Inicio > Blogs > Diario de un mal nadador > Los consentidos
La piscina. Fuente: Pixabay

Me da pereza; mucha pereza. No veo, ni hoy ni muchos días (igual muchos es mucho decir), sentido a la piscina. Para qué madrugar a las ocho, sacar al perro (esos días de invierno, lluvia, viento, casi nadie en la calle excepto los que van a trabajar o llevan los niños al colegio), ducharme antes (¿seguro que los que van a nadar se duchan antes en sus casas?), llegar hasta el aparcamiento, meterme en el vestuario, desvestirme (los zapatos en la bolsa azul, los calcetines, la camisa, los pantalones, el jersey, sacar el euro para la taquilla), el discurrir lento por el pasillo hasta las dos piscinas, el buenos días o el hola.

El esperar a que den las nueve (en el reloj de allí, que no coincide con el mío ni con el de los demás pero dentro nos regimos por ese y no por la hora, digamos, universal; dentro las reglas son otras, allí la autoridad, seas un directivo de un banco o profesor de matemáticas en la universidad) para meterme de un salto vertical en el agua. Las sensaciones fuertes mejor de un trago. No me tiro de cabeza porque nadie lo hace, bueno el policía… con un resultado desastroso. Y la mujer que es de Bilbao, o vivió allí, y que tenía un hijo que trabajaba en Alemania en plan científico o algo así. Ella va a su aire, siempre hace lo que quiere, que es nadar a croll sus 40 o 45 (no me acuerdo de su marca) y los hace por encima de lo que pida cualquier monitor. Ella y el vecino están como por encima de la ley, se les consiente cualquier cosa; a ella porque es mayor, simpaticona, bajita, gruesa y limitada en sus movimientos. Él porque es torpe (torpón). Le llamamos –o le llamo– cachalote. Cuando nada de espaldas casi lo hace vertical, quiero decir que apenas levanta los pies. Y las manos y los brazos no los estira hacia detrás con ímpetu, con ganas. Cuando llega al final de la piscina se quita las gafas, se apoya la cabeza entre los brazos y jadea. A mí no me da pena porque no es buen tipo. Está como consentido.

"Ella y el vecino están como por encima de la ley, se les consiente cualquier cosa; a ella porque es mayor, simpaticona, bajita, gruesa y limitada en sus movimientos. El porque es torpe (torpón)"

No sé por qué tiene que aparecer a las nueve y cuarto o y veinte, cuando los demás ya llevamos nuestros largos. Y ahí que aparece el señorito, se ‘pone’ su cara como de enfermo, se mentaliza durante algunos minutos y ahí que empieza a manotear, panzudo, ocupando buena parte de la calle, ajeno a lo que hagan los demás.

No sé por qué tiene que ir tarde, no tiene motivos. No lleva a ningún niño al colegio porque sólo tiene una hija y ya es mayor. Y no trabaja. Se ha debido llevar su buena indemnización y como estaba en un banco… No es que me dé envidia, simplemente preferiría no verlo, que no apareciera (o al menos a media clase). No es el único que aparece tarde. El chulo que anda con los brazos y los pies abiertos (como si llevara pistolas y fuese a batirse en un duelo en el Oeste) y la mujer que creo que trabaja en Televisión Española (y que parece que coquetearan; es más, pensaba que eran amantes, aunque lo que les une debe ser su zona de origen, no sé si León o Valladolid o por ahí. Sospechosamente llegaron a la vez más de una vez, o eso me pareció) también se toman sus licencias. Dejémoslo por hoy.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)