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Nace un icono del siglo XX: Bettie Page

Nace un icono del siglo XX: Bettie Page

Si damos por cierto que una imagen vale más que mil palabras y elevamos el cálculo a la enésima potencia —o más allá—, no habrá en todo el mundo suficiente elocuencia para ponderar como merece un retrato original de Bunny Yeager: Bettie Page con bikini de leopardo en la playa es su título, y está fechado en 1954. Fueron tantas las cosas que aquella fotógrafa puso en marcha cuando tomó aquel cliché que, a menudo, aluden a conceptos antagónicos entre sí.

De entrada, lo primero que puede decirse es que fue entonces, en aquella imagen para la que falta elocuencia, cuando quedó acrisolada la esencia de la pin-up girl, esas chicas de aquellos calendarios que tanto solaz —incluso placer al onanista reprimido— habrían de proporcionar al elemento masculino cuando el sexo era una vergüenza —luego se negaba y escondía— y ellas sonreían en los almanaques, sugiriendo sus encantos en las taquillas de la tropa, en el taller de reparaciones o allí donde fuera menester alegrarle el día a un infeliz. Pero aquella instantánea —por así llamar a un retrato posado y tomado con una cámara de placas, de gran formato; es decir, poco dada al disparo rápido—, también puede entenderse como un hito de esa mirada femenina, de la que ya empiezan a hablar los estudiosos de la fotografía. Bunny —como su nombre artístico nos sugiere— también era una pin-up. De modo que, como observan los comentaristas más desprejuiciados, pese a que la imagen pasa por ser todo un obsequio a la mirada masculina, lo cierto es que también fue una de las primeras imágenes que mostraron a las mujeres en sus propios términos.

"Aquel cliché lo condensa todo: el flequillo icónico, la sonrisa juguetona, la pose natural y esa mezcla de inocencia y sensualidad que convirtieron a Bettie Page en un símbolo, un icono"

Nacida un día como el de hoy, el 22 de abril de 1923, Bettie Page, en aquellas estampas que Bunny Yeager le tomó —algunas semanas después aparecidas en la revista Playboy— fue una figura decisiva de las pin-ups del siglo XX: no solo destacó por su imagen, su gloria fue la creación de un canon visual que todavía sigue influyendo en la cultura pop, la moda y la estética vintage. Un modelo que abarca desde el bondage —ataduras y demás bizarrías masoquistas— hasta el rockabilly.

Un retrato fotográfico es el resultado de dos miradas: la del fotógrafo y la de su modelo. Decía Bettie que solía mirar al objetivo de aquel que la retrataba como si fuera uno de aquellos a quienes seducía. No sabemos cómo miró a Bunny aquel día en la playa, entre los leopardos amaestrados que formaban parte de la puesta en escena y demás semovientes, pero una y otra debían de estar tocadas por cierta iluminación, porque aquel cliché lo condensa todo: el flequillo icónico, la sonrisa juguetona, la pose natural y esa mezcla de inocencia y sensualidad que convirtieron a Bettie Page en un símbolo, un icono, que habría de irradiar incluso después de que el puritanismo, los desastres y las demencias acabasen con la gloria de la playmate de enero de 1955. Sí señor, no fue otra que aquella chica nacida un día como el de hoy que, en aquellas páginas centrales, posó sin más atuendo que un gorro de papá Noel.

"Docilidad, distancia y desafío: eso es lo que sus mejores fotografías vienen a sugerir. En ninguna de ellas hay sexo explícito"

Desde luego, argumentos no les faltan a quienes ven en Bettie uno de los grandes paradigmas de la cosificación de la mujer. Recién creció lo suficiente como para empezar a enterarse de las cosas en su Tennessee natal, además de la violencia consustancial a la América profunda, miss Page se encontró con una familia, la suya, en la que se bendecía la mesa, lo que no era óbice para que su padre abusase sexualmente de ella en el granero. Sin embargo, aunque estos datos —descubiertos por esos estudiosos de su vida que habría de traerle la posteridad— nos inviten a ello, no podemos ser categóricos puestos a establecer una relación directa entre aquellos maltratos sufridos en sus primeros años y su vulnerabilidad, así como el resto de sus dificultades personales más íntimas. Bien es cierto que su propensión a esas sofisticadas ataduras con las que se inmovilizan, placenteramente, los practicantes del bondage dan qué pensar. Docilidad, distancia y desafío: eso es lo que sus mejores fotografías vienen a sugerir. En ninguna de ellas hay sexo explícito.

Lo mejor de su infancia fue su amor al cine. El rock & roll, aunque inspiró mucho, le cogió cuando su adolescencia —la dulce edad en la que se ama o no se ama el ritmo del Diablo— ya había quedado atrás. Le hubiera gustado ser como Bette Davis, pero, en las páginas centrales de Playboy estuvo mucho más cerca de aquella Marilyn Monroe, sin más sobre ella que el aroma a Chanel nº 5, en otro icono del siglo pasado surgido en el mismo lugar. La ascendencia de Bettie empezó cuando pasó de aspirar a ser actriz en Nueva York a convertirse en modelo pin-up. Fue tras conocer a Jerry Tibbs, que la fotografió y le ayudó a poner en marcha su primera colección de fotos. Tibbs le sugirió el flequillo, que acabó siendo su signo externo más representativo, lo que el tupé a los rockabillies. Su gran consolidación llegó entre 1952 y 1957, cuando trabajó con Irving Klaw en sesiones pin-up de bondage y sadomasoquismo. Una de aquellas fotos fue otro de los regalos de Navidad de Playboy a sus lectores en enero de 1955. Entonces ya corrían los días en los que, al socaire de la inquisición macarthista, además de a la infiltración comunista en Hollywood se perseguía a la indecencia, tal y como la concebían las comisiones correspondientes del senado estadounidense.

"A los inquisidores les salió el tiro por la culata. Bettie Page se convirtió en una figura de culto precisamente porque gran parte de ese material quedó prohibido o desaparecido"

Tras las audiencias del Congreso, el negocio de las fotos de bondage y sadomasoquismo de Irving Klaw quedó prácticamente hundido, y muchos de los negativos de Bettie Page —cuyos positivos se vendían por correspondencia a los onanistas— fueron destruidos por orden judicial. Durante años, además, los negativos que sobrevivieron no podían reproducirse legalmente, así que su obra quedó parcialmente bloqueada y circuló de forma muy limitada.

Naturalmente, a los inquisidores les salió el tiro por la culata. Bettie Page se convirtió en una figura de culto precisamente porque gran parte de ese material quedó prohibido o desaparecido. Aquel icono del amado siglo XX y del no menos querido rock & roll seminal habría de resurgir de sus cenizas. Ya en los años 80, con ese renacer del ritmo del Diablo y la cultura y la estética rockabilly, Bettie Page volvió a fulgir. Y entonces supimos que, en los años 60, cuando su estrella dejó de brillar, la reina de las pin-up girls empezó a entrar y salir de la realidad. Le dio por la religiosidad, renegó de su antigua sensualidad y se fue de misionera a Angola. Después perdió la cabeza, pasó por varios manicomios. No sé si llegó a enterarse de aquel Bettie Page Confidential, un espléndido álbum donde se reúnen las imágenes de Yeager y Klaw salvadas de la quema. Fue dado a la estampa por St. Martin’s Press en 1994. Mañana es el día del libro y no hay mejor presente para los nostálgicos del siglo XX y el rock & roll seminal.

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