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Proyecto Itinera (LVIII): El canto del cisne

El Proyecto ITINERA nace de la colaboración entre la Asociación Murciana de Profesores de Latín y Griego (AMUPROLAG) y la delegación murciana de la Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC). Su intención es establecer sinergias entre varios profesionales, dignificar y divulgar los estudios grecolatinos y la cultura clásica. A tal fin ofrece talleres prácticos, conferencias, representaciones teatrales, pasacalles mitológicos, recreaciones históricas y artículos en prensa, con la intención de concienciar a nuestro entorno de la pervivencia del mundo clásico en diferentes campos de la sociedad actual. Su objetivo secundario es acercar esta experiencia a las instituciones o medios que lo soliciten, con el convencimiento de que Grecia y Roma, así como su legado, aún tienen mucho que aportar a la sociedad actual. 

Zenda cree que es de interés darlo a conocer a sus lectores y amigos, con la publicación de algunos de sus trabajos.

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Clitemnestra acababa de perpetrar una venganza atroz. Los cadáveres de su marido, Agamenón, y de Casandra, la atormentada adivina que le fue entregada como botín de guerra en Troya, yacían todavía cálidos sobre el gélido suelo del palacio de Micenas. Sin embargo, la reina homicida no mostró arrepentimiento alguno. La muerte de su hija Ifigenia, sacrificada por el mítico rey para conjurar la maldición de Ártemis, había sido cumplidamente cobrada. Increpada por el coro del Agamenón de Esquilo, la primera de las tragedias de la trilogía que conforma la Orestíada, Clitemnestra se ufana de que su joven víctima yacía tras “cantar como un cisne el lamento postrero de muerte” (1).

Es posible que esta metafórica expresión, que se refiere a una acción ejecutada antes de la muerte y se basa en la creencia generalizada en la Antigüedad de que el cisne emitía su más bella melodía antes de perecer, tuviera un origen mucho más remoto que el lejano siglo V a.C., momento en el que se data la obra del recordado dramaturgo ateniense. Esopo ya celebra el canto de esta ave en su fábula “El cisne y el ganso”, mientras que el ciclo mítico de Faetón, el temerario y soberbio hijo de Helios, da cuenta de cómo los dioses compensaron a Cicno, que lloraba con sincero desconsuelo su muerte, dándole la forma del cisne (kyknos en griego), animal con el que compartía un extraordinario don para la música —cabe recordar que esta ave era una de las muchas consagradas a Apolo, el dios de la armonía, una de sus más destacadas facetas—.

"El legado clásico vive en nuestros días un renovado interés. Uno tiene la sensación de que constituye la brújula a la que aferrarnos para no acabar a la deriva"

El legado clásico vive en nuestros días un renovado interés. Uno tiene la sensación de que constituye la brújula a la que aferrarnos para no acabar a la deriva ante las tempestuosas aguas de la incertidumbre, la ignorancia, el odio y otros males que parecen rebrotar a la sombra de nuestro tormentoso horizonte. Precisamente éste es el enfoque de una de las novedades editoriales que más han destacado en este año: El hilo de oro: Los clásicos en el laberinto de hoy, de David Hernández de la Fuente, editado por Ariel. El autor se carga de razones y erudición para presentarnos a los clásicos como el necesario espejo en el que mirarnos para reflexionar sobre nosotros mismos y nuestro futuro. Es una obra indispensable, cuya lectura aporta perspectiva, sentido común y, sobre todo, moderación, una facultad que parece disiparse en nuestros días como la bruma nocturna con el sol de la mañana. Hernández de la Fuente recurre a un antiguo motivo mítico, el hilo de oro, como metáfora de nuestra unión con lo mejor de nosotros mismos, la esencia de nuestra cultura. Su agudeza le permite analizar los problemas de hoy en día con la suficiente solvencia como para demostrarnos que los clásicos tienen futuro.

Pocos meses antes de esta novedad, Carlos García Gual publicaba, con la misma editorial, Voces de largos ecos: Invitación a leer a los clásicos, una propuesta audaz a través de la que el académico de la lengua nos abre, con su sabiduría y elocuencia habituales, la puerta de un universo repleto de referencias. García Gual desgrana las obras cumbre del mundo griego y latino, que nos presenta como inseparables compañeras de viaje a lo largo de la vida. En su secular inmutabilidad formal, los clásicos presentan una versatilidad inabarcable. Podemos interrogarlos en nuestra juventud, en la madurez y en la ancianidad para encontrar una inestimable inspiración con la que abordar nuestras preocupaciones más humanas. La obra de García Gual es una sugerente invitación a refugiarnos en la lectura de los que una vez pensaron por nosotros.

"Los clásicos han quedado condenados a la amenazante consideración de tangenciales y su peso es, objetivamente, cada vez menor"

Sin salirnos del panorama patrio, sendos trabajos recientes abordan diferentes aspectos del mundo griego. Uno de ellos es un completo análisis de las causas que llevaron a la constitución de la democracia ateniense. El nacimiento de la democracia: El experimento político ateniense (508-322 a.C.), escrito por la profesora Laura Sancho Rocher y editado por Ático de los libros, es un completo ensayo en el que se desgrana la procelosa gestación del innovador régimen político de la capital del Ática, cuyos principios inspiradores son, todavía hoy, una guía irrenunciable para mantener nuestras democracias parlamentarias. La otra, escrita por Javier Jara Herrero y editada por La Esfera de los Libros, es una rigurosa exposición de uno de los conflictos más importantes de la historia griega: las guerras greco-persas. Con el título Las Guerras Médicas: Grecia frente a la invasión persa, Jara se arma del testimonio de las fuentes antiguas y de un amplio abanico de estudios contemporáneos para contextualizar y desmitificar este determinante enfrentamiento bélico.

"La falacia del progreso; la dictadura del corto plazo; la absurda confrontación entre ciencias y letras, sometida por los más imprudentes al balance de la utilidad-inutilidad"

Éstas son solo algunas de las novedades que ha vivido el mercado editorial en relación con el mundo grecolatino en apenas un año. Un torrente creativo que no cesa. Acaba de aparecer, por ejemplo, una interesante obra del profesor Jesús Ezquerra Gómez, editada por la Universidad de Zaragoza con el título Pólis y caos: Reflexiones sobre el principio de la política que viene a enriquecer todavía más este panorama. Muchas quedan en el fondo de mi humilde tintero, sin duda, pero mi objetivo no era inventariar todas las novedades publicadas en este periodo sino constatar la extraordinaria vigencia e interés que suscitan estos libros. Un auge que contrasta, sin embargo, con su progresivo destierro en los planes de estudio, donde los clásicos han quedado condenados a la amenazante consideración de tangenciales y su peso es, objetivamente, cada vez menor.

La falacia del progreso; la dictadura del corto plazo; la absurda confrontación entre ciencias y letras, sometida por los más imprudentes al balance de la utilidad-inutilidad y un desprecio galopante del saber amenazan con convertir este esfuerzo editorial en el canto del cisne del mundo clásico. A los que, de uno u otro modo, trabajamos en mantener este incomparable legado, solo nos queda armarnos de razones para evitar que alguien se ufane en un futuro de escuchar su bella y postrera melodía antes de perderse en el olvido. Llegado ese momento, ese frágil hilo de oro que nos une, como escribe David Hernández de la Fuente, a lo mejor de nosotros mismos, se habrá cortado de forma definitiva, y con él parte de nuestra humanidad se habrá esfumado por el sumidero de la estulticia.

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