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Mis libros favoritos de 2022

Mis libros favoritos de 2022

Leo novelas y ensayos internacionales, pero en la lista de mis libros favoritos del año [aquí la de ficción de 2021] suelo elegir autores nacionales y novedades. Tampoco olvido a los clásicos: en ellos está todo.

Para la elaboración de esta lista, además de mencionar el título y el autor, selecciono una frase o un párrafo que me haya atraído, con su página correspondiente de publicación. No escribo una reseña ni expongo una simple enumeración de lo leído, porque creo que las obras se sostienen, además de por su capacidad para diseñar una atmósfera, por la construcción de unos personajes y por recrear un universo propio, por las palabras de los creadores. La forma, cómo está contado, siempre es lo más importante.

NO FICCIÓN [aquí la lista de 2021]:

1. Las palabras justas, de Milena Busquets

“Solo puedes escribir las historias de las que conoces el final” (página 87).

2. Mejor que ficción, de Jorge Carrión

“Ninguna parcela del discurso ha permanecido ajena a nuestra hambre de realidad, a nuestra necesidad de contar a los otros y de narrarnos a nosotros mismos: la danza, la música, el cómic, la antropología, las ciencias, el arte contemporáneo, el podcast, los formatos de redes sociales, la visualización de datos o la realidad virtual” (página 14).

3. Julio Camba: Una lección de periodismo, de Francisco Fuster

“Lejos de conformarse con ser una firma más, de las que trabajan en la prensa madrileña, perpetuando un tipo de crónica costumbrista y circunscrita a lo que sucede dentro de los límites de la geografía española, elige probar suerte como corresponsal y acierta de lleno en su decisión, pues no sólo consigue sacar todo el jugo a cada una de las ciudades que visita, sino que encuentra un traje a su medida en ese género híbrido —la crónica— al que logra elevar a su máxima expresión” (página 60).

4. Paolo Sorrentino, de Elios Mendieta

“Es indudable que Roma es un actante más en La gran belleza, con un peso dramático excepcional que afecta a todos los estamentos de la villa imperial, pero también a los turistas que la visitan. Roma puede llevar a quien consigue descifrarla a la gloria, pero también al fracaso absoluto” (página 192). 

5. Cinco inviernos, de Olga Merino

“Falla la cosa. Ni doy con el tono ni la novela acaba de tomar cuerpo. Creo que el problema está en la mirada. Hay algo de impostura en el monólogo interior de los personajes. Me siento envarada cuando me embosco en el pellejo de un ruso, aunque a estas alturas ya los conozco como si los hubiera parido. Voy tanteando, no tengo experiencia novelística” (página 235).

Toma y lee (VIII): Atrapar momentos

6. Los ensayos, de Michel de Montaigne

“Yo confío fácilmente en la palabra de los otros. Pero difícilmente lo haría si les diera a entender que lo había hecho más por desesperación y falta de valor que libremente y por confianza en la lealtad” (página 37).

7. Sin billete de vuelta, de Baltasar Montaño

“Viajar sin billete de vuelta ni responsabilidades ilumina tu rostro y relaja tus músculos, despreocupado y feliz avanzas sin mirar mucho más allá de lo que necesita el viaje y marca la fecha de expiración de tu visado” (página 264).

8. Mil años de literatura femenina en Japón, de Carlos Rubio

“El corsé del realismo, que siempre ha fascinado a las culturas humanistas de Occidente, pocas veces ha apretado el talle del artista japonés. Tradicionalmente, el «realismo japonés» no ha consistido en sujetarse a la forma, sino en evocar o sugerir el espíritu oculto en ella, en proyectar un juego de sombras sobre lo escondido, en aludir a lo invisible” (página 310).

9. Venezuela, crónicas de Ángel Sastre y guion de Jon Sedano

“En realidad, esta novela gráfica está «condensada»: 15 años de coberturas aglutinadas en el contexto de las protestas de 2017. Muchas historias se quedan en el tintero. Pero sin duda lo que subyace en mi corazón son ellos. No hay vuelta atrás. Venezuela es una hermosa adicción” (antepenúltima página: sin numeración).

Venezuela en llamas

10. Las campanas del viejo Tokio, de Anna Sherman

“El vestíbulo del Imperial ni siquiera parecía Tokio. Podríamos haber estado en cualquier lugar del planeta.

—¿Cuál es su primer recuerdo del tiempo? —pregunté.

—Yo tenía doce años. Fue entonces cuando comprendí por primera vez que el tiempo existía.

Miyajima dio un sorbo a su té turbio y sonrió“ (página 205).

