Mayo

Pedro Duque, ministro de Ciencia, Innovación y Universidades. Foto: RTVE

Mi querida España

El estado de la cuestión está ahora que arde. Todo lo que escribimos hace un mes no sabemos si servirá para envolver el pescado de mañana (¿para qué servirá lo escrito en una web digital?). Doy este Dietario a la nube en un momento importante para todos, para los que salen del Gobierno, para los que creían que iban a ser los gobernantes y para los nuevos gobernadores, ese PSOE que se está formando con más mujeres que hombres. Hasta han vuelto a poner en órbita a Pedro Duque, en quien confiamos para que nuestros científicos dejen de irse a otros países porque aquí están peor vistos que los poetas. No sé lo que pasará a partir de ahora pero, barrida la cutrez de la derechona, la oportunidad que se nos dibuja como país tiene aliciente. Si no tenemos los recursos de los países ricos aprovechemos el capital humano para crecer y dar ejemplo con la educación, la cultura, la ciencia, la defensa de la naturaleza y todo lo que este país puede ofrecer al mundo. Todo menos corrupción, trapicheo, improvisación y mentiras. Yo me mantengo sin esperanza, con convencimiento, como mi querido Ángel González.

"Si no tenemos los recursos de los países ricos aprovechemos el capital humano para crecer y dar ejemplo con la educación, la cultura, la ciencia, la defensa de la naturaleza y todo lo que este país puede ofrecer al mundo"

El 8 de noviembre del 63 (a. C.), ante el senado de Roma, Cicerón pronunció un discurso que comenzaba con estas palabras: Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? (“¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?”). Cicerón dio a conocer así la conjura que preparaba Catilina para hacerse con el poder absoluto, lo que ayudó a descubrir a tiempo a los conjurados. Si hoy pudiéramos tener en el congreso de los diputados un Cicerón que pudiera decir: “¿Hasta cuándo abusarás, Puigdemont, de nuestra paciencia?”, tal vez podría ser el principio del fin de la conjura de los que aplauden sus discursos, en los que habla de libertad, persecución por la lengua, de vivir sin miedo, de exiliados políticos, amenazas y venganza, abuso de poder… Todo contra lo que luchamos durante la dictadura franquista.
Y mientras que seguimos sin un nuevo Cicerón Quim Torra se encargará a partir de ahora de seguir abusando de nuestra paciencia.
A Rajoy, parafraseando a Aute, ya le va quedando menos, menos, menos, menos… menos mal.

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Yoko Ono firmó el manifiesto a favor del derecho a decidir en Cataluña. Viggo Mortensen también, y además se ha hecho socio de Òmnium Cultural.

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Antonio González Pacheco, “Billy el Niño”, el torturador de los sótanos de la extinta D.G.S., en pleno kilómetro Cero de la Puerta del Sol, cobra un plus del 15% vitalicio en su pensión como condecoración al mérito policial concedido por el entonces ministro de la Gobernación, Rodolfo Martín Villa, en 1977.
Ha sido noticia, o sea, flor de un día. Para envolver el pescado de mañana.

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Donald Trump dijo: “Todo el mundo cree que me lo merezco [el Premio Nobel de la Paz], pero yo nunca lo diría”.
Todo el mundo son sus acólitos cuando en un mitin en Michigan le gritaban: “¡Nobel, Nobel, Nobel!”. Todo el mundo son los 18 congresistas republicanos que enviaron una carta con la propuesta al Comité del Premio Nobel de la Paz en Oslo.
No se sabe aún si los miembros de este Comité la leyeron, porque parece ser que estaban dilucidando si darían —o no— el Premio Nobel de Literatura este año debido al escándalo de filtraciones sobre abusos sexuales en la organización.

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Luciano Pérez Naya, profesor en la Universidad de Santiago de Compostela sobre la sentencia de La Manada: “Estoy seguro de que la chica disfrutó”.
La vida sigue igual.

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La Universidad Complutense ha asignado a Cristina Cifuentes un puesto en la Gerencia del Rectorado después de que la expresidenta de la Comunidad de Madrid pidiera el reingreso en el Cuerpo Técnico Superior del que forma parte.
Desde ese nuevo puesto sí que puede volver a decirnos con aquella vocecita melosa y burlona que empleó en su vídeo: “No me voy; que no me voy, que me quedo”.

