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Michael Phelps con 15 años

Esta noche, Michael, 50 largos. Ahí es nada. Bien es cierto que de 20 metros y en 37 minutos. Podría decirse que es mi marca. Claro que yo no como lo que tú. Fue muy comentado tus desayunos hace unos años: tres sándwiches de huevos fritos con queso, tomate, lechuga, cebollas fritas y mahonesa; tres panqueques (?) con chocolate, una tortilla de cinco huevos (y dale con los huevos), tres tostadas con azúcar y un tazón de una avena de maíz y dos tazas de café. Evito detallar el almuerzo y la cena. Esta noche, tras mi proeza, una cerveza doble y un ducados.

Tampoco, Mike (¿podemos tutearnos ya?), me levanto a las seis, ni mucho menos. Ni levanto los brazos mirando al cielo cuando termino de nadar. Me calzo las chanclas, me quito las gafas (en los primeros largos tengo que vaciar la de la derecha porque me entra agua, luego ya no, se adhiere como una ventosa), recojo la toalla, mis gafas de miope y subo las escaleras destrozado, como sonado, exhausto, creyendo que mañana no podré lograr el mismo tiempo.

"No sé dónde tendrás tu nivel de dolor. No quiero saberlo, para qué"

Yo, pese a mi torpeza, soy como un metrónomo: lento pero constante. Me aburro de mí mismo. Llego a olvidarme de la molestia que siempre surge, más o menos, en el quinto largo. Luego se me pasa, o me olvido de ella. No sé dónde tendrás tu nivel de dolor. No quiero saberlo, para qué.

Tampoco es que me lance de cabeza a la piscina. Me dejo caer y, eso sí, me impulso con los pies cuando estoy dentro del agua. Y no lo hago porque no dejan (¡vaya planchazo!, podrían pensar los demás). Encaro la calle con la parsimonia de quien tiene fe en lo que hace pero sabiendo que mis brazadas son irregulares, que no expulso el agua como debiera, que no saco los brazos como los demás, que no los estiro hacia delante, que pierdo energía en los movimientos. Pero es que no tengo un entrenador como tú, y eso es de tener en cuenta; que no busco pasar a la Historia sino un sosegado ritmo, aburrido –puede ser–, un mantra que me adormezca harto ya del esfuerzo del día. A veces, cuando nadaba de espaldas, me daba con la cabeza en el borde. Y más de una vez. Me dejaba llevar por el ensimismamiento, por esa dulce rutina de una brazada tras otra. Zas, zas; zas, zas.

"...en Río una chica va a competir con 13, la deportista más joven. Y también nadadora"

Cinco Juegos Olímpicos. El primero con 15 años. Bueno, en Río una chica va a competir con 13, la deportista más joven. Y también nadadora. Lo he visto en mi periódico. Te ahorro la búsqueda; es nepalí y se llama Gaurika Singhe. El domingo nadará en los 100 metros espalda y es superviviente del terremoto que asoló a su país, así que no te vengas arriba.

Bueno, lo dejo, que estoy machacado. Voy a ver qué encuentro en la nevera.

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