 

FICCIÓN

1. Proletaria consentida, de Laura Carneros

“Puede que me guste ser la mitad de la mujer que de mí se esperaba. Trabajar media jornada, vivir en una casa que nunca será mía, dormir a mis treinta y tres en la habitación que soñaba a los nueve: escritorio propio, balcón y estantería. Demasiado lejos has llegado, proletaria consentida, en comparación con tus antecesoras” (página 131).

2. El corresponsal, de David Jiménez

“A todos nos horroriza la guerra, eso es verdad. Pero nunca conocí a nadie que no quisiera escuchar cómo era estar allí. Nada alimenta la vanidad como volver vivo del infierno. La gente muere a tu alrededor, pero tú… Tú estás vivo. Te sientes especial. Entre los vivos, eres el más vivo. ¿Puede haber algo más adictivo? Mi consejo es que te ahorres los tiros, Bravo. Mejor una hambruna, un terremoto, una revuelta… Mucho color y poco riesgo” (página 297).

David Jiménez: “Escribo libros que me obligan a viajar y vivir experiencias”

3. Los dominios del lobo, de Javier Marías

“Esperaba con ansia la llegada de la noche para reunirse con los músicos y cantar baladas sureñas que le recordaban los tiempos en que iba con su padre y Jason O’Hara por los pueblos en un carromato, haciendo que los habitantes de cada ciudad les enseñaran todas las canciones que sabían” (página 60).

4. Un tal González, de Sergio del Molino

“El país que hizo Felipe es mi país, el que me ha hecho a mí. Contando esta historia, me estoy contando a mí y, charlando con Felipe, me siento, de algún modo pueril, rumbo a Ítaca” (página 361).

5. Circular 22, de Vicente Luis Mora

“Salir de sí. Deshacerse, desasirse, marginarse, exteriorizarse, hacerse exterior. Lo pensaba yendo hacia el supermercado, emplazado en el extrarradio: hay que dejar el yo en el centro y marcharse a vivir a las afueras. Encarnarse en la deshabitación, alejarse. Ponerse al margen. Uno debe ser, también, nómada de sí mismo, y dejarse atrás, abandonarse como se hace con la casa, la lengua y la patria” (página 585).

Vicente Luis Mora: «Soy escritor todo el tiempo, incluso cuando sueño»

6. Vengo de ese miedo, de Miguel Ángel Oeste

“Recordé un pensamiento recurrente de mi niñez y adolescencia. Desde muy chico fantaseé con haber nacido en otra familia y en otro país. Se lo decía a mi abuela materna, y yo, en mi cuarto, tumbado en la cama, lo imaginaba con todas mis fuerzas, porque creía con ingenuidad que si lo proyectaba de un modo u otro terminaría por cumplirse” (página 144).

7. El bello verano, de Cesare Pavese

“Por aquel entonces siempre era fiesta. Con solo salir de casa y cruzar la calle nos poníamos como locas, y todo era tan maravilloso, sobre todo de noche, que al volver, muertas de cansancio, aún esperábamos que pasara algo, que se declarase un incendio, que naciera un niño en casa o incluso que amaneciera de repente y todo el mundo saliera a la calle y se pudiera seguir andando y andando hasta los prados y hasta más allá de las colinas” (página 7).

8. Heroína intergaláctica, de Román Piña Valls

“El Luis Vives era un colegio. No sabíamos qué rayos era un instituto. Una vez Tobi me preguntó si yo iba a ir a la universidad y me quedé perplejo. ¿Qué era eso? Lo que viene después del colegio, me dijo. Pero yo ni siquiera había pensado en que el colegio se terminaría algún día” (página 81).

9. Los incomprendidos, de Pedro Simón

“No nos hemos vuelto a dar la mano.

No me gustan las manos. Las de los adultos.

Todo empieza con un viaje, y el de mis padres (y el mío) fue en avión. En un tiempo en que ellos todavía se buscaban las suyas. En aquel viaje me buscaban a mí, pero hoy pienso que los que querían volver a ir al colegio como niños eran ellos. Que los hijos se tienen porque quieres volver a esa edad” (página 224).

10. Contra paraíso, de Manuel Vicent

“Debajo de la belleza está la corrupción, debajo de la destrucción renace siempre la belleza. Las primeras visiones de un niño se convierten en lacres de luz que sellan el alma. Las primeras sensaciones, aromas, sonidos, sabores, trazan caminos interiores que uno tendrá que recorrer una y otra vez hasta formar profundos surcos que conducen desde el placer al terror” (página 226).

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Sinclair 26
Sinclair 26
19 ddís hace

Maravilloso,simplemente…