El Lorca que el lector va a encontrar en estas páginas es el eterno inspirador, el autor de realidades perpetuas, alegres y tristes; el padre de la nueva poética andaluza, el mejor dramaturgo del siglo XX. Porque el libro está pensado como una serie de reverberaciones invadidas de sugerencias y evocaciones.
En este making of Rafael Ruiz Pleguezuelos explica cómo escribió Disparos a Lorca (Villa de Indianos).
*****
Empecé a escribir Disparos a Lorca porque llevaba años sintiendo que en muchos casos se divulgaba a Federico desde el lugar equivocado. Cada vez que Federico García Lorca volvía al escaparate del gran público, se rodeaban los mismos asuntos: la muerte, la fosa, Víznar, los huesos, los informes, las versiones, los disparos. Todo legítimo, desde luego. Todo necesario, en parte. Pero también todo peligrosamente estancado. La influencia de los libros de divulgación en torno al maestro había conseguido algo extraño y triste: convertir a uno de los escritores más vivos de nuestra literatura en un expediente póstumo. Apagar su arte, obsesionados con su final.
Se habla de su asesinato con una insistencia que, bajo la apariencia de homenaje, termina por desplazar lo esencial: la obra. Yo no quería añadir una página más a esa necrología interminable, ni continuar con ese «alguien me ha dicho que está enterrado en…». Prefería apartar, por un rato, el polvo de los barrancos y volver a la materia ardiente: los caballos negros, las muchachas encerradas, los nardos, la cal, las nanas, las manos, el agua, el duende, el deseo, la superstición, la tragedia.
De esa decisión nació el libro.
No como un ensayo académico, aunque esté colmado de lecturas, notas, bibliografía y gratitud hacia quienes han estudiado a Lorca con rigor. Tampoco como una biografía, porque mi deseo verdadero era bucear en sus poemas, en los parlamentos de su teatro magistral, y provocar que el lector volviese a sentir su arte como una materia viva. Disparos a Lorca nació como un ejercicio de libertad: un libro de teselas, de detonaciones breves, de piezas autónomas que pueden leerse en el orden trazado en la edición o al azar, como quien enciende cada noche una vela distinta.
Cada capítulo de Disparos a Lorca aborda un motivo del universo lorquiano: el duende, la política, la religiosidad, la tragedia, la siguiriya, la luna, los tópicos, la sexualidad, la infancia, la muerte, la mujer, la sangre, el cuerpo, el teatro, los altares. Pero no quise tratarlos con la fría solemnidad de la interpretación canónica. A Lorca se le ha puesto demasiada corona encima. Preferí acercarme a él con fervor, sí, pero también con ironía, con desobediencia, con una cierta insolencia amorosa. Atreverme a interpretar libremente lo que ya parecía fijado. Hay escritores a los que se les traiciona cuando se les encierra en el laboratorio. Federico necesita lectores, no guardianes de la interpretación canónica.
Este libro propone una lectura viva. Un acercamiento a pasajes menos conocidos que interroga, confronta, arriesga. Me he permitido llevar un verso hacia un terreno imprevisto, torcer una imagen, prolongar una intuición, escuchar en una palabra más de lo que quizá dijo al principio. Hay autores que demandan conservación; Lorca pide combustión. Sus palabras necesitan aire, roce, contradicción, lucha.
También quise sustraerlo del cliché. El tópico ha neutralizado a Lorca. El poeta folclórico, el poeta asesinado, el poeta granadino, el poeta homosexual, el poeta del duende, el poeta de la luna. Todas esas etiquetas contienen una parte de su verdad, pero se vuelven peligrosas si llegan a ser una especie de pegatina identificativa o marchamo. Lo verdaderamente propio de Lorca es su carácter inclasificable e inagotable, porque sus textos contienen todos los símbolos: pasados, presentes y futuros. Religiosos y futuristas, universales y personalísimos. Federico es mucho más de lo que cualquiera de nosotros alcanza a ver: un escritor culto y popular, religioso y heterodoxo, político y escurridizo, clásico y moderno, luminoso y sombrío, andaluz hasta la raíz y universal desde la primera sílaba.
Quien se acerque a Disparos a Lorca no encontrará un manual crítico, sino un camino e invitación para (re)leerle. Está escrito para quienes deseen volver a leer Bodas de sangre, Yerma, La casa de Bernarda Alba, el Romancero gitano, Poeta en Nueva York o los Sonetos del amor oscuro sin sentir encima el peso de la explicación habitual.
Yo no sería el escritor que soy sin Federico. Muchos autores enseñan a escribir; Lorca ofrece algo más preciado: enseña a mirar una habitación cerrada hasta que se vuelve tragedia. A mirar una flor hasta que anuncia una muerte. A escuchar una conversación hasta descubrir en ella el mecanismo entero del destino. A mirar la tradición popular sin condescendencia, con la certeza de que en una nana, en una copla o en una superstición puede latir una sabiduría tan firme que ninguna modernidad ha logrado abolir.
Por eso el título contiene una paradoja deliberada. Disparos a Lorca alude a la ignominia que lo convirtió en mito, pero también a otra clase de disparos: fogonazos de lectura, detonaciones de sentido, pequeñas cargas de pólvora verbal dirigidas hacia el centro de su obra. Quería que cada capítulo golpeara la costra del tópico. Si después de leer este libro alguien compra o rescata de su estantería una obra del maestro, si vuelve a escuchar a la Poncia, si mira de otro modo el verde, la luna, la sangre o la palabra “duende”, el libro habrá cumplido su función verdadera.
Es, finalmente, mi manera de devolver a Federico al menos algo de lo que él me ha dado. Una forma de apartar por un momento el ruido y escuchar otra vez su voz. No la amortajada por la historia, sino la que entra en las casas, en los teatros, en los patios, en las aulas, en las habitaciones donde alguien abre un libro sin saber que está a punto de ser herido.
———————
Autor: Rafael Ruiz Pleguezuelos. Título: Disparos a Lorca. Editorial: Villa de Indianos. Venta: Todostuslibros.


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: