Una de las cualidades más interesantes de Linternas es su voluntad de recuperar la dimensión heroica de Hal Jordan para la televisión, pero hacerlo desde un lugar inesperadamente terrenal. El miedo —esa idea central e inevitable en cualquier relato sobre un personaje definido por su capacidad para superarlo— impregna una serie que, en sus primeros compases, prefiere la inquietud al espectáculo. Hay algo perturbador en su acercamiento a una pequeña comunidad, a una familia y a un asesinato que rompe una aparente normalidad. Linternas reduce deliberadamente la escala para presentar una mitología gigantesca, pero no la oculta: está ahí desde el principio, esperando a abrirse paso. Esperemos.
La combinación de «asesinato en un pequeño pueblo» y «superhéroes» podría parecer uno de esos anzuelos irresistibles para el clickbait de audiencia, dos conceptos demasiado golosos como para no explotarlos de una manera más modesta que en un gran blockbuster de cines como aquellos con los que Warner lleva mordiendo el polvo un tiempo (el último, y más grave, Supergirl). Y sin embargo, la serie encuentra cierta personalidad precisamente en esa contradicción. Sus protagonistas podrían ser dos detectives de muy distinto carácter investigando un caso extraño; durante buena parte del tiempo, el uniforme y los poderes parecen secundarios frente a una investigación escrita desde el misterio y una tensión que el escenario aproxima a esa América atávica tan de moda con Yellowstone. Es una serie conectada a la tierra, grounded —dirían los americanos— hasta el extremo, lo que resulta un tanto paradójico tratándose de un material de aventuras espaciales como los del Cuerpo de Linternas Verdes. Pero esa renuncia parcial al despliegue inmediato queda compensada por la expectativa de todo lo que puede surgir después, extremo en el que Tom King y Damon Lindelof tendrán que afanarse en representar.
En ese sentido, Linternas funciona también como un producto puente, una prueba de fuego antes de tirar hacia delante y comprobar hasta dónde puede llegar esta nueva etapa del universo DC. Su modestia visual es evidente en determinados momentos, aunque está lejos de resultar pobre: hay una factura HBO elegante, exquisitamente fotografiada y, sobre todo, extraordinariamente sostenida por los actores. La escala se mantiene contenida no tanto por incapacidad como por decisión narrativa, dejando que la extrañeza y la promesa de una mitología mucho mayor se filtren poco a poco.
Y ahí aparece quizá el elemento más tranquilizador del proyecto: los nombres implicados en su escritura. Lindelof y King no son precisamente autores menores, y su participación transmite la sensación de que creen al cien por cien en los valores subversivos y míticos del material del tipo que ideó The Leftovers y el que escribió cómics tan destacados y polémicos como Mr. Milagro o Héroes en crisis. Hay riesgos en lo que parece una auténtica (re)presentación de Hal Jordan tras el olvidado largometraje protagonizado por Ryan Reynolds, una versión que convirtió al personaje en uno de los grandes símbolos del fracaso superheroico moderno. No conozcas a tus ídolos, es una frase literal en la serie, que efectivamente y tratando de “deconstruir” (horrible palabra ya a estas alturas) enfrenta a sus personajes con sus propias leyendas, sus decepciones y una cualidad heroica que no consiste en carecer de miedo, sino en saber qué hacer cuando aparece. Pero eso es algo que contrasta con la carismática interpretación de un (nominable a premios) Kyle Chandler y la siempre segura aportación de Aaron Pierre, un nuevo actor llamado a triunfar en papeles de forzudo sensible.
Resulta especialmente estimulante comprobar que Linternas parece escrita con libertad e inteligencia dentro de una franquicia que llega después de años de decadencia del género y bajo un clima de hate en redes sociales que ha sido, en ocasiones, desproporcionado, un rechazo que la propia compañía tampoco ha sabido evitar e incluso ha cultivado indirectamente, atrapada durante demasiado tiempo en la necesidad de encontrar y vender su propio relato corporativo en medio de fusiones, compras, ventas y escisiones para, en fin, al final venderse más barato. Por ahora, sin embargo, Linternas da la impresión de mirar hacia otro lado: hacia sus personajes, hacia el misterio y hacia una mitología que no necesita esconderse para resultar intrigante. La trama es lo de menos (todavía ni siquiera hemos visto el tiroteo inicial), pero son los dos grandes actores quienes venden el producto.



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