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La soledad de las cosas

La soledad de las cosas

Byung-Chul Han parece escribir para lectores de un tiempo futuro. Como si diera por perdida a la humanidad actual, incapaz de corregir ni un milímetro el rumbo del progreso, les muestra a ellos qué está ocurriendo ahora en el corazón del ser humano: qué nos está pasando a todos nosotros en estos años de cambio acelerado, a mí que escribo este artículo sin bolígrafo ni papel, a ti que me lees sin tocar estas palabras o, por poner otro ejemplo, a esa pareja de treintañeros que ayer a media tarde caminaba por la calle Goya de Madrid a la altura de la plaza de Colón, al cruzarme con la cual ella levantó la vista de su móvil y le informó a él: “Pone que por ahí (señalando a las torres) tardamos ocho minutos y por ahí (señalando a la fuente) nueve minutos”. Segundos después volví la cabeza con curiosidad. En efecto, habían escogido el trayecto más corto o más breve… para ganar ese preciado minuto de tiempo.

Como nos enseña el popular filósofo surcoreano, el mundo que conocíamos, el mundo de las cosas, está desapareciendo de nuestra experiencia cotidiana. Los objetos se alejan tras una malla de información. Las cosas físicas nos oponen una resistencia. Esa resistencia corpórea, esa negatividad intrínseca a los objetos fundamenta nuestra relación con el mundo. De alguna manera que no podemos entender, las cosas reales están vivas. Se insubordinan a nuestra voluntad, es preciso domeñarlas para modificar el espacio que habitamos. No gritan ni hablan nuestro lenguaje, pero dicen cosas. Reclaman nuestra atención, imponiéndonos un respetuoso silencio. Esa relación afectiva con las cosas implica la integración radical de la persona en el mundo, sin la que no es posible la admiración, el pensamiento, la filosofía.

"El homo faber ha dado paso al homo ludens. Ya se vislumbra un futuro de renta básica y juegos de ordenador, la versión moderna del pan y circo de los romanos"

Una capa sin intersticios, un moho denso de información recubre hoy los objetos. En la era digital, las cosas reales se distancian de nuestro cuerpo, de nuestras manos, de nuestra vista. Las cosas digitalizadas no son cosas sino no-cosas, meros terminales informativos. La cama inteligente vela nuestro sueño, los relojes inteligentes monitorizan nuestro organismo, la casa inteligente inspecciona nuestra vida privada. La inteligencia de las no-cosas consiste en extraer de nosotros un caudal inagotable de información. Ya no manejamos las cosas sino que las no-cosas nos manejan a nosotros, pues al otro lado de las pantallas hay actores con fines propios. Google o Facebook son los nuevos señores feudales cuyos campos labramos a placer. Su cosecha son nuestros datos (dónde estamos, de qué hablamos, qué nos preocupa e interesa), con los que obtienen cuantiosos beneficios. En las pantallas un mundo aparente de imágenes se nos somete. Los súbditos se creen amos. Deslizar los dedos por la pantalla táctil es jugar. El homo faber ha dado paso al homo ludens. Ya se vislumbra un futuro de renta básica y juegos de ordenador, la versión moderna del pan y circo de los romanos. Nuestra función social se reducirá a divertirnos todo el tiempo en un entorno de pantallas digitales. “La dominación se consuma —dice el filósofo— en el momento en que concuerda con la libertad”.

Libremente elegimos recorrer el camino más corto o más breve para alcanzar nuestro destino, tal y como nos sugiere un algoritmo. Nos gobierna una inteligencia artificial que no piensa ni entiende nada, sólo relaciona millones de datos. De no haber consultado su móvil, la pareja de treintañeros con la que me crucé ayer habría tal vez escogido el otro camino, el que rodea la plaza de Colón pasando bajo la escultura pacífica y silenciosa de Jaume Plensa llamada Julia. Ese rostro joven que piensa con los ojos cerrados para no ver nuestro engaño parece haber captado la esencia del tiempo, que no es un minuto más o menos de reloj sino una categoría metafísica que constituye el ser: algo que nunca llegará a comprender la inteligencia artificial.

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Autor: Byung Chul-Han. Traductor: Joaquín Chamorro Mielke. Título: No cosas: quiebras del mundo de hoy. Editorial: Taurus. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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Ricarrob
Ricarrob
2 años hace

Totalmente de acuerdo. Excelente reseña de este filósofo que está entre mis favoritos. Nos dominan las no-cosas y nos hemos convertido en no-personas. Es el sueño, hasta la actualidad no cumplido, de la autocracia absoluta, del totalitarismo global. Es no hacer nada saliendo a la calle, colgados del móvil, gritando que todo se puede, gritando «no sin mi consentimiento», consintiédolo todo y ejecutándose todo sin ese consentimiento. Eslóganes repetidos globalmente hasta la saciedad y hasta el vómito, por millones de bocas sin cerebro, manejadas por un inmenso guiñol que lo decide TODO, marionetas inconscientes de que lo son, creyéndose libres y autónomas, manejadas por ideólogos de signos diferentes: ideólogos ácratas que lo quieren destruir todo e ideólogos ultraliberales que lo quieren poseer todo. Y, ambos, quieren poseer nuestra alma, si no la poseen ya. Es imprescindible leer este libro. Leer, a ser posible tocando el libro y el papel…