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Rincón de Haikus, de Mario Benedetti

Rincón de Haikus, de Mario Benedetti

«El haiku es en sí mismo una unidad, un poema mínimo y no obstante completo. De ahí su visión instantánea, su condición de chispazo, a veces su toque de humor o de ironía. Basho dejó para la posteridad esta curiosa definición: Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento.

En mi caso particular, no he apelado a tópicos japoneses sino a mis propios vaivenes, inquietudes, paisajes y sentimientos, que después de todo no difieren demasiado de mis restantes obras de poesía.

Encerrar en 17 sílabas (y además, con escisiones predeterminadas) una sensación, una duda, una opinión, un sentimiento, un paisaje, y hasta una breve anécdota, empezó siendo un juego. Pero de a poco uno va captando las nuevas posibilidades de la vieja estructura. Así la dificultad formal pasa a ser un aliciente y la brevedad una provocativa forma de síntesis».

Mario Benedetti (Paso de los Toros, 1920-Montevideo, 2009), con laconismo, sutileza y brillantez nos vuelve a mostrar sus enormes cualidades poéticas, esta vez en el género del haiku.

Zenda publica la introducción de Benjamín Prado a la nueva edición de Visor Libros del Rincón de haikus de Benedetti, así como algunos de los poemas.

El libro donde Benedetti fue feliz

Belleza y reflexión, destello y profundidad, son conceptos que definen tanto la poesía de Mario Benedetti como al haiku, esa forma oriental que ha cautivado al mundo —buena prueba de ello son los que escribieron Apollinaire o Ezra Pound— y también a la literatura en español desde los tiempos de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, a los de Jorge Luis Borges, Octavio Paz, que lo llamó «sol diminuto», o Juan José Tablada, a quien se considera su introductor en nuestro idioma y que lo define como «poema sintético».

Los haikus, efectivamente, son poemas, pero no solo eso, también forman una suerte de género móvil o estructura poliédrica que merodea la filosofía, el aforismo y el titular, combinados para producir una sensación de golpe seco, de puerta que abre muchas casas distintas, de llama pequeña capaz de provocar un gran incendio. Y siempre con esa apariencia de ser nada más que la mitad de una idea, un reto a quienes leen para que pongan el otro cincuenta por ciento.

Nada de eso es ajeno al estilo de Mario Benedetti, a quien le inoculó el veneno del haiku, según él mismo confiesa, su amigo Julio Cortázar, al titular uno de sus libros con el tercer verso de uno de los que se conocen de Matsuo Basho: «Este camino / ya nadie lo recorre / salvo el crepúsculo». El autor de Poemas de la oficina decía que ese fulminante latigazo verbal que llegaba de la cultura japonesa debía tener una «condición de chispazo» y consideraba que para respetar sus leyes necesitaba plantear «un desafío» consistente en lograr en diecisiete sílabas un texto «mínimo y no obstante completo».

Es fácil certificar que se atuvo a esas normas leyendo este Rincón de haikus donde en muy poco espacio llega a contagiar inquietudes severas —«la muerte invade / de vez en cuando el sueño / y hace sus cálculos»—; a hacer una demostración de hasta qué punto era un maestro de la ironía —«los sentimientos / son inocentes como / las armas blancas»—; a exhibirse en su famosa vertiente romántica —«me gustaría / mirar todo de lejos / pero contigo»—, o suavemente erótica: «dedicatoria: / a ella sin descuentos / ella desnuda»; y por supuesto, a ofrecer algunas pinceladas de su ángulo social —«bueno sería / que las mafias se fueran / a otro planeta»—, o político —«cómo disfrutan / en un bando y en otro / los asesinos»—, un terreno en el que deja claro el desencanto que suele erosionar a quienes creen, militan y son traicionados por los mismos a los que siguen: «patrias de nailon / no me gustan los himnos / ni las banderas», pero sin dejar de sentir cierta nostalgia de las antiguas ilusiones: «qué linda época / aquella en que decíamos / revolución». En suma, que aquí encontramos un Benedetti en estado puro.

En estos doscientos veinticuatro haikus es relevante la puntuación, o mejor dicho su falta, el hecho de que brille por su ausencia, porque si no está, es para que los árboles que no hay dejen ver el bosque; con el fin de no distraer, de no robarle protagonismo al concepto que se quiere transmitir, ni poner barreras a los ojos del espectador, ni fronteras entre un fragmento y otro, un extremo que realza el que ni siquiera se presenten con una letra mayúscula de inicio. La apariencia es de río continuo, agua que fluye, poesía ininterrumpida como la que puso de moda Paul Éluard.

Benedetti medita, por decirlo a la manera de uno de los juegos de palabras que le gustaba hacer, y a su manera clásica muestra en este Rincón de haikus sus opiniones acerca de estos tiempos convulsos y su análisis de la condición humana, que tan a menudo es un laberinto de pasiones, un trabajo suicida que consiste en coser la tela de araña en la que vamos a quedar atrapados. Aquí hay fotografías instantáneas de la vanidad: «pasa que al trébol / si tiene cuatro hojas / no hay quien lo aguante»; representaciones muy sutiles del rencor: «quién lo diría / los débiles de veras / nunca se rinden»; o de la mezquindad que, con dinero o sin dinero, como dice la ranchera, por lo general tarde o temprano deriva en un método de usura: «los que te fían / se vuelven los gestores / de tu calvario».

En este tomo, el autor de Primavera con una esquina rota y La tregua nos da una llave de su casa, porque tenemos la sensación de pasar las páginas de su diario, de tener acceso al mundo íntimo de su mesa y sus papeles, a sus apuntes más personales, esos que un creador hace para uso propio, no tanto para poner negro sobre blanco lo que quiere decir, sino para saberlo él mismo. Este libro es una respuesta, pero también una indagación, es un universo visto a través de una cerradura. El dueño de la casa se llamaba a sí mismo aguafiestas, pero aquí se sincera con un autorretrato más amable, en el que posa dando su mejor perfil, el de quien desconfía no por lo que ignora sino por lo que sabe: «un pesimista / es solo un optimista / bien informado». Y para rematar la faena, nos hace ver que la vida hay que ganársela y la felicidad es necesario construirla con las manos: «somos tristeza / por eso la alegría / es una hazaña», sentencia, y por eso atreverse a defenderla en verso hizo célebre uno de sus poemas. Para demostrarlo, no hay más que abrir este Rincón de haikus que, sin ninguna duda, es la más vitalista de todas sus obras.

Benjamín Prado

***

2

la muerte invade
de vez en cuando el sueño
y hace sus cálculos

***

15

la mariposa
recordará por siempre
que fue gusano

***

20

cada suicida
sabe dónde le aprieta
la incertidumbre

***

22

no hay alegría
más alegre que el prólogo
de la alegría

***

65

pasa que al trébol
si tiene cuatro hojas
no hay quien lo aguante

***

143

el preso sueña
algo que siempre tiene
forma de llave

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Autor: Mario Benedetti. Título: Rincón de haikus. Editorial: Visor Libros. Venta: Todos tus libros, AmazonFnac.

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