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La vida, contigo, de Esther Peñas

La vida, contigo, de Esther Peñas

La mujer que amo tiene el pelo del infantil alboroto de los parques. La mujer que amo es sonrisa y carcajada. La mujer que amo es del azul más intenso que pueden contener unos ojos. Ella se derrama en cada hora que vive, y su vida es palabra escrita. Por eso leer sus poemas es amarla, entregarse con la fuerza del apóstol; transitar por sus novelas, buscar el calor de su vientre; conocerla a través de su literatura es quererle gritar que la vida, contigo.

"La historia de devoción que cuenta en La vida, contigo es poesía fuera del verso"

Esther Peñas (Madrid, 1975) ha publicado un nuevo libro. La vida, contigo (adeshoras, 2019) no es un libro de poemas. Tampoco una novela. Responde al concepto de diario sin ser algo parecido a uno de ellos. El título es un artefacto literario, una fiesta de palabras que buscan la verdad de la existencia a través de la celebración de una relación no imaginada, perfecta a su modo, pero también sufrida, investigada, acogida con deleite y voz curiosa.

Peñas ha convertido la experiencia del amor, del conocimiento del otro ser, de la persona querida, en pura literatura; la historia de devoción que cuenta en La vida, contigo es poesía fuera del verso, un poema largo sobre la amada, una entrega lírica hacia el sentimiento inexacto que suponen los afectos, abrazar la imperfección del otro. Pero entendámoslo en su voz:

“La coma es importante en cualquier caso. Si escribo “la vida contigo” significo que la parcela que nos concierne suspende las zonas colindantes, ilumino una parte del todo. La más importante, quizás, pero una zona concreta del territorio. Si convoco la coma, si escribo “la vida, contigo”, emerge la intensidad del sujeto, y la vida se hace plena, y la incluye. Es distinto. La intensidad. Sé que lo recoge”. 

La vida, contigo es un libro con la anatomía de un cesto de esparto; natural y antiguo, de centenares de extremos en diálogo, una historia de esquejes verdes de existencia. En breves apuntes —el más largo no se extiende más de un par de páginas— la madrileña anatomiza el sentimiento afectivo, lo presenta genuino, alejado de ideales borrosos, lo hace puro e imperfecto, lleno de aristas, verdadero.

La historia —¿acaso hay historia en esta no-novela?— nos presenta a la voz que ama a la mujer que ama, que aprende a navegar por los sentimientos del ser que la encandila, a no hacer ruido dentro de la “fábrica” que enciende la maquinaria del dolor de la otra, a acompañar los traumas de lo antiguo siempre unos pasos por detrás, sin ruido, pero haciéndose notar en lo sutil, para que el alma que quiere lo sepa. 

"El amor de la novela de Peñas es también fogoso, comprende la piel de la mujer que ama"

La vida, contigo transita entre ese conocer al otro, aprender sus gestos de desastre y aquellos de gozo, y el aprehenderse a uno mismo para ofrecerse, para dejarse querer y que la relación sea ese contrato en papeles de agua, tinta de latido que rubrica un futuro en común.

El amor de la novela de Peñas es también fogoso, comprende la piel de la mujer que ama. La protagonista —siempre presente, siempre ausente y “destrazada”— vibra con la pasión de las películas. Mas, lejos de parecer una ficción perfecta, el lector intuye que la confidente percibe de verdad que la imagen evocada de la mujer que ama la “ocupa en perfecta concordia”: “En ti la esencia es otra”, le dice, “completa, completada quedo queda tras la vereda limpia de la comisura de tus labios, por entre las que pasa el mundo, por entre donde se cuaja lo bello, por entre donde se entretiene el tiempo y se crece”.

He aquí la entrega apasionada:

“Estallar. Romperme en mil pedazos de la gloria. Sentir que reventaré en el placer de sentirte en mi centro mismo, en el punto gravitatorio en el que la parábola rompe su curso. Se me descargan tus baladros gozosos y me desbarato por dejarte más espacio y que te expandas más allá de lo permitido. Escucho el ruido ensordecedor del crujido del goce cuando se hace pleno y no regresa, se acuartela, a espasmos, a contorsiones enroscadas que mantienen el pálpito de la sacudida. Hemos llegado ya y no importa la muerte. Nos hemos ido y hay un reinado de espuma que nos reviste”.

El lector cae en un sopor plagado de espinas, como debiera ser el querer, como debiera ser, señora, la vida, contigo; un dulce abrazo engalanado con las ilustraciones de Luis Ortega Chamarro, autor de la cubierta del libro y de otros trabajos plásticos reproducidos en el interior. Esther Peñas ha construido un evangelio de amor romántico, sacrifico de altar y metonimia (en la mujer que ama están todas las mujeres) con el que parece decir, como dijo el poeta, que su nombre es el de todas las mujeres, el de todos los seres que habitan el corazón de otro.

“Para eso sirven los libros, para que nos resuenen, para que se nos disuelvan. Para que resuelvan, están los otros. Siempre hay un ‘lo otro’ que también salva”. Amén.

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Autor: Esther Peñas. Título: La vida, contigo. Editorial: Adeshoras. Venta: Amazon