Heinz Guderian, sin duda el general más importante que tuvo Alemania antes y durante la II Guerra Mundial, dejó escritas unas memorias de campaña en las que, entre muchas otras cosas, dio un buen repaso a la génesis de los conceptos militares que cambiaron la forma de hacer la guerra.
En Zenda ofrecemos el prólogo de Recuerdos de un soldado (El Desvelo), de Heinz Guderian.
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PRÓLOGO
El destino ha hecho que mi generación participara en dos guerras mundiales que han terminado con la derrota de mi patria. Es esta una suerte dura; y nosotros, soldados veteranos, sentimos, en lo más profundo, el dolor y las tristezas de nuestro pueblo. Durante largos años, los combatientes de las últimas guerras se han mantenido callados con gran esfuerzo. O permanecían prisioneros o tenían otros motivos para adoptar una actitud reservada. Entre nuestros recientes enemigos, los victoriosos, se han publicado numerosos libros sobre la Segunda Guerra Mundial. En parte, son recuerdos personales; en parte, valiosas obras de Historia. Al apaciguarse ahora las más violentas sacudidas del hundimiento parece llegado el momento de mostrar también el lado alemán, lo que está grabado profundamente en la memoria de los supervivientes. Nuestros archivos han sido destruidos o cayeron en manos del enemigo. Los escritos auténticamente fieles a la Historia serán, en consecuencia, muy difíciles de encontrar. Por lo tanto, me parece importante poder ofrecer las memorias basadas en recuerdos personales de los combatientes de aquel tiempo, aunque solo hayan participado parcialmente en los acontecimientos y prevalezca, en ellos también, la forma subjetiva.
No estoy autorizado para hablar en nombre de mi pueblo. Pero puedo, al menos, hacer llegar hasta mis viejos soldados una muestra de mi agradecimiento. Sabíamos, unos y otros, lo que debíamos defender; y esto nos ha ligado y, como yo espero lleno de confianza, nos mantendrá unidos para siempre.
Se siente ahora demasiada inclinación a acusarnos de «militarismo» y de «nacionalismo». También este libro se expondrá a correr el riesgo de semejante reproche en algunas de sus páginas. Tanto para mis viejos soldados como para mí, «militarismo» significa vanidad, fatuidad, presunción, juego militar, fanfarrona copia del lenguaje castrense, la hipérbole de la apostura militar y su trasplante a la vida ciudadana; conceptos que el verdadero soldado rechaza. Precisamente por conocer la terrible realidad de la guerra juzga inadmisibles, como hombre, semejantes conceptos. El militarismo aspira a la conquista ambiciosa y a la política de dominio. Nosotros fuimos soldados para defender nuestra patria y hacer a nuestros jóvenes honestos y aptos para el servicio militar. Fuimos militares y lo éramos con gusto. El servicio era para nosotros un alto deber, nacido del amor a nuestro pueblo y a nuestro territorio. Dicen que «nacionalismo» significaba para nosotros supervalorización de nuestra patria y arrogancia ante otros pueblos y razas. Nos sabemos libres de tales ideas. Porque el amor a nuestro país y a nuestro pueblo no nos impide respetar a otros pueblos en su modo de ser propio; mas este amor a la patria y este concepto del deber altamente desarrollado debemos mantenerlo vivo. No nos desconcertaremos; seguiremos el camino sin vacilar, a pesar de los lamentos de la débil época actual, contra el nacionalismo. Queremos ser y seguiremos siendo alemanes. Reconocemos la importancia de una Europa genuina, actualmente sacudida en sus más firmes fundamentos, y estamos dispuestos a llegar a ser un miembro respetado de ella con igualdad de derechos y deberes que los demás pueblos.
Con el mismo espíritu, este libro quiere también contar a las jóvenes generaciones cómo combatieron sus padres, poniendo sus vidas al servicio de Alemania. Quiere recordarles que no han de olvidar a quienes creían en ella a pesar de las calamidades y de la muerte; y finalmente a pesar de la derrota segura. Solo así no será inútil su sacrificio y saldremos airosos, ¡Dios lo quiera!, en el pacífico encumbramiento de Alemania.
Lejos de mi ánimo defender o inculpar. Me he esmerado en describir mi propia vivencia. Mis fuentes consisten en apuntes y cartas que han sobrevivido a mis avatares de prisionero y en relatos de combatientes. Mi obra no estará exenta de errores de memoria en algunos pormenores. La abundancia de sucesos borra sus detalles y hasta los propios acontecimientos, después de estos años de privaciones, comienzan a palidecer.
Describo los hechos como los vi en mi puesto de aquellos tiempos —como comandante en jefe de un Cuerpo de Ejército, como jefe principal de un Grupo de tropas acorazadas, y como jefe superior de un Ejército acorazado. Para poder presentar en su conjunto la Guerra Mundial se ha usado como fuente, al modo de antes, la obra del Estado Mayor General. Por la amistosa ayuda prestada a mi trabajo he de dar las gracias a los señores barón von Liebenstein, Gehlen, Scherer, von Schell, barón von Stein, barón Freytag von Loringhoven y Becke.
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Autor: Heinz Guderian. Título: Recuerdos de un soldado. Editorial: El Desvelo. Venta: Todos tus libros.




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