Dos muertes, dos cartas del tarot sobre los cadáveres y dos hermanas con una forma distinta de encarar la investigación. Finalista del Premio Scerbanenco 2025, esta noir italiana contrapone el escepticismo policial con la fe en el esoterismo y la simbología.
En Zenda reproducimos las primeras páginas de Los asesinatos del Tarot (Malpaso), de Barbara Baraldi.
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1
—Señora Bellini, gracias por su disposición a asistir a esta entrevista.
—Faltaría más. Pero puede llamarme Maia. «Señora» me recuerda a mi tía. Y, además, ya no estoy casada. Ni siquiera sabría cómo llamarme; por suerte, los demás se encargan de eso. De llamarme, quiero decir.
La interlocutora frunce sus cejas perfectamente definidas, se ajusta las gafas sobre la nariz y mira un documento sobre el escritorio.
—Bien, Maia. Soy Patrizia y trabajo en Recursos Humanos.
—Es un placer.
—En los últimos años, ha trabajado como decoradora de cerámica, en un call center para una empresa de audífonos y como dependienta en una tienda de ropa. En resumen, al leer su currículum, diría que su experiencia laboral es bastante variada.
—Digamos que intento adaptarme. Y además, una vez que pasas de los cuarenta, no puedes empecinarte en buscar el trabajo de tus sueños. —Maia suspira profundamente, convencida de que habla demasiado rápido, algo que hace siempre que está nerviosa. Y a los entrevistadores no les gusta la gente nerviosa durante las entrevistas. Parecen ocultar algo, mientras que ella está decidida a parecer sincera y causar una buena impresión.
—Me lo imagino. ¿Cuál sería el trabajo de sus sueños? Maia duda antes de responder.
—Un trabajo sin lunes. —Sonríe con fuerza—. No. Es broma. En una época de mi vida habría dicho ilustradora.
La otra responde con una sonrisa educada.
—¿Puedo preguntarle qué le motivó a postularse para nuestra empresa?
—En primer lugar, el hecho de que sea líder en la industria del software de gestión. No me da miedo adaptarme a un nuevo entorno laboral; más bien al contrario. Puede que no lo parezca, pero aprendo rápido. Estoy segura de que podría aportar algo.
—Sin embargo, tengo entendido que tiene formación artística.
—Lo confirmo. Primero en la escuela de arte, luego en la academia. Ha pasado tanto tiempo que apenas recuerdo cómo sostener un lápiz. —Está a punto de sonreír de nuevo, pero se contiene. No quiere arriesgarse a parecer histérica, que es incluso peor que parecer nerviosa.
—Entonces, ¿cree que tiene las características de un buen agente de ventas?
—Por supuesto. —Su teléfono empieza a vibrar en el bolso, haciendo tintinear las llaves. Maia intenta ignorarlo.
—¿Todo bien?
—Sí, claro. Solo es el móvil.
—Tal vez sea algo importante.
—Lo dudo. Podemos continuar.
La entrevistadora se aclara la garganta.
—Como prefiera. ¿Qué tipo de jugadora de equipo es?
Maia toma aire y se toma unos instantes para reflexionar.
—¿Soy… colaborativa? —pregunta, encogiéndose de hombros—. No es una pregunta, claro. Definitivamente soy colaborativa. Creo que esa habilidad es un activo que se pasa por alto en el entorno laboral actual.
¡Qué disparate! ¿Quién subestimaría una de las cualidades más buscadas en un empleado de una gran empresa?
—¿Cómo definiría sus principales fortalezas?
—Bueno, soy una persona altruista. Soy muy buena adivinando las necesidades de los demás y, cuando es necesario, trato de anticiparlas. Soy paciente. Siempre lo soy con los otros, en lo que respecta a mí misma, todavía estoy trabajando en ello. Y luego, veamos… nunca me falta motivación. Cuando hay que hacer horas extras, no me echo atrás. Después de todo, no tengo vida privada. Es conveniente, ¿no?
Tal vez esto último no sea precisamente un rasgo positivo de la personalidad. ¿Doy la impresión de estar desesperada?
—¿Y sus defectos?
Maia se queda paralizada un instante. Sabe que es una pregunta común en todas las entrevistas, pero nunca resulta fácil de responder. Mira a su alrededor fugazmente mientras una avalancha de reproches que ha escuchado a lo largo de su vida le invade la mente: «Eres demasiado fatalista, insegura, compulsiva y gruñona». Sin embargo, también es cierto que, en su afán altruista, haría cualquier cosa por complacer a los demás, solo para recibir, a cambio, un poco de atención. Un poco de amor.
Mientras responde, el teléfono vuelve a vibrar. Maia intenta fingir indiferencia, pero se apresura a hurgar en su bolso para encontrarlo y silenciarlo, algo que seguramente debería haber hecho antes de comenzar la entrevista. Pero ¿quién podría estar llamándola a las nueve de la mañana de un miércoles? Además, es extraño que sean tan insistentes. Su teléfono suele permanecer siempre en silencio, salvo por esas ocasiones en las que alguien llama para venderle algo.
—Puede responder —dice Patrizia.
—Gracias, pero preferiría continuar la conversación.
—Por favor, al menos compruebe quién es. Realmente no querría que fuera una emergencia.
Maia saca su teléfono del bolso y lee: Emma.
Con fastidio, presiona el botón de apagado. Mira a su interlocutora.
—¿Qué decíamos?
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Autora: Barbara Baraldi. Título: Los asesinatos del tarot. Traducción: Manu Manzano. Editorial: Malpaso. Venta: Todostuslibros.


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