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La seguridad de navegar en un mar de contradicciones

La seguridad de navegar en un mar de contradicciones

Con su nueva novela, Emilio Ortiz, hasta ahora todo un referente en lo tocante a la lucha por los derechos de los animales, se convierte también en un aliado del movimiento feminista. Y es que su ficción está protagonizada por dos mujeres, una activista y otra prostituta, cuyas vidas se cruzan precisamente porque caminan en direcciones opuestas.

En este making of, Emilio Ortiz cuenta el origen de Las mujeres de los mil nombres (Bunker Books).

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Escribir siempre surge ante la necesidad de contar algo, al menos en mi caso. Con Las mujeres de los mil nombres esta autoexigencia se ha convertido en imperiosa, en insoslayable y terapéutica.

La cuarta ola del feminismo consigue poner a este en el primer plano de la vida social. El mundo del trabajo, la familia, los medios de comunicación, la política, las Fuerzas Armadas, el fútbol, todo está impregnado de una u otra manera por la lucha feminista. Las feministas son las primeras revolucionarias que han conseguido hacer realidad el sueño de la revolución permanente.

"Cuando me visitaba mi gran amiga Ester Díaz Pedroche, profesora, feminista y madre, charlábamos mucho y a veces acaloradamente sobre teoría feminista"

Tengo muy claro que las cuatro revoluciones principales que cambiaron nuestro mundo para siempre —la neolítica, la americana, la francesa y la soviética—, tuvieron un principio y un final. Si se prefiere, un triunfo y un fracaso. La próxima revolución será feminista o no será revolución. Y esta ha llegado para quedarse, pero en caso de fracasar, resurgirá con más fuerza y virulencia ya que en su fin y fundamento se encuentra la verdadera naturaleza del ser humano-social: la igualdad material y civil de todas las personas.

No obstante todo lo anterior, todavía navego en un mar de contradicciones. Cuando me visitaba mi gran amiga Ester Díaz Pedroche, profesora, feminista y madre, charlábamos mucho y a veces acaloradamente sobre teoría feminista. Ester se marchaba y yo saboreaba y digería durante semanas sus enseñanzas y tesis.

Mi hija —25 años en la actualidad— desde los 16 ya me hablaba de feminismos en plural, en vez de simplificarlo o encajarlo todo en un singular. Las tesis de Ester se empañaban, se desdibujaban, flotaban  en mi mente, pero no desaparecían.

"Mi yo creativo y más revolucionario necesitaba crear un elenco de personajes ficticios que entraran en un conflicto real, con el fin de observar sus movimientos"

Tomaba unas cañas con cuatro amigas, amigos, amigues feministas/aliados y debatíamos sobre la actualidad de las organizaciones, redes y plataformas afines a la causa. Llegábamos siempre a la misma conclusión, que hay dos cuestiones troncales que dividen al movimiento: legalización versus abolición y la diferencia de criterio respecto a incluir a las personas trans en los espacios feministas. Sentía un dolor profundo provocado por el miedo y la pena de que precisamente la acción revolucionaria más potente de la historia de la humanidad pudiera morir de éxito.

Tuve muy claro desde el principio que ni podía ni pretendía ofrecer ninguna solución al respecto escribiendo Las mujeres de los mil nombres, ni mucho menos dar lecciones a nadie de cómo se deben hacer las cosas. Eso sí, mi yo creativo y más revolucionario necesitaba crear un elenco de personajes ficticios que entraran en un conflicto real, con el fin de observar sus movimientos. Fue duro, enriquecedor y muy emocionante.

Me reuní con diez mujeres prostituidas, aprendí mucho de ellas. Juraría que son de las personas más generosas y empáticas que me he cruzado en mi existencia.

"He conseguido alcanzar el objetivo de cubrir la necesidad de contar esta historia, pero por suerte, las dudas siguen habitando en mí"

Rosa Parks, protagonista de Las mujeres de los mil nombres, es una estudiante de Historia del Arte, tiene 21 años, es militante de una asamblea feminista, ha enamorado a editoras, periodistas, artistas, familiares y amigas que ya han leído la novela. Aurelia, coprotagonista del libro, ha cautivado también a todas las personas anteriormente mencionadas; a mí particularmente me provoca una ternura inmensa y una fuerza brutal. Se trata de una mujer prostituida o prostituta o trabajadora del sexo, según quien la juzgue, pero eso mejor que lo decida ella misma, que aunque sea un personaje de ficción, reivindico su derecho a decidir. Quiero que ambas estén para siempre en mi vida.

He conseguido alcanzar el objetivo de cubrir la necesidad de contar esta historia, pero por suerte, las dudas siguen habitando en mí. Lo agradezco, ya que soy de los que piensan que «el conflicto social», es el mejor camino para poder alcanzar el sueño de un mundo justo. No dejar nada por sentado, evitar el dogma, las verdades heredadas y absolutas, son algunas de las herramientas de las que dispongo en este momento para poder sentirme libre. Por todo esto, también me considero afortunado por poder seguir navegando, caminando y volando entre multitud de contradicciones.

Las mujeres de los mil nombres no es una novela feminista, pero por otro lado es susceptible de poder ser catalogada como tal. Eso ya es cosa del lector, no mía. Se trata de una obra de ficción en la cual el escenario principal es el seno de una organización feminista, cuyas componentes entran en dinámicas de conflictos, consensos y desavenencias entre sí. Y por supuesto, con todos sus adversarios.

Y para terminar decir que ¡larga vida al feminismo y sus trincheras! Todas, todos, salimos ganando.

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Autor: Emilio Ortiz. Título: Las mujeres de los mil nombres. Editorial: Bunker Books. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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