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Lorca, Ken Kesey y David Vicente

Lorca, Ken Kesey y David Vicente

“¿Para qué sirve el teatro?”, se preguntaba hace algunos años Eduardo Haro en El País.

¿Para qué sirve este arte, en teoría instantáneo, de una belleza y verdad casi efímeras? Vuelan los gestos, las palabras, tras cada representación y queda, quizá —y con suerte—, tras cada una de ellas la emoción impresa en el alma del espectador.

Leer teatro, ver teatro, escribir teatro… sirve sólo para resistir. Para reescribirse cada día de manera diversa. Sirve para afrontarse desde otro punto de vista. Sirve para mostrarse ante los demás esperando ser percibidos.

Leer teatro, ver teatro, escribir teatro… son maneras para interrogarse a uno mismo. Tal como decía Ginés García Millán, para colocarse frente a un espejo, obedeciendo a ese impulso primario que nos mueve desde niños: amamos que nos cuenten historias.

En octubre mis conquistas fueron estas tres obras que hoy les traigo a esta cálida celda de Zenda:

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Romancero gitano, de Lorca. Dirigido por Lluís Pasqual e interpretado por Nuria Espert

Cuando entra en escena del Teatro de La Abadía Nuria Espert se borra.

Inmediatamente deja de ser ella y es una niña, una mujer sola que sufre, un caballo desbocado, la voz rota y orgullosa de Andalucía. También es, a la vez, Nuria en su habitación contándonos historias, explicándonos su relación con el famoso poemario del poeta granadino, haciéndonos soñar con sus inicios en la interpretación.

Nuria Espert es una y es todas las mujeres lorquianas.

Lluís Pasqual dirige una adaptación teatral de los poemas de Federico García Lorca. Se han cumplido 120 años de su fallecimiento, pero la vigencia de sus textos es indiscutible.

Espert se desprende de sí misma en un trabajo actoral que abre las entrañas. En un escenario desvestido de lo accesorio una mujer declama, explica, ríe, llora, confiesa, tiembla, deja de ser ella misma y se vierte en puñales de acero azul sobre los espectadores. Espert es río de sentimiento y luz fría.

El Romancero Gitano de Lorca te abre por dentro.

La obra estará hasta el 11 de noviembre en el Teatro de La Abadía de Madrid.

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Alguien voló sobre el nido del cuco, novela de Ken Kesey. Adaptada por Dale Wasserman y traducida y dirigida por Jarosław Bielski

Alguien voló sobre el nido del cuco es una exploración de los resortes, de las entrañas de la locura.

De la mano de un personaje lúcido e histriónico, McMurphy, visitaremos un manicomio de los años 50, un lugar con unas reglas diferentes a las habituales pero que se rige por el uso de las camisas de fuerza, las lobotomías y el electroshock como instrumentos para reafirmar la separación de poderes.

En un momento de la obra se dice que el manicomio es una pequeña sociedad: represión, ansias de libertad, marginalidad, socialización… son los ingredientes que se ponen sobre la mesa en este texto paradigmático de la contracultura underground del último tercio del siglo pasado.

Los catorce actores (imposible resaltar el trabajo de ninguno de ellos: Mona MartínezAlejandro Tous, Niko Verona, Rodrigo Poisón, Fernando Tielve, Emilio Gómez, Manuel Tiedra, Manuel Teódulo, Ramón Valles, Carmen Ibeas, Javier Sáez, Chechu Moltó, Sergio Pozo e Iris Rico) se unen en un único y poderoso músculo interpretativo al servicio de la obra de Kesey.

La representación que vuelve a nuestros escenarios quince años después de su puesta en escena por el mismo director, Bielski (y unos meses después de la muerte de Miloš Forman, que la llevó a la gran pantalla) pone sobre la mesa una reflexión muy actual, la de la perdida de la individualidad al servicio del grupo. Además anunciarán próximamente una larga gira.

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La hormiga que quiso ser persona, de David Vicente. Dirigida por María Eugenia Muñoz

Ha prorrogado este mes en la sala El Montacargas esta obra, una producción de La Posada de Hojalata, apta para el público infantil y escrita por David Vicente, compañero de Zenda.

En este texto se vuelca la reflexión sobre la asunción de la identidad por parte de un insecto (una hormiga muy risueña interpretada por Cristina Díez) que anhela ser lo que no es.

La acompañan en el escenario una bruja (que rompe con el estereotipo de los cuentos clásicos), una cigarra con algo de mala leche, una mosca (que ha asumido penosamente su condición de insecto y que servirá como contrapunto a los anhelos de la hormiga), una cigüeña, una gallina que hace honor a su nombre y un conejo.

En su periplo, la hormiga permitirá la reflexión sobre su condición de animal y las consecuencias de llevar nuestros deseos al límite.

Una obra para adultos que también podrán ver niños, y que parte de una anécdota personal del autor que inventó esta historia para su hijo. Ahora la podemos disfrutar todos porque está de gira.

Imágenes: Teatro de La Abadía (Romancero gitano), Teatro Fernán Gómez (Alguien voló sobre el nido del cuco)  y Maite López (La hormiga que quiso ser persona).