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Lepisma y los propósitos de Año Nuevo

Lepisma y los propósitos de Año Nuevo

Cuando se lo comenté a mi psiquiatra, el doctor Seward, éste me miró con la misma cara de interés con que yo observaba a Lepisma Saccharina mientras me hacía esta sorprendente revelación: no es sólo que los pececillos de plata midan el tiempo igual que nosotros, sino que también tienen sus propios rituales de Nochevieja. Antes de la cena, cada miembro de la familia redacta sus deseos para el año nuevo en una hoja que posteriormente es recortada por el más pequeño del clan;  luego, con cada campanada, cada comensal se come un pedazo (siempre hay alguien que comienza antes que los demás y es detenido inmediatamente al grito de “Aún no, que son los cuartoooooos”).

—Ajá- musitaba mi terapeuta mientras garateaba algo en una libreta- Mmmmh…interesante…

—No me extraña que tome notas, esto es muy sorprendente, ¿verdad? Pues bien, resulta que si han podido comerse sus doce trozos de papel cumplirán el deseo de la persona que se sienta a su lado, y es por ello que desde tiempos inmemoriales los pececillos de plata celebran estas fiestas en mesas redondas. Sobran pedazos de papel, por supuesto, y los que no se han consumido se distribuyen sobre la mesa y con este puzzle de letras dispersas se construye entre todos la frase con sentido más larga posible; durante los siguientes 365 días ese será el lema de la familia, que será bordado y enmarcado para presidir el hogar…hogar que por cierto suele encontrarse en algún rincón oculto de nuestra biblioteca o en algún orificio de nuestro baño

—Ajá…mmmmh…

—Lepisma me explicó que el cuadro que ahora colgaba en su recibidor rezaba así, en punto de cruz: “Dios bendiga cada rincón de esta casa pero ahora yo me cambio de ropa que he de ir a comprar sandías”

—Muy interesante- Seward se incorporó y depositó doce pastillas en mi mano- Tenga, tómeselas ya mismo, no espere a las campanadas y no se preocupe por los cuartos

—Ajá…mmmmh

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