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Lo que aprendí discutiendo con el pasado

Lo que aprendí discutiendo con el pasado

En estas páginas conviven anécdotas como la de las dos mujeres que im­primieron el Quijote, la verdadera historia de la oreja de Van Gogh, la explotación pop del rostro del Che… Un libro de divulgación que consigue ser irónico sin ser frívolo.

En este Making Of, David Botello cuenta cómo escribió No me cuentes batallitas (Aguilar).

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La historia tiene un problema de márquetin. Entras en una librería. Buscas la sección de Historia. Y no está. Bueno, está, pero escondida. Al final del todo. Al fondo del pasillo. Para llegar, tienes que pasar por Filosofía, Antropología y ese páramo llamado Teoría Crítica. La Historia está castigada. Es como si la hubieran mandado a pensar lo que ha hecho. Y, cuando llegas, coges un libro, lo hojeas y, antes de que te dé tiempo a decidir si te interesa o no, aparece alguien que te lanza la pregunta: «Oye, y esto de la Historia, ¿para qué sirve?». Como diciendo, eso de la Historia está muy bien, pero no sirve para nada. No me cuentes batallitas nace exactamente ahí.

Durante más de treinta años, me he dedicado a contar historias. Y, en todo este tiempo, he aprendido que la diferencia nunca está en lo que cuentas, sino en cómo lo cuentas. Y eso vale para todo. Incluso para la Historia. En el fondo, la Historia, con mayúsculas, solo es un montón de historias mejor o peor contadas. Y aquí no solo hemos descuidado el cómo. Hemos olvidado incluso para qué estaba ahí. Al fondo de la librería.

"Investigar, contrastar, discutir con las fuentes como si pudieran responderme, desmontar mitos y quitarle el maquillaje a la propaganda"

Hemos convertido algo profundamente humano en un bloque de mármol. La hemos llenado de solemnidad, de fechas como lápidas y de nombres que suenan a lista de boda aburrida a la que no quieres ir. Y este libro es un intento de hacer añicos ese bloque y devolver la Historia al lugar de donde nunca debió salir: la calle. La conversación. La vida.

La idea de Batallitas no apareció de golpe. No hubo iluminación divina ni rayo caído del cielo. Fue más bien un goteo. Un runrún constante que empezó cuando me di cuenta de que la gente quiere que le cuenten la historia como lo que es: una sucesión de decisiones humanas, a veces planificadas, muchas veces equivocadas y casi siempre improvisadas. Cuando lo haces así, la gente se engancha. Porque, de repente, la historia deja de ser «el pasado» y empieza a parecerse peligrosamente al presente. Ahí dije: «cuidado, que aquí hay un libro».

El proceso de escritura ha tenido dos caras. Por un lado, la parte seria, que siempre tiene algo de arqueología, mucho de documentación y bastante de pelea de bar. Investigar, contrastar, discutir con las fuentes como si pudieran responderme, desmontar mitos y quitarle el maquillaje a la propaganda.

"Aquí apareció el otro reto, más sutil, con el que voy lidiando en todos mis proyectos: mantener el equilibrio entre el rigor y el tono"

Luego está la parte divertida: decidir cómo contar todo eso sin que el lector salga corriendo en la página tres. Lo que viene siendo encontrar el pulso. El ángulo exacto. El punto en que cada historia empieza a respirar. Este libro es una conversación con alguien que no tiene por qué estar de acuerdo conmigo, pero al que quiero enganchar.

Para entender la historia en toda su complejidad, tenía que mirarla desde varios puntos de vista. Primero, el relato que nos han contado siempre. Luego, el que no suele contarse. Y, en medio de este choque, intentar sacar algo que se pareciera a una conclusión.

Esa es la estructura del libro. Y, mientras escribía, apareció un invitado que no esperaba. Me di cuenta de que, para ganar en profundidad, las Batallitas necesitaban referencias más o menos sesudas. Porque este libro va de ayudarme a entender las historias, a sentirlas, a reconocer patrones. De darme cuenta de que llevamos siglos encontrando piedras muy parecidas y tropezando con ellas igual de mal. Y que, antes de mí, otros maestros se hicieron las mismas preguntas que yo. Y siempre tuvieron respuestas bastante mejores.

"Fui construyendo este libro como una colección de momentos y reflexiones. Escenas. Decisiones. Giros inesperados. Gente que creyó que tenía todo bajo control y la vida, en dos tardes, les demostró lo contrario"

Aquí apareció el otro reto, más sutil, con el que voy lidiando en todos mis proyectos: mantener el equilibrio entre el rigor y el tono. Entre el desenfado y las citas a Tomás de Aquino, Bauman, Goffman, Simone de Beauvoir, Byung-Chul Han, Derrida, Foucault y demás referentes de la literatura, la filosofía, la historia, la sociología o la antropología. Citas sesudas, en plan gafapasta. Porque el humor es un arma de doble filo. Puede acercar la historia o trivializarla. La línea es fina. Muy fina. Aquí se trataba de usar el humor como ganzúa para abrir la historia. Para que entre mejor. Para que duela menos o, en algunos casos, para que duela más. Porque hay momentos en los que la historia no es simpática. Ni falta que le hace.

Al final, fui construyendo este libro como una colección de momentos y reflexiones. Escenas. Decisiones. Giros inesperados. Gente que creyó que tenía todo bajo control y la vida, en dos tardes, les demostró lo contrario. Momentazos en los que alguien eligió mal, acertó por casualidad o simplemente hizo lo que pudo.

"Si, al terminarlo, alguien llega al pasillo del fondo de la librería, coge un libro de Historia y duda un poquito antes de responder para qué sirve, entonces todo este jaleo habrá merecido la pena"

La historia, al final, está hecha de personas de carne y hueso, con sus ambiciones, sus dudas, sus miedos, sus egos, y, casi siempre, una habilidad legendaria para meter la pata en el peor momento posible. Aquí es donde la historia me sigue resultando tan útil.

Vale, no me da respuestas cerradas, pero me da perspectiva. Me recuerda que casi nada es inevitable. Que las decisiones importan. Que, muchas veces, el futuro depende de detalles ridículamente pequeños.

Batallitas no pretende dar lecciones. Bastante tiene con intentar contar buenas historias. Pero si, al terminarlo, alguien llega al pasillo del fondo de la librería, coge un libro de Historia y duda un poquito antes de responder para qué sirve, entonces todo este jaleo habrá merecido la pena.

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Autor: David Botello. Título: No me cuentes batallitas. Editorial: Aguilar. Venta: Todos tus libros.

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