Foto de portada: Ricardo Gil Lavedra, Dolores Reyes, Andrés Neuman y Claudia Piñerio
Domingo por la noche. Treinta y tantos amigos cenan en un hotel de Santo Domingo, en la Ciudad Colonial, cuando irrumpen en la sala unos mariachis. Sólo se sorprende la cumpleañera, la escritora argentina Dolores Reyes —nunca es tarde para comenzar a leerla, por cierto, Cometierra ya es un clásico contemporáneo, además de una novela tremenda, visceral—. Los ponentes y organizadores de Mar de palabras, conchabados, felices, aplauden y ríen y cantan. Y así concluye la segunda edición de este festival internacional celebrado en la República Dominicana para festejar la literatura, la cultura y el diálogo.
Hay festivales que se recuerdan por una frase, por una discusión que continúa mucho después de que se apagan los micrófonos o por un hallazgo inesperado. Y hay festivales que, además, quedan suspendidos en el tiempo gracias a una mirada. La de Daniel Mordzinski convierte un instante en memoria.
Durante tres días, Mar de palabras reunió voces del Caribe, América Latina y España en torno a la literatura, las ideas, la memoria, el periodismo, la democracia y los desafíos de nuestro tiempo. Y mientras los autores hablaban, escuchaban, discrepaban o reían, Daniel Mordzinski hacía lo que lleva décadas haciendo mejor que nadie: buscar el momento en que el personaje desaparece y asoma la persona. Sus fotografías no retratan únicamente escritores; retratan complicidades, silencios, gestos furtivos, amistades recién nacidas y esa mezcla de cansancio y felicidad que solo dejan los encuentros verdaderos.
En estas imágenes aparecen nombres conocidos y voces admiradas, y sobre todo también algo más importante: la atmósfera de un festival que entiende la literatura como una conversación abierta. Cada retrato parece decir que los libros no nacen en las estanterías, sino en los rostros, en las experiencias y en las historias que cada autor lleva consigo.
Quizá por eso esta galería es una prolongación del propio festival. Cuando las mesas terminan y las sillas se vacían, las fotografías continúan hablando. Y lo hacen en el idioma secreto de las buenas imágenes: ese que nos permite escuchar, incluso después de la despedida, el rumor persistente de un verdadero mar de palabras.

José Enrique Delmonte es doctor en Lingüística y Literatura, poeta, ensayista y arquitecto dominicano






























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