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El himno Asturias, patria querida, cantado por Oskar Proy, ha sonado en el plató del concurso australiano The Voice, versión anglosajona de La Voz. Proy, de 18 años, tiene una abuela originaria de Asturias que ahora padece demencia y a la que canta todos los días el himno que ella le enseñó para conectarla con el pasado. El concursante ha encandilado al jurado del programa de talentos musicales acompañado de una guitarra española. Algunos asturianos han pensado que Asturias, patria querida podría haber sido el himno español, pero hemos tardado tanto en decidirnos que ahora se nos ha adelantado Marta Sánchez, la nueva musa, la supernova de la nueva derecha.

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"Dos de nuestros ideales políticos más básicos, la libertad y la igualdad, son incompatibles en su forma más pura. La libertad total se traduce en desigualdad y la igualdad dogmática conduce a la pérdida de la libertad"

Y ahora toca la casa de Pablo Iglesias e Irene Montero. El chalé con piscina y unos cuantos miles de metros cuadrados de parcela. Primero lo compran y después de revolver estómagos amigos y ajenos salen a la palestra para pedir a las bases —”a los inscritos y a las inscritas”— su opinión respecto a si son coherentes o no para seguir dirigiendo Podemos.
Yo me pregunto si ellos se verán, si tendrán un espejo que les devuelva la imagen que proyectan, si tienen a algún crítico que les afee la conducta o solo se escuchan a sí mismos y a Pablo Echenique y a Juan Carlos Monedero.
La pregunta no es si pueden comprar una casa con jardín y piscina por 600.000 euros, que quieren minimizar con que si aún es del banco al que han pedido el crédito, que si está a 40 kilómetros de Madrid y que se han ido tan lejos por culpa de los paparazzi y de los fascistas —dicen ellos— que los acosan, como si vivir en las afueras los salvara de nada. La pregunta es si los dirigentes del partido de los trabajadores, de muchos de los indignados que apoyaron el movimiento 15M, de los anticapitalistas, de los desamparados, de los pobres de la tierra y de la famélica legión, pueden vivir por encima de sus posibilidades y, sobre todo, si tienen previsto en su ideario político que todo dios pueda un día vivir como ellos, es decir, como pequeñoburgueses al servicio del gran capital.
Dos de nuestros ideales políticos más básicos, la libertad y la igualdad, son incompatibles en su forma más pura. La libertad total se traduce en desigualdad y la igualdad dogmática conduce a la pérdida de la libertad. Lo dice John Allen Paulos, un matemático norteamericano, que con esta afirmación no está desarrollando ningún silogismo hipotético. Iglesias y Montero lo saben bien; se supone que conocen lo que significan estas palabras: Libertad e Igualdad. Las han lanzado al aire en muchas ocasiones pero a veces, solo a veces, llega alguien que las trenza y saca lo mejor de ellas: su capacidad para significar otra cosa bien distinta.
Pablo Iglesias, el fundador del PSOE, dijo esta frase sobre su partido que encajaría a la perfección en Podemos si no fuese porque sus dirigentes no se lo creen: “El Partido Socialista es la entera emancipación de la clase trabajadora: es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores libres e iguales, honrados e inteligentes”.

Yo he conocido por la literatura y por la historia las “dachas” de los adalides del comunismo ruso, y he visto con mis propios ojos las que habitan los dirigentes en La Habana, Cuba. Todos estos han sabido manejar a su antojo ambos términos: libertad e igualdad, con cuidado para no entrelazarnos como escribe Allen Paulos.
Daniel Ortega y Nicolás Maduro han aprendido rápido.

Y ahora llámenme fascista, que es lo más fácil y lo más socorrido en este tiempo hostil, propicio al odio; aunque yo preferiría que me llamasen Ismael.

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En el programa MVT, de La Sexta

–… los políticos fugados… está diciendo una contertulia del PSOE
–¿Fugados?, pregunta Rufián
–Sí, fugados, responde la política.
–¿Por qué fugados?, insiste Rufián.
–Porque no han cumplido la ley y ante la petición de la justicia de…
–O sea, que ya los has condenado.
–No, no, yo no los he condenado; solo digo que…
–Los estás condenando.

Y en ese plan.