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Los escenarios de una novela

Los escenarios de una novela

Pensaba que documentar una novela en los años 50 del siglo XX sería mucho más sencillo que hacerlo con una historia del siglo X y, sin embargo, he podido comprobar lo equivocado que estaba. Hay dos factores que han pesado: por un lado, aún hay testigos vivos de esa época y la responsabilidad, si cabe, es mayor; por otro, la posibilidad de encontrar datos concretos de la vida cotidiana ha estimulado mi curiosidad y, a modo de juego o divertimento, me ha inducido a utilizar detalles reales acerca de fechas concretas.

La novela transcurre entre los años 1950 y 1953, y cada capítulo va encabezado por la fecha en que transcurre. Así, si algunos de los personajes acudían al cine, he querido saber qué película había aquel día en cartelera y en qué cine se proyectaba; lo mismo ocurrió con el resultado del partido del Real Zaragoza jugado en una fecha concreta. Si Julia acudía al cementerio de Torrero me parecía interesante, al menos divertido, escarbar en busca de información acerca de la línea de tranvía que debía utilizar y cuánto costaba el billete.

"Es cierto que este gusto por los detalles me obligaba a detenerme a cada instante, pero también hacía el proceso de escritura ameno y repleto de sorpresas"

El detalle del uniforme de la Policía Armada en 1953 y su arma reglamentaria, la disponibilidad o no de penicilina en aquellas fechas en el Hospital Nuestra Señora de Gracia o la disposición de los vagones del tren expreso en el que viajan las protagonistas a Madrid son otros detalles que quise reflejar de manera fidedigna.

Resultó divertido bucear en la hemeroteca del diario ABC para comprobar en los anuncios clasificados qué salones de moda se anunciaban en los días que Julia y Rosita visitan la capital, qué géneros ofrecían las tiendas de tejidos o los primeros grandes almacenes del país, o cómo eran las habitaciones del conocido hotel en que se alojaron, cerrado posteriormente.

Es cierto que este gusto por los detalles me obligaba a detenerme a cada instante, pero también hacía el proceso de escritura ameno y repleto de sorpresas, incluso para mí. Disfruté de los magníficos archivos fotográficos de la ciudad de Zaragoza, que me desvelaron que la Basílica del Pilar contaba solo con dos torres en 1950; o que, en un momento de escasez de cebada para elaborar cerveza, la fábrica de Ámbar había utilizado sus galeras tiradas por caballos para distribuir hielo en barras por la ciudad.

"A cada momento surgían dudas que era necesario resolver"

A cada momento surgían dudas que era necesario resolver: ¿qué sistema se utilizaba en aquel momento para abrir la puerta de la calle de un edificio de vecinos? ¿Había algo parecido a un portero eléctrico o el portal permanecía siempre abierto? ¿Se seguía tomando café de puchero en las casas acomodadas de Zaragoza, o en 1953 ya habían llegado las primeras cafeteras italianas? ¿La calefacción que debía reparar Andrés sería de carbón o empezaban a instalarse calderas de fuel oil? ¿A qué hora podría escuchar Vicente, el portero, el consultorio de doña Elena Francis en su radio de válvulas? ¿O qué días y a qué hora emitía Radio Pirenaica? ¿Qué modelos de automóvil circulaban por las calles adoquinadas de la Zaragoza de mediados de siglo? Una retahíla de preguntas cuyas respuestas contribuyen a dibujar y ambientar los escenarios en que se desarrolla El tejido de los días.

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Autor: Carlos Aurensanz. Título: El tejido de los días. Editorial: B. Venta: Todostuslibros y Amazon.

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