, como ya he dicho, no conozco a Eva Orúe ni tampoco su trabajo efectivo, no haré de tertuliana. Me limitaré a observar las coordenadas de la jugada, consciente de que a los medios no ha trascendido más que un destello de la verdad. Solo puedo hablar, por tanto, de lo que sí conozco y de lo que he podido saber tras llevar varios años de mi vida asistiendo sin falta a la Feria del Libro de Madrid.

"Aquí, que entramos gratis, vamos sobre todo a pasar frío o un calor insoportable para cruzar unas palabras con el escritor o escritora que se tercie y hacernos una foto"

Mucho más allá de quién dirija o no la Feria y de los entuertos entre editores, libreros y dirección, ¿saben qué creo que le falta a nuestra feria literaria más importante? Show. Luces de colores, gancho. Hay autores notabilísimos a los que cuesta mucho sacar de sus escondrijos y que vienen solo a firmar ejemplares. Hacen prensa también, por supuesto, pero ¿y el show? ¿Y las charlas y conferencias? Creo que éste debiera ser el reclamo principal de un encuentro cultural, y no las firmas de ejemplares. Compartir ideas, pensamiento crítico, puntos de vista y diferentes perspectivas. Yo sé, como buena saltimbanqui y feriante que soy, que vendo muchos más libros cuando hay charla previa que cuando no la hay. Se trata de provocar al lector, de cautivarlo, se sugerirle un mundo nuevo, atractivo e irresistible. Y esto no sucede solo con las novelas de ficción: un ensayo de Yuval Noah Harari les aseguro que puede ser presentado de forma tan sugerente como una novela de argumento exagerado de Joël Dicker. ¿Por qué en Latinoamérica hay tantísimas presentaciones, charlas y conferencias en las ferias y aquí no? En Madrid los pequeños espacios que se ofrecen en mitad de las casetas son mínimos, y lo que se prioriza son las firmas. Yo jamás he presentado nada en la Feria del Libro de Madrid, y tampoco he sido invitada a charla compartida ni a conferencia alguna. En las ferias de Chile, Perú, México, Argentina y Colombia, por ejemplo, se paga por entrar. Lo que importa, sobre todo, es el pensamiento: el encuentro con el autor o autora, el debate. Lo de las firmas viene después.

Aquí, que entramos gratis, vamos sobre todo a pasar frío o un calor insoportable para cruzar unas palabras con el escritor o escritora que se tercie y hacernos una foto. Es bonito, genial incluso, pero para mí la cultura es encuentro y debería añadirse algo más.

"Como es lógico, cuantos menos visitantes tiene la feria, menos libros se venden, pero piensen que El Retiro, con estas condiciones climáticas, tampoco resulta ya tan atractivo para dar un paseo"

Comprendo que El Retiro nos encanta a todos para hacer la Feria, pero realmente comienza a ser un problema serio el celebrarla en este parque: el calor insoportable y las tormentas imprevisibles con sus alertas naranjas, que este año cancelaron la última de las firmas. Y no, no tiene nada de legendario ni romántico estar a treinta y cinco grados haciendo fila para ver a un autor, por majo y buen escritor que sea. Ni tampoco ver cómo cancelan la firma por un torbellino cuando has pagado hotel, tren y/o avión.

No quiero ni pensar el quebradero de cabeza que tuvo que suponer el clima para Eva y para todos los anteriores directores, solo varones. Es necesario un cambio radical: o bien una carpa gigantesca que lo cubra todo, tal y como yo misma llegué a ver en la feria del libro de Lima —que en la actualidad está ya bajo una infraestructura metálica concebida para todo tipo de encuentro ferial—, o bien un cambio de ubicación.

Como es lógico, cuantos menos visitantes tiene la feria, menos libros se venden, pero piensen que El Retiro, con estas condiciones climáticas, tampoco resulta ya tan atractivo para dar un paseo. Pongan un buen aire acondicionado y ya verán como el personal a lo mejor se anima lo mismo.

Según parece, este año también bajaron las ventas de la Feria por la visita del papa. Esto no es culpa de la pobre Eva, evidente, pero sí creo que es responsable el Ayuntamiento de Madrid de haber montado el chiringuito en plena plaza de Cibeles: no solo resultaba evidente que iba a perjudicar a la feria, sino que el colapso de tráfico en la ciudad fue tremendo. Por no hablar del precio de los hoteles, elevado hasta el disparate. Así no hay quien mantenga un evento literario, a decir verdad.

"Esta periodista, corresponsal y gestora cultural habrá tenido que lidiar con un enjambre tal de problemas que se ha ganado unas buenas vacaciones, eso seguro"

Sí que es cierto que hubo cierto revuelo por el hecho de que en algunas carpas de firmas —sí, esas a los que solo van los autores más demandados y populares— hubiese publicidad de entidades bancarias, por ejemplo. Eso sí fue un error. Puedes buscar patrocinadores, pero no hacer que autores independientes tengan que ofrecer su imagen para respaldar un producto que desconocen y que, además, les puede meter en un buen lío: ¿se imaginan tener que pasar varias horas firmando ante una publicidad X, cuando el autor ya hubiese sido contratado por el Y de la competencia, por ejemplo, cobrando?

Esto, en cuanto a los problemas. Hay que añadir que este año, además, algunos libreros se quejaron de cierto estado policial a la hora de controlar sus stocks y el material que llevaban a la caseta, pues debía de corresponder exactamente con el que habían manifestado que llevarían. No solo en cantidad, sino también en temática. Sin normas y control todo sería libre albedrío, cierto, pero lo que a mí me llegó fue cierto malestar en ese sentido.

En todo caso, la tarea de dirigir una feria literaria tan importante y con tantos intereses distintos se me antoja complicada. Reitero que yo desconozco si los motivos de destitución de Orúe son o no justos, pero esta periodista, corresponsal y gestora cultural habrá tenido que lidiar con un enjambre tal de problemas que se ha ganado unas buenas vacaciones, eso seguro. No sé quién será el nuevo director, que sospecho que será hombre, pero le dejan una ensalada difícil de aliñar.

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